martes, 15 de enero de 2013

ámame capitulo [ 9 ]

>

bueno después de esperar un poco por el fic ¬¬ jeje, aqui esta el cap de ámame, espero no decepcionar a nadie y espero también que no me acecinen al final. se que me tarde pero tenia mis ideas un tanto enredadas pero ya las desenmarañe y aqui esta. me salio un poco extenso. XD


ámame IX

No había tiempo de llorar, las lágrimas se habían secado ya desde hace mucho y ahora solo quedaba dentro de mí un vació enorme en donde debería de ir el corazón. En mi mente solo había un pensamiento, hacer pedazos el corazón de aquel que me hizo perder algo maravilloso.

La incredulidad había pasado a segundo plano y ahora no me cabía duda que eras capaz de hacer cualquier cosa por cumplir tus caprichos, eras capaz de pisotear las ilusiones de otros por ver satisfechas las tuyas, no puedes querer a alguien y mucho menos amarlo, entonces ¿porque hacer todo esto…?¿porque yo?, porque me ofreciste tu casa cuando la mía había quedo reducida a cenizas a causa de un lamentable accidente, me diste un techo, me abrigaste y alimentaste y sigo sin comprender porque esa amabilidad hacia mí, si no sientes nada, si no te provoco nada mas que deseo. Pues el deseo es diferente al amor y yo lo e confundo durante mucho tiempo.

¿Por qué me elegiste como tú juguete? Habiendo tantos a tu alrededor que con el solo tronar de tus dedos estarían dispuestos a todo, pero fui yo a quien tu perversa cabeza eligió.

Muchos pensamientos inundan mi mente y ahora pienso que tal vez tú, causaste ese accidente y yo de idiota creyendo en tu bondad me aloje en tu casa a cambio de sacrificar mi felicidad.

Mi cabeza esta bombardeada por millones de incógnitas, no se si te odio, te aborrezco, pero de lo que si estoy seguro es en que te haré pagar cada lágrima que he derramado durante estos dos años, te haría pagar cada beso no recibido y cada caricia no dada. Te haría ver ahora si, el infierno sobre la tierra y no me importa quemarme contigo pues a estas alturas estoy tan embarrado como tú.

- ¡Daik!- me dijiste cuando el auto había parado – ¿estas bien?-

Te mire con una expresión que ni yo mismo sabia que podía tener, y tu rostro siempre sonriente dibujo una mueca de dolor.

- Lo estoy, ¡no podía estar mejor!-

- No estas bien, lo puedo notar en tus ojos-

- Jajaja, ahora te haces experto en mi persona, que puedes saber.- dije molesto, sentía que no podías comprender como me sentía y que solo eran palabras vacías.

- No te engañes a ti mismo, no te encierres en tu dolor, que el único que seguirá sufriendo eres tú-

- Bueno, que, también eres terapeuta o algún tipo de monje sabio, no intentes saber lo que siento- abrí la puerta del auto azotándola al bajarme y seguí mi camino hacia “MI CASA”-

Ingrese dando fuertes golpes a la puerta importándome poco el desorden que pudiera causar, cualquiera que se me atravesara en el camino pagaría las consecuencias.

Y mi primer víctima estaba a la vista cerca del comedor, camine en su dirección dispuesto a cualquier cosa, cuando detrás de mi escuche tu voz.

- Hola Daiki-

Un escalofrío recorrió mi cuerpo al llegar tu voz a mis oídos. Mi corazón comenzó a latir descontrolado, estaba emocionado pero no era a causa de felicidad, si no por el inmenso rencor que sentía.

- ¿Como estuvo tu día?- me preguntaste al tomar la correspondencia que te entregaban-

- ¡oh! Muy bien- sonreí maléficamente- me reencontré con yabu-

Tu rostro ligeramente palideció… sonreí por eso.

- ¿Y que te dijo?- caminaste hacia la sala entregándole las cuentas al mayordomo.

- ¿De verdad quieres saber?- intentaba jugar con tu mente.

- Claro,¿ porque no?-

- Me dijo muchas cosas interesantes-

- Así… te explico porque te abandono – eres increíble aun estando a punto de ser descubierto muestras es temple que odio-

- Si, me lo aclaro y me dijo muchas cosas interesantes que desconocía-

- ¿Y le creíste?- me interrogaste mirándome fijamente - como puedes confiar en sus palabras-

- No te preocupes ya quedo todo resuelto, quedamos como buenos amigos- ya tendría otra oportunidad de desenmascararte, pues ahora me es simplemente imposible, la herida es reciente y no tengo armas con que combatirte. Camine en dirección a mi habitación.

- Por cierto hoy hay una función de teatro, quieres venir- me sonreíste feliz, pero no caería en tus juegos ya no bebía de creerte nada.

Asentí fingiendo una sonrisa, seguí mi camino y me interne en mi dormitorio mi calabozo personal. Sentí muchos deseos de llorar, me es muy difícil ignorarte y no sonreírte o tan siquiera tocarte, tienes una facilidad para hacerme caer pero debo de resistirme a ti.



Llamaste a mi puerta cuando la hora asignada había llegado, ambos de esmoquin salimos juntos hacia el automóvil que ya estaba en marcha, gentilmente el chofer nos abrió paso pero yo me quede parado sin entrar.

- ¿Que ocurre?- te escuche decirme

- Estoy esperando a alguien, espero que no te moleste- sonreí

- ¿y? ¿a quien?-

- Oh ya viene, ya lo veras-

Hiciste una mueca de molestia al ver que, a quien estaba esperando era a sho, no dijiste nada y te bajaste del vehículo, por un momento creí que lo golpearías así que di un paso hacia delante, pero cual fue mi sorpresa al ver que le cedías el paso hacia el interior, intente seguirlo pero me detuviste y seguido de el ingrésate.

Los tres íbamos en silencio, no decíamos nada, tu en medio de los dos impidiéndonos la cercanía, por lo tanto no había modo de hablarle o bueno eso no me importo mucho.

- ¿Ya has visto la obra?- pregunte a sho sentándome en el borde del asiento.

- No aun no la eh visto- hizo lo mismo que yo y los dos quedamos frente a frente.

- Dicen que es muy interesante-

- Oh en serio, ya quiero verla- dijo sho, pero al ver tu rostro inexpresivo volvió a recargarte en el asiento.

Mantenías una postura con los brazos cruzados, mirabas al frente sin moverlos.

- ¿Y?... ¿tienes alguien que te guste?- sonreí pícaramente ante mi pregunta.

Tus ojos por fin se movieron y recorrieron todo el rostro de sho aguardando una respuesta y por lo tenso de tu cuerpo dependiendo de la respuesta le saltarías encima o no.

- Sí, hay alguien que me gusta-

Tus manos se movieron ligeramente

- Oh si- y se puede saber quién es-

- Lo siento es algo personal-

- Ohh que lastima quería saber- dibuje una sonrisa maliciosa

Cuando por fin llegamos al lugar bajamos del vehículo y nos adentramos en el teatro.

- Estas jugando con fuego- dijo sho acercándoseme sigilosamente para que no te dieras cuenta.

- Eso es lo que lo hace divertido-

- Terminaras quemándote – mi rostro se tenso y te voltea ver descaradamente.

- Ya lo estoy, no puedo quemarme más- y sin más me pegue a ti acercando nuestros cuerpos. Me miraste extrañado y de inmediato te alejaste dando un paso hacia a tras.

- ¿Qué? ¿me tienes miedo?-

- No digas tonterías, pero no me metas en tus juegos infantiles-

-¿Cuáles juegos?-volví a sonreí acercándome mas y cuando te vi venir mi cuerpo por impulso se lanzo contra sho. El por instinto me abrazo para que no callera pero eso fue suficiente para tus ojos, pues de inmediato te acercaste maldiciendo.

- respeta lo ajeno- gritaste lanzando un golpe, pero sho fue más rápido y pude esquivarlo.

- no quiero ningún enfrentamiento, pues no es lo que parece- concluyo muy serio.

- entonces que es, si lo estas abrazando- dijiste lanzando otro golpe. Sho lo detuvo en el aire.

- Es mejor que me valla, y no juegues con los dos- fue lo ultimo que me dijiste

-sho- fue lo que alcance a decir pues te perdiste entre la gente que entraba.

Me quede estático ante lo que había hecho, pero mi orgullo me impedía seguirte, sí querías largarte en lugar de ayudarme ese era asunto tuyo y si empezabas a sentir algo más por mí, también ese seria tu problema.

- Vámonos- me jalaste del brazo caminando hacia el vehículo Y de un empujón me metiste en él,

- ¿Que te sucede?- grite disgustado por tu brusquedad- a caso estas celoso-

- No digas tonterías- mirabas por la ventanilla ignorándome.

- Sí estas celoso, puedo notarlo- y acercándome ingrese mis manos por dentro de tu saco acariciando tu espalda por encima de la camisa. Acerque mi boca hacia tu cuello y comencé a besarlo dándole pequeños chupetones. Podía ver como tu cuerpo se tensaba a cada roce. Te giraste al no poder resistir más y me empujaste contra el sillón posicionándote encima de mí. Comenzaste a besarme con desesperación ingresando tu lengua hasta lo mas profundo de mi garganta, no podía negarlo ansiaba con todas mis fuerzas sentir tus manos y tu boca sobre mi cuerpo. Tal vez esta seria la última vez así que la aprovecharía hasta donde mas pudiera.

Tu mano se dirigió lánguidamente por encima del pantalón hasta el ciper, lentamente comenzaste a bajarlo y desabotonándolo. Pero detuviste tus movimientos.

- No es el momento ni el lugar- me dijiste volviendo a subir el ciper, te acomodaste la ropa y ayudaste a acomodarme la mía. Ante mi cara de descontento no pude poner mas objeción a eso y ,e recargué en la ventana viendo hacia la calle.

Ambos quedamos en silencio y a decir verdad era un silencio incomodo mucho peor que el que había experimentado hace rato en compañía de sho, sentía que cada segundo que permanecía dentro me asfixiaba respirando tu mismo aire, así, que decidí bajarme lo mas rápido posible a la hora que llegamos a la casa.

Baje presuroso sintiendo de inmediato la brisa sobre mi cara, escuche el portazo detrás de mi pero no tus pasos, así, que voltee buscándote pero te quedaste dentro del automóvil y asomándote por la ventanilla me dijiste que irías aun lado que no tardarías y que cuando regresaras terminaríamos lo que habíamos dejamos inconcluso.

No puse objeción a nada, seguí mi camino hacia el interior, estaba nervioso era una sensación extraña que invadía todo mi cuerpo. Era innegable que provocabas en mí un deseo grande.

Me quede parado frente aquella enorme puerta de madera, di un ligero suspiro y desvié mis pasos hacia otro lugar que no fuera dentro pues no quería enclaustrarme y sentirme mas solo de lo que ya lo estoy. Camine por los jardines pensando en todos los acontecimientos que habían pasado en ese día. Ingrese a aquel laberinto que alguna vez mandaste poner por puro capricho, pero nunca te has molesta en entrar.

Después de unos 15 minutos de caminar llego por fin al lugar que quería, es un pequeño kiosco adornado con maderas finas y de un color caoba. Alrededor hay pequeños estanques con peces de colores que brillan al contacto con el sol. Me siento a la orilla de uno y miro mi reflejo en aquella agua turbia.

- ¿Que haces aquí?- me dices al tiempo que mi cuerpo se estremece por tu repentina aparición.

- Me gusta este lugar- te digo alejándome de ti.

- A mi igual-

te miro con aprensión

- ¿Como llegaste hasta acá?-

- Crees que eres el único que conoce este sitio-

- Creí que así era-

Sonreíste aun más y me quede cautivado por esa sonrisa. Desvié la mirada pues de nueva cuanta estaba pasando no podía odiarte por mas que lo intentara no podía, podías fingirme todo lo que quisieras y aun así daría todo por ti.

Entro a la sombra del kiosco y antes de que pueda voltear me abrazas por detrás susurrándome al oído.

- Debemos terminar lo del automóvil-

- Creo que no es el lugar –

Aunque no te veo puedo deducir que has esbozado una sonrisa picara en tu rostro y eso en cierto modo me satisface.

- Cualquier lugar es bueno para hacer el amor- dices al tiempo que tu mano traza la curvatura de mis glúteos.

Dejo salir un suspiro ante aquel insignificante roce, recargas mi nuca sobre tu hombro y comienzas a acaricia mi cuello lamiendo mi lóbulo izquierdo. Con tus manos te encaminas por mi estomago pasando por vientre e ingresas una mano dentro de mi pantalón. Tiemblo al sentir tu mano fría sobre mi piel, las piernas me tiemblan y eso que aun no has hecho nada.

Desabotonas con agilidad mi camisa pero no me la sacas, solo te limitas a moverla un poco y comienzas a besar mis hombros.

Es impresionante como mi cuerpo reacciona a tus caricias, de inmediato mi piel adquiere un color rosa causado por la excitación que me provocan tus besos, mis pezones se han endurecido y mi piel se ah erizado dando paso a un poco de frio.

Mi respiración se ha vuelto irregular, mi pecho sube y baja a un ritmo acelerado y las yemas de mis dedos han comenzado a sudar. En mi mente ya no cabe ningún otro pensamiento que no este dedicado a ti, a este momento, no puedo negar que cuando me haces el amor, el mundo podría dejar de girar y no me importaría mientras me hagas tuyo.

Te amo, pues no existe otra explicación para mi patético comportamiento- “el amor ciega”- fueron las palabras dichas por mi madre hace ya mucho tiempo. Nunca creí en ellas siempre pense que esa gente debía de tener muerto el cerebro para dejarse guiar por el corazón en lugar de la mente. Bueno y aun sigo creyéndolo pues mi cerebro no reacciona cuando estoy contigo… solo mi corazón.

- ¡Oh por dios!- grito al sentir como aprietas mi miembro con tu boca, no supe como has llegado hasta ahí, pero el sudor ahora se a apoderado de mi cuerpo por completo. La succión de tu boca sobre mi ya duro miembro, es una mezcla entre dolor y excitación, quisiera separar tu boca de mi carne y dejar que se calme un poco pues mis muslos han comenzado a temblar, pero no debo pues seria un error garrafal privarme de mi ultimo acto contigo.

Lo disfrutare y hare que lo disfrutes al máximo. Hare que te arrepientas el resto de tu vida por haberme tratado así, te lamentaras el haber dejado escapar a la única persona que en verdad te amo y te amara. Pues no puedes aspirar a nada mejor que yo, porque está claro que siempre que buscaste el calor en otro lado regresabas a mi en busca de lo que los demás nunca podrán darte.

-ahhh inoo sigue- gimo al sentir como aprisionas mis pezones con tus dedos. Lames cada centímetro descubierto de mi piel y yo no hago más que morderme el labio para no gritar del placer.



Estas desesperado por poseerme pues puedo notarlo en ese aroma que solo yo puedo percibir de tu cuerpo, es una sutil esencia que me embriaga hasta perder la razón, lamo el sudor que se ah formado en tu pecho saboreando hasta cada centímetro. Me embriaga tu sabor y olor hacen que pierda la cordura.

Te has desnudado, sin mi ayuda y, eso me causa un poco de molestia pues quería ser el que disfrutara de ese instante.

El momento que estaba esperando por fin había llegado, no era lo que esperaba pues quería que hubiera mas sensualidad en el asunto, pero estas mas ansioso por verte satisfecho que yo no importo, ya ni siquiera puedo molestarme, estoy acostumbrado.

Me acuestas sobre aquel piso frio y te posicionas en mi entrada jalando mis caderas hasta haberme penetrado por completo, siento un ardor lacerar esa zona a cada movimiento que realizas. Cierro los ojos al comenzar a sentir ese oleaje de placer mezclado con el dolor.

Me muerdo el labio al sentir el rozar de tu miembro con mis paredes, se siente realmente exquisito hacer el amor contigo, sigues moviéndote, primero pausadamente disfrutando de esa sensación placentera, arqueas tu cuerpo a cada penetración y dejas salir al igual que yo ligeros gemidos de placer. Ante esto aprieto mis caderas haciendo mas estrecho mi conducto.

- Ahhhh..Daiki, no hagas eso- dices al momento en que tu miembro se deslizaba hacia dentro. Sonrió al ver que pude sacarte esos gemidos y sigo apretando mis glúteos a cada vaivén tuyo, me duele y mucho pero vale la pena.

-mmm... inoo, no te detengas- gimo moviendo mi cabeza de un lado al otro

- estas muy estrecho- dices con la voz entrecortada.

La excitación crece a cada palmo y estoy a punto de llegar al clímax, se que lo has notado pues aceleras el ritmo de las estocadas y entre gemidos de ambos descargas toda tu esencia en mi interior, pero, al ver que aun no lo hecho comienzas a succionar con tu boca mi miembro, estoy al borde de la locura y en dos succiones mas me vengo dentro, tragas todo mi liquido y te saboreas la boca ante mi cara de vergüenza.



Te recuestas sobre mi, dándome calor pues la tarde ya se esta poniendo. Deslizo mis dedos por tus cabellos húmedos por el sudor.

Nuestras respiraciones comienzan a ser regulares, pones tu cabeza en mi pecho y dices algo que me deja en shock.

- ¡Te amo!- dices

Una oleada de excitación vuelve a crecer dentro, es un dolor en mi pecho difícil de explicar – “te amo”- resuena en mi cabeza como mil tintineos a la vez. Cierro mis manos en un puño y de un empujón te bajo de mí.

No puedo decir que es odio, pero es un sentimiento aterrador, no puedo creerte, esas palabras no me dan ningún alivio, ni emoción, son palabras huecas, sin sentido, solo han logrado hacerme enfurecer.

- No digas cosas que no entiendes- grito levantándome del suelo. Me miras desconcertado.

- Te eh aceptado todo, que me utilices, que solo sea tu juguete, pues se que solo es deseó… pero que me finjas amor a este grado… no puedo sopórtalo.- te grito parándome frente a ti y sin mas te confiero una bofetada, de inmediato me la regresas.

- ¿Que pretendes?- te digo sobándome la parte en donde me golpeaste- crees que de esa manera me tendrás seguro, crees que tu juguete se cambiara de dueño.

- ¡Tienes razón!- me dices ya enojado, que bien me conoces, solo quería ver que hacías, haber si te tragabas ese cuento tan barato como lo es el amor y, lo que respecta a tener miedo de que te vallas, no, no lo tengo, eres un perro sin dignidad que regresa a mí aun cuantas veces te halla pateado. No vales nada como persona porque aunque lo intentes nunca podrás alejarte de mi, porque, a comparación mía, tú si me amas-

Te acercas tomando mi rostro y dándome un beso te alejas, escupo lo que quedo de tu saliva y mis manos comienzan a temblar. Estoy furioso corro hacia ti y te empujo con todas mis fuerzas, forcejeamos un poco, me tomas por las muñecas y me regresas a mi sitio con violencia, pero retorno como un resorte y vuelvo a empujarte, das un traspié y ambos perdemos el equilibrio cayendo al agua estrepitosamente, me levanto antes de que lo hagas pero el peso de la misma hace que me sea difil levantarme pues soy el único con un poco de ropa todavía. Cuando por fin lo logro te lanzo una patada con todo al rostro y caes hacia atrás sobándote la mandíbula, en tu rostro hay un inmenso coraje y muy decidido te lanzas hacia mis pies tirándome al agua, tomas mi cabeza y la sumerges durante unos escasos segundos que para mi son como una eternidad y vuelves a sacarla a la superficie. Doy una gran bocanada de aire llenado mis pulmones de aquel preciado gas, pero apenas si me da tiempo de obtener lo suficiente pues de inmediato vuelves a hundir mi cabeza. Puedo escuchar algunas de tus palabras mientras muevo mi cuerpo con desesperación para que me sueltes.

- ¡¡No me retes!!- dices volviendo a sacar mi cabeza. Toso un poco del agua que ah entrado a mi boca pues necesito expulsarla como sea.

- Que te quede claro quien manda aquí y que no eres mas que un objeto para mi, solo eso- concluyes empujándome sin miramientos levantándote de inmediato, te sales buscando tu ropa para luego alejarte sin mirarme siquiera.

Me quedo ahí, sin moverme, el agua escurre de mis cabellos y la camisa se a adherido a mi cuerpo, comienzo a titiritar de frio y busco con la mirada mi ropa, la encuentro en el lugar donde me la quitaste y aun mojado me la pongo. Me dejo caer , sintiendo un dolor lacerar mi corazón, busco entre mis cosas mi móvil, necesito de alguien que me ayude a sobrellevar esto, pues no pudo hacerlo solo.

- Sho – digo sintiendo un gran alivio al escuchar su voz - te lo suplico ven, por favor- le digo a punto de soltar el llanto, pero intento ser fuerte. Se que no puedo engañarte pues no pusiste objeción aun sabiendo que inoo puede estar en la casa.

No se como eh llegado a mi habitación, ni siquiera me preocupo por encender la luz pues el camino ya me lo se de memoria y la luz de la luna me bastaba para mirar. Estuve conteniéndome por mucho tiempo pero ahora ya no podía, todo lo que tenía a mi alrededor me causaba frustración, todo me recordaba ati, ante mi paso se cruzo la mesa de centro y como si esta me hubiera hecho algo malo la lance con desesperación contra el ropero que tenia enfrente, el espejo cayo en pedazos con un estruendoso sonido. Pero mi enojo no podía ser calmado con eso, levante de nueva cuenta la mesa y la estampe contra la cómoda, mi cólera aumento al ver que la mesa no terminaba de romperse y que las cosas de encima no había caído, sentía como si se estuvieran burlando de mí, de mi pesar, de lo estúpido que siempre e sido. Me acerco de nuevo y empujo todo lo que hay encima tirándolo al suelo, pateo todo a mi paso y buscando nuevas cosas con que desquitarme, me acerco a la cama, la destiendo y desgarrando prenda por prenda lanzándola por el balcón. Las cortinas que antes lucían hermosas en la percha, ahora cubren el suelo.

Regreso al interior buscando otra que cosa que pueda calmar mi tristeza, miro el pequeño buro que hay al lado de mi cama y me lanzo hacia el con deseos de hacerlo trisas, llego hasta ahí y lo vuelco sin ningún miramiento y le doy una patada dando esta varias vueltas antes de quedar estatica. De nueva cuenta mis ojos se posan en el espejo de la cómoda, no puedo mirar esa imagen, mis cabellos cubren por completo mis ojos, tengo una mirada desorbitada que incluso a mi me aterra. No puedo seguir mirándome y cojo la mesa alzándola sobre mi cabeza y cuando estoy a punto de lanzarla, sho la detiene en el vuelo.

- ¡¿Que demonios haces?!- sho me pregunta con preocupación al ver el desorden que hay en el cuarto como si un huracán hubiera paso por ahí. – ¿daiki que sucedió?- me dices tomándome por los hombros-

- Estoy remodelando mi habitación- lo digo con la locura reflejada en mi rostro –¡¡¿ no te gusta?!!- tu semblante no refleja nada, solo incomprensión.

Al ver que no respondes, me quedo mirándote por unos segundos- eres bello muy bello y como si de un imán te traces, me lanzo hacia ti aprisionando tus labios contra los míos. Intentas zafarte de mi agarre pero en ese preciso momento soy más fuerte que tú.

- Ámame- te digo colgándome de tu cuello, y tú poco a poco comienzas a ceder.

- Te lo suplico solo ámame- mi lengua se abre paso por tu boca inundándola de inmediato por mi saliva, la tragas con dificultad pero no dejas de besarme, ante tal excitación me empujas sobre el buro dejándome sentado encima. Acaricias mis cabellos húmedos pero los besos no cesan, tus manos se encamina por debajo de mi camisa aun mojada y yo intento sacarte el saco que llevas puesto.

- ¿Qué demonios haces?- escucho tu voz y poco a poco me separo de sho para encararte.

- Nada que te importe- digo ásperamente.

- ¡¡Eres patético!!- dices al tiempo que sales de la habitación.

Alejo a sho de mi lado y me bajo de aquel mueble. Salgo del cuarto pisándote los talones.

- ¡¡Quiero que se largue de mi casa!!- me dices al entrar en tu habitación.

- No, el no se ira hasta que hagamos el amor-

- Por mi pueden revolcarse en donde quieran, pero no en mi casa-

- ¿Porque no?, si tu puedes revolcarte con tus amantes acá, porque yo no pudo-

- Porque solo eres un recogido, que no tiene ningún derecho- Daiki enmudeció y sintió deseos de llorar.

- Eso es lo que siempre has pensado, entonces porque, porque me elegiste como tu juguete-

- No seas infantil, no fue por nada en especial, no te creas tan importante, había muchos en donde escoger, pero tu eras el mas ingenuo o mejor dicho el mas tonto-

- Y por eso me alejaste de la persona que quería-

- No tengo idea de que hablas- mi pecho subía y baja, realmente estaba llegando a mi limite y no sabia como podría acabar esto.

- No lo sabes- grito fuera de mis cabales, camino hacia tu mesita de noche y de un jalón saco el cajón esparciendo el contenido en el suelo, busco a tientas aquel sobre y al encontrándolo te lo lanzo a la cara.

- Hablo de eso- tu rostro de tensa un poco y lentamente sacas las fotos de su prisión. Tragas un poco de saliva y me diriges una mirada retadora.

- ¿Que quieres que te diga?-

- Solo dime porque-

- Deberías de agradecerme de haberte librado de ese perdedor- dices tirando las fotos al suelo.

- No hables así de él- grito furioso

- ¿Que… aun lo quieres?, pues lárgate con el, debí de haberme librado de ti desde hace mucho tiempo, pero me causabas lastima.

Algo en mi interior crujió estrepitosamente, el sentimiento de odio, de enojo, de tristeza se fusionaron en algo mas grande y difícil de explicar. Mi mente se nublo, quedo por así decirlo sumida en la obscuridad. Retrocedí unos pasos me agarre la cabeza cerrando los ojos, no podía concebir tanta basura dentro de ti, eres una alimaña que debía de ser exterminada como fuera. Te empujo con todas mis fuerzas lanzándote a la cama, me quedo prendado de tu ropa mirándote fijamente.

- Te odio- apenas si las palabras pueden salir de mi boca que tiembla de coraje, tienes mas fuerza que yo eso lo se desde hace mucho, así que poco a poco te vas soltándome de mi agarre y me lanzas al suelo golpeando mi cabeza con la mesa de centro. Te levantas dispuesto a darme una buena lección pero antes de que puedas acercarte mas estiro mi mano amenazándote con unas tijeras.

- Deja esas tijeras- Dices dando un paso hacia atrás como temiendo que pueda hacerte algo malo

- ¡YO SI TE QUIERO!- grito con las lagrimas rodar por mi mejillas – ¡me enamore de ti como un loco!, tanto así como para olvidarme de mi dignidad y vivir del poco afecto que me brindabas, pero ahora no tengo ni eso- aprieto con más fuerza ese utensilio- no tengo nada- Por un momento puedo ver en tu rostro algo parecido a un sentimiento.

- ¿Porqué inoo?, solo necesito saber porqué nunca me amaste. porque no pudiste enamorarte de mí.

Abro las tijeras ante tu silencio y la acerco a mi muñeca, pones una cara de sorpresa y los pasos que habías dado hacia atrás ahora los diriges lentamente hacia mi.

- ¡Baja eso! – me dices estirando la mano, como si con eso evitaras que me haga daño.

- ¿Ahora te preocupas por mí?- sonrió débilmente.

- Baja eso- dices dando otro paso hacia mí.

De un movimiento deslizo ese filoso utensilio sobre mi piel, puedo ver como poco a poco se abre mostrando ese líquido viscoso que se derrama por mi mano y cae en cascada hacia el suelo. El dolor de mi pecho desaparece y en su lugar queda esa sensación placentera que brotaba de mi mano.

- ¡Daiki no!- gritas intentando acercarte, pero te amenazo extendiendo las tijeras.

- No me digas que ahora te importo- la locura se a apoderado de mi ser, no puedo razonar- o es solo que no quieres que manche tu carísima alfombra-

- No digas estupideces, claro queme importas como no podrías si yo… si yo, yo te quiero, te amo-

Sonreí maniáticamente al escuchar esa estupidez.

- Ya no soy estúpido, no me tragare ese cuento- zarandeo las tijeras en señal de protesta

- Es la verdad- me gritas desesperado

- Solo quieres tener tu conciencia tranquila y…- de momento ciento un mareo y todo a mí al redor se mueve. Aprovechas ese descuido y te abalanzas contra mí.

- Suéltame- grito forcejeando contigo, te empujo y vuelves a acercarte tomándome de una mano al tiempo que encajo las tijeras en tu pecho, sueltas un quejido mientras aferras con fuerza tu mano libre en mi hombro.

Me miras con desconcierto y yo aun no pudo creer lo que acabo de hacer, das unos pasos hacia atrás y caes el suelo, jadeante por el dolor.

Entro en pánico me acerco corriendo en tu auxilio y me pongo en cuclillas a tu lado.

- Inoo, despierta – grito con desesperación poniendo mi mano en la herida para que deje de sangrar- no te duermas- poco a poco abres los ojos mirándome tiernamente.

- Perdóname por todo- me dices acariciando mi mejilla, una lagrima se pierde entre tus dedos-

- Un medico- grito desesperado mirando hacia la puerta, cuando regreso la mirada, ya no te mueves, no haces ningún movimiento.

El mundo se detiene en ese momento, mi corazón parece querer salirse de mi pecho y no hay nada que mi mortal existencia pueda hacer. Tomo entre mis manos las tijeras, estoy llorando descontroladamente ante tu cuerpo que no respira. Poco a poco importándome ya nada deslizo con firmeza las cuchillas de las tijeras en mi otra mano. Sonrió al sentir esa calidez y me recuesto a tu lado, tomo tu mano y la aprisiono para no soltarla.

Con la poca conciencia que me queda, escucho pasos presurosos que se acercan, en el umbral aparece sho que muestra su terror al vernos. Puedo escuchar que grita, pero no tengo las suficientes fuerzas para poner atención. Mis parpados pesan y un sueño invade mi cuerpo.

- ¡¡Resiste!!- escucho decir, cierro los ojos y una sonrisa se escapa de mi rostro antes de no volverlos abrir.

 
"Odio haber mal gastado toda mi vida amándote como lo hice y me odio a mi mismo por no haber podido terminar con esto a tiempo, cuando solo era de sacar un pedacito de coraje para decir “terminemos” pero, ya no se puede hacer nada, tendré que llevar para siempre el remordimiento de haber podido detener a tiempo algo que no tenia futuro"  cita

No hay comentarios:

Publicar un comentario