martes, 15 de enero de 2013

kimiwo mamoru tameni capitulo 8 [ final]










Kimi wo Mamoru Tame ni (Cap. 8) ~final~
Hola gente, ponys y maripositas rosas e.e (?) Primero de toooodo perdón por tardar taaaanto en subir conti, es que me tomé un mes de vacaciones por escasez de inspiración y luego me auto-obligué a escribir porque sino... xD

Pasando a otra cosa:

¡Ya llegamos al final de Kimi wo Mamoru Tame ni! Sep, este es el capítulo final, y es larguíííiiiiiiiiiiiiiiiisimo xD lo siento (por esto también es por lo que tardé) *cofcofnodesexcusascofcof* En fin, espero que sufráis mucho leyendo xDD y aunque haya un momento en que queráis sacarme los ojos, sólo seguid leyendo, yo estoy bastante lejos de la mayoría de vosotras así que no me preocuparé xDD

Este capítulo está narrado en tercera persona ya que necesitaba más libertad y quería darle una alegría a las que les gusta el KikuJima y el MoriMori.

Ah, pido perdón por el vocabulario empleado y la violencia y bla, bla, bla, blaj...

Ya paro de escribir imbeciladas y os dejo leer xD

Doozooo~~~




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Kimi wo Mamoru Tame ni
[Por Protegerte]

Capítulo 8


Nakanaide
[No llores]

El día comenzó pero Chinen no quería salir del cuarto. Todavía sentía las manos de Takaki sobre él, y éso le revolvía de una manera horrible el estómago, como si éste mismo quisiera salir por su boca, y empezaba a temer que pudiese acabar siendo así.

Escondido de los rayos del sol bajo las sábanas de su cama venía a su mente, lo diferentes que fueron las lágrimas derramadas el día anterior, las náuseas que sintió, y justo entre medio de lo ocurrido ayer con Takaki, apretujado en su caja de memoria, lo bien que se sentía estar bajo el cuerpo de Yamada, su amado Yamada, ese ser que le producía infinitas sensaciones en lo más profundo de si.

E inmediatamente aquel sentimiento vino a él a martillazos contundentes; ése mismo de siempre, sólo que ahora aderezado con una pizca de lo que Chinen neciamente identificaba como infidelidad, puesto que era la palabra más cercana para aquella extraña situación.

- ¡Bú!

El colchón chirrió cuando aquel peso repentino saltó sobre él.

- ¿Todavía duermes?

Yamada, al no ver reacción en el otro chico decidió destaparle lo que le cubría el rostro.

- Buenos días. - sonrió. - ¿No piensas levantarte?
- Buenos días... - intentó sonreírle, por lo menos lo intentó.

La expresión del mayor cambió de inmediato.

- ¿Pasa algo? - dijo extrañado.
- No me encuentro muy bien, sólo eso. - se volteó, dándole la espalda, si tan mala cara tenía no quería que él le viese así.
- Hum...

Chinen escuchó los zapatos de Yamada caer en el suelo desordenadamente, pero no se dio cuenta de ello hasta que éste ya estuvo acomodado entre sus sábanas.

- Yam... - intentó voltearse.
- Ven, te daré mimitos para que te cures. - le interrumpió, impidiendo que se diese la vuelta al abrazarle por la espalda.

No pudo evitar que aquella frase le sacara una risita que enrojeció ligeramente sus mejillas.

La calidez del mayor le envolvía, sentía su aroma, su respiración y sus besos en su cabello. Y la idea de impedir que se tumbara en la misma cama donde horas antes había estado con Takaki se esfumó inmediatamente. Sonrió, sorprendiéndose con la facilidad en que aquella persona hacía que todo se volviera tan sencillo, tan claro.

- Chinen, ¿Sabes que estaré aquí, verdad? Siempre.

Sus palabras entraron en su oído, como una fina ráfaga de viento que erizó cada centímetro de su piel.

- Siempre estaré a tu lado. Nunca te dejaré, no lo olvides.

Chinen, desde esa posición en la que el mayor no podía verle, se mordió los labios, cerrando sus párpados con fuerza para intentar así retener lo que amenazaba con inundar sus ojos.

Se sentía tan mal... realmente estar así con él sólo agravaba más el hecho de haberse dejado hacer éso por esa persona... se sentía, ahora, incluso peor que en aquel momento.

¿Y si se negaba? Sufriría las consecuencias, lo sabía, pero aun así... en esos momentos le parecía más atractiva esa idea que simplemente cerrar los ojos y dejarse hacer como siempre, porque ahora sabía que, después, le costaría mirar aquellos ojos tan llenos de cariño y sentimientos a un nivel que él no podía alcanzar, no mientras eso siguiera, no mientras no fuera merecedor de todo aquéllo.

Se volteó, buscando ese contacto entre sus labios tan significativo para ambos, uniéndolos y disfrutando del ótro, aún cuando aquel pequeño y oculto dolor se escondía en cada uno de sus corazones de una forma diferente.




Se dirigió a la mesa, era hora de cenar y le hacía cierta ilusión, puesto que por razones obvias, no podía pasar todo el tiempo que quisiera en compañía del menor, las comidas eran la excusa perfecta para verse.

Chinen caminaba con pesadez por los pasillos, no se veía con ánimos para nada, pero pensó que por lo menos debería comer, quería ver a Yamada y tampoco quería preocuparle demasiado. Atravesó la puerta y se sentó en su asiento habitual, aparentando su habitual individualidad y su habitual inexpresión. Pero Yamada sabía que esa persona frente a él ya no conservaba aquella, ahora, fingida habitualidad, que de tan sólo mirarse, seguramente también sentiría esos pinchazos en el estómago.

El mayor se preguntaba cuándo había empezado a sentir algo tan inmensamente fuerte por esa persona, cuándo lo único que miraba, no; lo único que veía... era él, eran sus ojos, sus labios, el movimiento que hacía su cabello cuando lo mecía el viento, sus manos colocándoselo tras la oreja cuando ésto ocurría, su forma tan delicada de coger la comida, sus piernas balanceándose sin llegar al suelo cuando estaba distraído, sus dulcísimas expresiones que sólo a él dedicaba, sus mejillas enrojeciendo desde el centro y luego extendiéndose poco a poco, sus pucheros inconscientes al llorar, su voz diciendo su nombre... Eran tantas cosas, tantas que componían al Chinen que él amaba que la lista jamás acabaría.

Los pensamientos de Yamada fueron interrumpidos por los pasos de Takaki encaminándose hasta su mesa. Pasó por su lado y se inclinó sobre el menor, posando una mano en su hombro mientras le decía unas palabras al oído, como tantas veces había hecho.

Se miraron, disimuladamente desde un ángulo bajo. Yamada rompió el contacto visual primero, no quería ver aquéllo, no quería ver como Takaki se llevaba al pequeño, a ése que él ya empezaba a creer sólo suyo, pero tampoco podía detenerle, no, todavía no había llegado el momento. Chinen sintió una extraña electricidad erizar en una oleda su cuerpo al ver los ojos del mayor fijarse en su plato. Tragó saliva, y agarró con fuerza la tela de su bermuda.

- N... no.

Aquéllo... ¿Lo podría entender alguien? Fue un "no" tan débil, tan temeroso.

- ¿Qué has dicho? - soltó aquella voz, aunque ya lo hubiese logrado oír.
- Que... no.

Tampoco le miró esta vez, pero pudo saber que aquéllo había llegado a sus oídos porque su mesa entró en un silencio profundo y para él, ahora, sombrío.

- No estoy para bromas, venga levántate ya, joder.
- Te ha dicho que no.

El asiento de Yamada chirrió contra el suelo al levantarse, mas fue el golpe contra la mesa lo que acalló por completo aquel comedor al alzar la voz en esa frase.

Silencio, un silencio breve en el que aquellas miradas se clavaban en los ojos del ótro. Pero Yamada no se echaría atrás, una mirada no le intimidaría.

La risa de Takaki estalló, como si la hubiera estado guardando dentro. Posó la mano sobre su estómago, sin poder detener las carcajadas. Todo el mundo esperaba, sorprendido y expectante, la continuación de aquella escena, sin embargo no llegó, en cuanto Takaki se apaciguó un poco hizo un movimiento con la cabeza a la mesa de atrás, indicándoles la salida, quienes acudieron de inmediato, para seguidamente atravesar la puerta.

Y sus ojos se hablaron, aliviados, victoriosos, y escondiendo algo de temor.




- Ne... Nii-chan... tengo un mal presentimiento.

Las siluetas de esas dos personas se ocultaban rodeadas por los arbustos del interior del jardín. El mayor, sentado con la espalda recostada sobre el muro que delimitaba el centro, ascendió sus besos desde cuello del pequeño hasta llegar de nuevo a sus labios, donde depositó un suave toque, para luego hacerse espacio entre su cavidad, enredado sus lenguas suavemente. Shintaro, acomodado sobre su hermano, rodeó con más ímpetu su cuello al sentir aquella conocida sensación tintinear en su estómago.

- No te preocupes, no pasará nada. - dijo, mientras movía la cabeza de un lado a ótro para rozar la punta de su nariz con la suya en una dulce caricia - levántate la camiseta. - susurró, tan cercanamente a sus labios que se rozaron con levedad, y antes de alejarse de ellos los presionó ligeramente con los suyos.

El pequeño le obedeció, y cerró los ojos fuertemente al recibir sobre uno de sus botones rosados una humedad que le producía escalofríos placenteros en todo aquel cuerpo que el mayor acercaba de la cintura con sus manos, provocando que Shintaro se inclinase levemente hacia atrás.

- Pero Nii-chan... - suspiró, mientras enredaba sus dedos en el cabello de su hermano, que hacía círculos con la lengua alrededor de aquella parte tan sensible de él.
- Yamada es fuerte, todo saldrá bien. - dijo mientras se dirigía hacia el otro lado de su pecho, dándole la misma atención que había sido ahora sustituída por unos dedos toqueteando con destreza la zona abandonada.
- Ah... - su piel se erizó al notar aquella leve presión atrapar su pezón con los dientes.

Ryutaro sonrió ante esto, mientras, ahora, succionaba. Empujó su lengua contra ese pequeña parte sobresaliente un par de veces, y volvió a succionar, para luego alejarse, dejando que sus ojos se deleitasen con la imagen angelical de aquel pequeño cuerpo sobre él.

Pasó las manos por sus muslos, ascendiéndola por el contorno de su cadera sobre esa piel pálida, observando cada diminuta diferencia en su expresión al hacerlo, cada cambio que hacían aquellas facciones que empezaban a asemejarse tanto a las suyas. Su pecho subía y bajaba en una sonora y profunda respiración mientras sus manos mantenían aquella camisa alzada, enseñándole tan provocativamente aquellos húmedos botones ahora tan rojos y prominentes, ¿Por qué ese cuerpo le era tan deseable? ¿Por qué los movimientos del menor le parecían tan eróticos? Éso le hacía sentirse como un ser macabro, había corrompido la mente y el cuerpo de nadie menos que su propio hermano, tan pequeño, tan frágil... tan suyo. Le amaba, sin embargo las sensaciones que en su mente se daban ante este sentimiento no eran agradables. Se preguntaba si su madre, su querida madre, desde el cielo estaría viendo lo que ocurría, si estaría horrorizada, si le odiaría.

"Oka-san, perdóname".

Y aunque había intentado frenar esa situación, le fue imposible, ambas partes se atraían con una fuerza contra la cual ni siquiera él mismo se veía capaz de luchar.

- Shin-chan... Te quiero.

Volvió a buscar aquella cercanía entre sus bocas, a jugar con suavidad y lentitud con la lengua del menor.

¿Qué tipo de hermano se suponía que era? ¿Por qué demonios no podía cuidar de él de una forma normal? Estos sentimientos tan profundos, crecían cada día más, junto al temor de perderle, junto a aquella sensación de que dentro de unos años todo éso se quedaría en el pasado, en los recuerdos turbios de su hermano pequeño, se convertiría, tal vez, en recuerdos que él no quisiese tener, y acabase odiándole, y se sintiese engañado, sintiese que alguien que debería haberle protegido se había aprovechado de él, sí, seguro que cuando se percatase de que aquéllo era una locura le abandonaría, aunque, en realidad el menor era totalmente consciente de lo que hacían, a diferencia de lo que su sobreprotector hermano mayor se empeñaba en insistir, ya tenía edad de sobra como para entender que aquéllo estaba mal, pero en cambio era demasiado joven como para evitar que su conciencia se interpusieran en sus sentimientos. Los efectos que en su interior se daban eran demasiado buenos, demasiado dulces como para que su mente lo tachase como erróneo, y, tan despreocupadamente, dejaba a un lado aquel, para él, insignificante lazo sanguíneo, llenándose en su lugar de la suavedad de los besos de su hermano, de sus caricias y sus palabras, porque para Shintaro él era el todo y el nada; el siempre, había creado una extraña dependencia por su hermano mayor desde pequeños, desde que no podía dormir si no fuese abrazándole, por lo que ni siquiera podría imaginarse una vida sin él, y, cuando lo hacía, un pinchazo en el corazón le devolvía a su dulce realidad, esa en la que Ryutaro le abrazaba fuertemente asegurándole que sólo había tenido una pesadilla, esa misma realidad en la que una única persona, una que tenía incluso más protagonismo que él mismo en su propia vida, estaba siempre ahí diciéndole cuánto le amaba, llenando cada hueco de su existencia hasta desbordarse. Sí, Ryutaro para el menor era alguien insustituible, y estaba seguro de que, no importaba cuántas veces volviese a nacer, se enamoraría de él en todas ellas.

- Nii-chan...

Shintaro cogió la mano de su hermano, y la besó, para luego entreabrir sus labios, rozando la parte húmeda del interior de éstos al pasarlos sobre sus dedos, abrió más la boca y se introdujo uno de aquellos dedos en su cálida cavidad. El cuerpo de Ryutaro reaccionó de inmediato, aquella imagen tan excitante, aquella sensación de agudo placer recorriendo sus entrañas... Sólo aquel ser podía provocarlas.

Shintaro notó el volumen endurecido que se había formado bajo los pantalones del mayor, y detuvo su labor, abrazándose al cuello de su hermano para hundir su rostro en su hombro, mientras, con sutil naturalidad, hizo una pequeña fricción entre sus entrepiernas.

- Nii-chan, ¿Quieres entrar en mí?
- Shin-chan, ya lo hemos hablado. - suspiró.
- Demo...
- Shh...

Ryutaro alzó el mentón del menor, y cuando tuvo aquel ruborizado rostro frente a él sonrió, depositando un delicado y tranquilo beso en sus labios.

La verdad era que, ¡Demonios, le deseaba! deseaba tanto hacerle suyo que a veces se temía a si mismo, pero no podía, simplemente sería una locura, un acto demasiado imprudente. Descendió entre besos hacia su cuello, percatándose de los suspiros que salían de aquella boca, de los tenues gemidos que acariciaban su oído, y que le agitaban todo el cuerpo. El menor hacía livianos movimientos sobre él, rozando aquellas partes tan sensibles de ambos. No... No podía hacerlo, pero quería, en esos momentos tenía que activar su autocontrol, el cuerpo de Shintaro era demasiado pequeño, él en si era demasiado pequeño para experimentar aquéllo, se le haría el doble de doloroso.

Ryutaro desabrochó el botón de su bragueta, si no se ocupaba con alguna cosa acabaría por hacer algo que no debería. Rozó con las yemas de sus dedos la erección del menor en una leve caricia sobre la tela de su ropa interior.

- ¡Ah...! - salió de los labios del Shintaro a la par que estrujaba la sudadera de su hermano.





- ¿Has oído eso? - dijo Fuma, dirigiendo su mirada hacia los arbustos tras de si, mientras apretaba inconscientemente más fuerte la mano de Kento.

Paseando por los alrededores, se encontraban ambos chicos, caminando sin prisas por aquel jardín.

- Sí, es el fantasma de ayer, que ha vuelto a por ti~~ - soltó en tono sombrío Kento, mezclado con un toque de sarcasmo que se agudizó con la pequeña risa que sonó para finalizar.
- ¡Te he dicho que no le tengo miedo a esas cosas! - se soltó de su mano para propinarle un golpe leve en el brazo y adentrarse en el centro.

Kento rió siguiéndole, le hacía gracia ver cómo Fuma luchaba por mantener su pequeño miedo en secreto, dándole tanta importancia a algo que a él le parecía adorable.

- Entonces debería ponerme contento, ayer también viniste a dormir conmigo por impulso propio, ¿No?

Le volvió a atraer a si de la nuca, para besarle la sien.

- Mou, Ken-chan... - le riñó el menor.

Éste rió, dando por finalizado su pequeña tortura, y sabiendo que aunque lo negase, Fuma sí le temía a los fantasmas, a la oscuridad y todo lo referente a ello, y él agradecía este hecho, ya que era lo que había impulsado al menor a aquella ahora habitual costumbre de colarse en su cama por las noches, una costumbre que en un principio fue el desencadenante a esa tan preciada relación.

La mano de Fuma volvió a buscar a la de Kento disimuladamente. El mayor posó sus ojos en él y rió ante su enternecedora mirada algo avergonzada dirigiéndose hacia delante, con aquel claro tono rojizo emergiendo en sus mejillas. Kento tiró de esa mano, y en una fracción de segundo el cuerpo del menor ya se encontraba atrapado entre él y la pared, dejándose llevar por aquel beso repentino.

- Ken-chan... - sonó su voz, temblorosa, entre aquel beso.

Kento tocó gentilmente sus labios con los de él para finalizar y le sonrió.

- Lo haces a propósito, ¿Verdad? Eres demasiado adorable.

Fuma agachó la cabeza, avergonzado, de verdad que él no intentaba parecerlo, sólo que el mayor tenía una percepción algo extraña de aquel adjetivo.

Kento rodeó sus caderas, alzando en el aire el cuerpo de Fuma, quien enseguida afianzó sus piernas a las caderas del mayor, envolviéndole también con los brazos.

- No me gusta que me lleves así... - murmuró apoyando su barbilla en el hombro de Kento, quien ya había comenzado a caminar.
- Aunque digas eso sé que no es verdad, te encanta que te mime tanto, lo que pasa es que te avergüenza.
- ¡Ken-chan...!

Las palabras del mayor siempre le hacían sonrojarse, dio gracias a que aquella posición ocultaba sus agitadísimas mejillas y le abrazó más.

- Ne... ¿Estás preocupado? - dijo, de repente.
- Un poco... no importa cuantas vueltas le dé, sigue pareciéndome una locura. - le respondió el mayor, y al final de la frase impulsó el cuerpo de Fuma hacia arriba ya que se estaba resbalando.
- Hum... - corroboró, algo perdido en los pensamientos que había causado lo dicho por Kento en su mente. - Ne... Ken-chan, tú... ¿Harías lo mismo por mí? - soltó una risita neviosa, y luego añadió -: no respondas, que tonto soy...
- ¡Claro que lo haría!

Kento paró sus pasos, dándole a ésto último un énfasis distinto. Fuma se incorporó un poco, cediendo el abrazo, para encontrarse con un rostro determinado que le sacudió el corazón.

- ¿Qué te hace pensar que no, eh? - le riñó, y le dió un dulce beso en la nariz.

Fuma sonrió, la piel se le había erizado completamente, hundió la cabeza en el cuello de aquella persona que hacía su corazón latir tan fuerte, y los pasos del mayor se adentraron por fin en la habitación.



Tras la puerta por la cual habían pasado los dos chicos, Chinen, sentado sobre la cama, descansaba la cabeza sobre las rodillas, rodeándoselas. Su mirada se encontraba perdida en la nada, una mirada triste. Lentamente deshizo aquella posición, gateando con el mismo ritmo hacia Yamada, quien se hallaba sentado en el borde del colchón, de espaldas a él. Sus brazos le envolvieron, acariciándole a su pasar con las manos que estrechaban el agarre, con aquella relentización que consumía su cuerpo en un extraño y amargo sentimiento, y finalmente su rostro se recostó sobre su espalda.

Chinen cerró los ojos.

- Te quiero... Te quiero, te quiero tanto...

El menor sintió su corazón dar un revuelco violento al decir eso, pero en este momento notaba aquellos sentimientos desbordarse en su interior, necesitaba más que nunca expresar esas palabras que tan profundamente habían creado raíces dentro de si.

Yamada posó la mano sobre la de él, que descansaba sobre su pecho, y se volteó levemente provocando que Chinen se enderezara para para alcanzar esa mirada. Le sonrió, intentando borrar la expresión angustiada en el rostro del menor.

- No estoy enfadado contigo. Lo sabes, ¿Verdad?

No; estaba furioso, pero con Takaki. No quería que ese ser volviese a tocar a Chinen, a su Chinen.

Y, como si hubiese sido escuchado, una tercera voz resonó en el cuarto.

- Oh... ¿Qué tenemos aquí?

Aquel vibrante tono sarcástico, esa voz estremecedora.

Yamada se volteó de inmediato a la par que sintió unas manos agarrar su camisa con fuerza, un acto casi inconsciente por parte del cuerpo ahora inmóvil del menor.

- Simplemente enternecedor... - dijo sin cambiar el matiz de sus palabras.

Sus pasos resonaron contra las baldosas del suelo, lenta y rítmicamente. Chinen estaba estático, ni siquiera respiraba, sólo... Pedía en sus adentros que Takaki mágicamente desapareciera, ni siquiera se percató en qué momento Yamada se levantó, provocando que los pasos de aquella persona se parasen.

- ¿Qué quieres? - dijo Yamada, tan friamente que el menor no reconoció su voz.
- Vengo a por lo que es mío.

Chinen sólo lograba ver la espalda de Yamada, pero notó enseguida el cambio que sufrió al escuchar esto; sus hombros se tensaron, y cerró los puños antes de esconderlos en los bolsillos, sin embargo, aunque le hubiese tenido de frente, no hubiese notado cambio en aquella expresión que con perfección escondía lo tanto que ardía alborotadamente su interior.

- Él no es tuyo.
- ¿Ah, no? ¿Qué insinúas?

Takaki sonrió con sarcasmo, colocando las manos despreocupadamente dentro de sus bolsillos traseros.

- Él no es de nadie, ¿Entiendes? ¡No es un objeto! - le alzó la voz.

Chinen agachó la cabeza, estaba avergonzado, aquella situación le avergonzaba, el ser tan débil... el que se aprovecharan de él de esa manera hacía que quisiese morirse de vergüenza, pero, por otro lado, las palabras de aquella persona defendiéndole se sentían... dulces.

Volvió a presenciar extrañado cómo la risa del mayor tomaba cuenta de él, una risa ascendente, realmente parecía que algo le divertía de sobremanera, se encorvaba tocándose el estómago, reía y reía sin parar... y entonces: Una milésima de segundo fue suficiente para que Yamada viera aquella aterrorizante mirada, y el dolor paralizante de aquel puño intentando atravesarle llegó a él cuando ya se encontraba arrodillado en el suelo, abrazándose el estómago ante aquella sensación dolorosa rompiéndole a trozos.

- ¡Yamada!

El grito de Chinen sonó con desesperación entre aquellas paredes, y, aunque llegó a sus oídos, su estado parecía haberle encerrado en una burbuja que rebotaba lo ajeno fuera de su propia agonia.

- Eso te pasa por creerte el héroe, me hace gracia pero hasta un cierto punto.

La puerta volvió a abrirse, dejando pasar a aquellos cuatro chicos que habían estado esperando, tal como les ordenó Takaki, algún signo de que el espectáculo había empezado. Kei y Daiki se posicionaron cada uno a un lado de la puerta, cumpliendo su ya habitual tarea, mientras que los otros dos se acercaron a Takaki, quien observaba cruzado de brazos cómo Chinen intentaba acalmar a Yamada, susurrándole algo que no llegaba a entender mientras pasaba la mano por su espalda, acariciándosela.

- ¿Qué hacemos? - dijo Kota, pasando un brazo sobre sus hombros.
- De momento no mucho, coged al héroe y que no moleste.

Obedeciéndole se acercaron, y, entre unos cuantos forcejeos consiguieron cogerle y llevárselo a una esquina del cuarto, agarrando cada uno un brazo para mantenerle bien sujeto.

Chinen no miró a Takaki, a cambio fijó su vista en el suelo.

- Levántate, conejito.

El menor negó con la cabeza, con movimiemtos entrecortados.

- Levántate.

Chinen levantó la mirada hacia él e intentó tragar saliva, pero aquella sensación en su garganta le impidió hacerlo con propiedad. Rompió a llorar, ahora balanceando su cabeza a ambos lados con desesperación.

- ¡¡Déjate de gilipolleces, ¿Oyes?!! - vociferó ferozmente, cogiéndole del brazo para enderezarle.

Yamada comenzó a recobrar consciencia de su alrededor, y la primera cosa que vio fue la sonrisa de aquel ser, susurrándole algo al oído a su Chinen.

- ¿Quieres que cumpla mi promesa? sabes que no me importaría romperle cada hueso de su cuerpo.

El llanto de Chinen chocó contra los oídos de Yamada.

- ¡Takaki! ¡Déjale en paz! - gritó intentando zafarse del agarre que le mantenía sujeto.
- Eeh, ¿Dónde te crees que vas? - dijo Hikaru.
- Estáte quietecito. - añadió Kota, zarandeando su brazo.

Takaki sonrió al ver que Yamada volvío en si, y se volteó, cogiendo la quijada del menor. Chinen cerró los ojos, fuertemente, tanto que le dolían, sin embargo eso no fue suficiente para hacer que aquéllo se detuviese: Takaki se acercó, sus labios entraron en contacto y, por más que intentó cerrarlos con fuerza, una fuerte sacudida de parte del mayor le recordó lo que tenía que hacer; con un grito que surgió desde su garganta, recibió en su cavidad la lengua de Takaki, tan asquerosa y húmeda hundiéndose en su boca, causándole escalofríos, no como los que sentía con Yamada, éstos eran unos escalofríos que empezaban desde su estómago, y terminaban en su garganta, anudándola, provocándole náuseas. Sentía la respiración de Takaki, cercana y rítmica, su fuerte agarre, su olor... Tembló al percatarse de que aquella persona estaría viendo todo y abrió los ojos, encontrándose con un aprisionado Yamada que observaba estupefacto aquella escena. Sintió una brecha abrirse poco a poco en su pecho, pero terminó de rajarse por completo al sacudir de nuevo Takaki su cuerpo, obligándole a contestar a aquel beso forzoso y devorándole tan bruscamente que le provocaba inclinarse hacia atrás. Sus manos dejaron de agarrar con fuerza los brazos de Chinen para descender por su espalda hasta llegar a sus nalgas, que estrechó sin reprimirse.

Takaki jamás le había besado, y en estos momentos le gustaría que así hubiese seguido siendo.

- ¡Soltádme!

Yamada forcejeaba ferozmente, sacudiendo su cuerpo de un lado a ótro. No podía ver aquéllo, no quería.

- ¿Por qué no te rindes? - escuchó un susurro de Kota en su oído.
- Takaki jamás dejará a ese crío en paz. - corroboró Hikaru.

Un grito ronco tomó la atención de los tres chicos de repente, Takaki se tocó con las yemas de los dedos la lengua, y tras ojearlos, descubrió aquel rastro diluido de sangre que había dejado en su boca un regusto salado. Chinen dio un paso atrás cuando el rostro de Takaki reflejó toda aquella furia, y deseó no haberlo hecho. Su corazón tembló al divisar la mano del mayor alzarse sobre su hombro contrario, milésimas de segundos antes de arremeter contra aquel rostro que sintió la cólera del mayor escocer su mejilla en carne viva, dejándole con una sensación de acuoso dolor que se derramaba por sus ojos.

- ¡No le vuelvas a poner un dedo encima, ¿Me escuchas?!

Pero Takaki parecía no hacerlo, estaba demasiado ocupado desabrochándose el cinturón.

Chinen se sobó la zona con su mano y miró de reojo a Yamada, la imagen nublada que tenía de él le oprimía el pecho, el mayor se estaba volviendo a agitar violentamente, pero aunque lo hiciera tan fuerte que sus pies abandonasen el suelo por instantes, no lograba deshacerse de aquel agarre que lo mantenía aprisionado.

- Te lo advertí, conejito.

Junto a aquella voz escalofriante, Chinen sintió cómo Takaki le cogía del antebrazo, arrastrándole más cerca de la litera que tenían detrás. Sus muñecas fueron envueltas por el cuero frío y duro del cinturón de Takaki, alrededor de aquella barra que unía las dos camas de la estructura, dejándole completamente apresado.

- ¿Eh? - salió de sus labios, dirigiéndole una mirada asustadiza e interrogativa.
- Ahora serás tú el que disfrute de la diversión. - rió y se volteó hacia Yamada, resultaba que sí había escuchado sus gritos.

Se acercó con pasos tranquilos hacia él, hasta quedar a una distancia mínima en la que le miraba desde un ángulo superior.

Chinen miraba, pero en realidad deseaba no ver aquéllo, que no estuviese ocurriendo.

- No vuelvas a pegarle.

Yamada fue el primero en romper aquel instantáneo silencio.

- Es tu culpa, eres tú quien provoca su comportamiento.
- Y eres tú quien le levanta la mano.
- ¡Pues que se defienda! - rió. - ¡Es un chico, no una damisela que necesita a alguien que le proteja! - dijo, divertido, aunque no percibió que se acababa de contradecir, puesto que a la mínima oposición que le daba el menor las consecuencias se multiplicaban.

Chinen quería taparse los oídos, pero su posición le obligaba a escuchar aquéllo que tanta vergüenza le producía.

- Me das asco. - Yamada apartó la mirada y escuchó unas risitas detrás de él, provinientes de los chicos que le sujetaban.

Y al segundo siguente la rodilla de Takaki se enterró en el cuerpo que acababa de atraer de los hombros a si. Hikaru y Kota se apartaron, entendiendo que su ayuda ya no sería necesaria y se sentaron en el suelo recostándose en la pared.

- ¡No! - sonó un grito ahogado de parte de Chinen, quien con desesperación tiraba de la atadura que le retenía ahí, sin embargo aquella barra parecía no querer soltarle.

Takaki no le dejó caer al suelo, en cambio le cogió de la camisa, volviendo a incorporarle como pudo y acto seguido le zarandeó.

- Oe, reacciona, que todavía no he acabado. - sonrió, y hizo de su mano un puño, que llevó hacia atrás, cogiendo impulso, para luego hundir ese golpe de dolor en el rostro de Yamada.

Ni si quiera le había dado tiempo volver la cabeza a su posición normal, otro puñetazo de la misma magnitud impactó en su estómago.

- ¡Para, por favor! - rogaba Chinen, sin ser apenas escuchado, pataleando, ya sin saber qué hacer.

Takaki dejó el cuerpo de Yamada caer, el cual aterrizó arrodillado, para luego desplomarse tumbado en el suelo.

- Joder, esto no es divertido. - removió su cuerpo con el pie.

Dio un salto para coger impulso y el pie que había viajado hacia atrás chocó contra el cuerpo del menor, agitándole y haciéndole toser.

- ¡¡Reacciona!! ¡¿Por qué coño no te defiendes?!

Takaki empezaba a exasperarse.

- ¡Kota! - el nombrado le miró - Le tenías ganas, ¿Verdad? Haz lo que quieras con él.

Kota sonrió. Yamada abrió los ojos y su mirada se encontró con la de aquel pequeño ser que con tanta angustia le miraba. Le sonrió, intentando calmarle. Chinen negó con la cabeza, ya desesperado, dejando las lágrimas empaparle el rostro.

Takaki llegó hasta su lado liberando sus ya adoloridas muñecas de la barra.

- Takaki-kun, por favor...

El menor posó sus manos en el pecho de aquella persona, apoyando el rostro sobre éstas, lo único que podía hacer ahora era eso: Rogarle, tirarse por los suelos si era necesario, para que parase aquéllo.

- No le hagas más daño, yo... yo... haré lo que quieras...

Takaki cogió sus muñecas, apartando bruscamente esa manos de su pecho y las inmovilizó detrás del cuerpo del meñor con una mano, para a continuación acercarse a su oído.

- Ahora ya es tarde. - rió. - Además, ¿Acaso no consigo ya que hagas lo que yo quiera siempre, conejito?

Chinen sintió cómo en una oleada su piel se erizaba, sentía miedo, sentía furia, sentía ganas de morirse ahí mismo, que su existencia sólo contribuía a perjudicar a otros, a deteriorar su alrededor.

- No me... - tosió.- ...toques. - Yamada le murmuró a Kota, haciendo intentos fallidos por incorporarse sobre sus antebrazos.

Kota rió, acuclillándose frente a él.

- Eres como un perro; pequeño, con carácter, pero con un rostro adorable, tienes encanto.

¿Ese tipo le estaba comparando con un perro? ¡¿Qué demonios le pasaba?!

Yamada abrió la boca para protestar pero se tragó la frase, casi literalmente, puesto que el mayor le tapó la boca con la mano.

- Si te estás quietecito y calladito lo haremos rápido. - le sonrió.

Sin embargo nada más destapársela Yamada se alzó sobre sus brazos, arrastrándose hacia atrás con algo de dificultad.

- Te juro que si intentas... - tosió de nuevo, sintiendo un pinchazo recorrer su cuerpo. - hacerme algo sales de aquí sin poder tener hijos... - dijo más lentamente de lo que esperaba, al parecer los golpes de Takaki le habían afectado.

Kota rió, divertido, y se puso de pie, caminando hasta los pies de Yamada, quien empezó a retroceder más hacia atrás al percatarse. Su mano resbaló por infortunio y cayó tumbado en el suelo.

- ¡No me toques!

Luchó contra las manos de Kota en sus caderas.

Chinen temblaba, quería cerrar los ojos pero temía hacerlo, aquella persona detrás de él le observaba, quería que mirase.

- Takaki-kun, no, por favor... por favor...

Su camisa estaba siendo desabotonada por detrás, mientras que, sentado sobre el hueco de colchón que había entre las piernas de Takaki, su mirada rehuía aquella escena frente a él.

- Yamada... - se lamentó en un hilo de voz.
- ¡Que mires!

El grito de Takaki le hizo pegar un brinco que devolvió sus ojos a aquella dirección.

- Ahora le cojerás tanto asco que no querrás volver a verle. - rió, y esa prenda de ropa cayó al suelo. - ¿Cuándo lo comprenderás, conejito? Eres mío.

Chinen ya no aguantó, cerró los ojos, y sus lágrimas fueron secadas torpemente por el dorso de sus manos, mientras un llanto lleno de angustia llegó a oídos de Takaki.

- ¡No llores!

Takaki le zarandeó, y justo cuando iba a repetir la orden de los labios de Chinen se escuchó un murmullo débil.

- Te odio... - hipó. - ¡Te odio Takaki Yuya! ¡Te odio!

Un empujón hizo a Chinen caer al suelo.

- Ahora se la va a ganar... - Kota comentó en el oído de Yamada.

Yamada volvió a entrar en alerta tras haber bajado la guardia por la escena y le dió una patada a Kota, consiguiendo sacárselo de encima. El menor vió aquella sonrisa desaparecer en un instante de su expresión, transformándose por completo, incluso diría que atemorizaba.

- Ya basta de juegos.

Las manos de Yabu atraparon las muñecas del menor sobre su cabeza. Yamada tembló.

- No me pegues por favor... - dijo en un hilo de voz Chinen, divisando inmóvil en el suelo unos pies dar un paso hacia él.

Takaki se agachó y el menor cerró los ojos al sentir que éste le acariciaba, para al segundo siguiente, ahogar un grito en su interior al sentir esa mano agarrar sus cabellos, estirando de ellos para obligarle a levantarse.

- ¿Me odias?

Aquella mirada... sintió todos sus órganos internos cambiarse de sitio tras quedar frente a ella, arrodillado.

- No... lo siento Takaki-kun, lo siento... - intentó acercarse, pero Takaki volvió a estirar de los cabellos que todavía tenía agarrados, impidiéndoselo.
- Dilo, ¡¡Di que me amas!!

El corazón de Chinen se agitó, fuerte, tan aceleradamente que podía sentir con perfección cómo golpeaba incesantemente contra su pecho. Aquellas palabras... sólo quería decírselas a Yamada, eran para él, sólo para él.... ¡Takaki no se merecía ni las primeras sílabas de ellas! Meses atrás, hubiese dicho o hecho cualquier cosa que él le ordenara, pero ahora todo había cambiado, dos simples palabras que antes no tendrían importancia en su vocabulario, ahora representaban un sentimiento, algo fuerte y desmesurado, se habían vuelto esenciales, principales y únicamente reservadas para una persona, por mucho daño que Takaki pudiera hacerle, no se las robaría jamás.

- No... - dijo, evitando su mirada.

Takaki se acercó a su oído.

- ¿Por qué me pides perdón si luego vas a hacerme cabrear otra vez, eh, conejito? - le susurró con aquella voz suave que no presagiaba nada bueno.

La mano fría de Takaki tapó la boca de Chinen, y al segundo siguiente su espalda ya había chocado contra el suelo. Takaki se posicionó sobre el cuerpo tembloroso del menor que le miraba con ojos temerosos. Su otra mano viajó hasta su cuello, lentamente, y una vez ahí Takaki comenzó a apretar. Chinen abrió los ojos con desmesura, e intentó gritar tras sentir cómo la presión se intensificaba, sin embargo esa mano obstruía su voz, convirtiendo su desesperación en chillidos agudos que se ahogaban en su graganta. El menor pataleaba, se retorcía, sintiendo la sangre acumularse, como si presionara su cerebro cada vez más, las lágrimas caían mientras trataba de decir el nombre de Yamada, sin embargo su mandíbula apenas podían moverse.

Y, de repente, la presión desvaneció, y la sangre fluyó con rapidez.

- No tiene sentido que vivas si no es por mí, conejito.

Chinen sintió un temblor interno.

- ¿Me amas?

Había retirado la mano de su cuello, sin embargo la que le cubría la boca permanecía tapándosela, mientras miraba aquellos ojos desesperados y empapados.

Chinen negó con la cabeza.

"Aunque tengas mi cuerpo, jamás dominarás mis sentimientos... Jamás... " Chinen, por primera vez, se sentía valiente, sentía que podía enfrentarse a Takaki, que ya no se sometería a él.

Y aquella mano volvió a apretar su cuello.

Yamada se mordía los labios, con furor, con desesperación, no soltaría ni una sóla lágrima. Yabu había volteado su cuerpo y ahora el menor, tumbado boca abajo sin poder alzar el rostro puesto que sus brazos habían sido inmovilizados por una mano agarrándolos fuertemente y extendiéndolos hacia delante, sentía con repulsión la hombría del mayor restregarse en sus nalgas, no abriría la boca hasta que ese nudo de humillación y vergüenza desapareciera de su garganta. No lo haría.

Volteó el rostro y sus ojos alcanzaron a ver la escena que ocurría al otro lado de la habitación bajo su brazo.

"Lo va a matar, ¡Lo va a matar!", sus ojos se llenaron de lágrimas. Buscó en la dirección contraria; vio a Hikaru mirándose despreocupadamente las uñas, dirigió la vista hacia más allá; Daiki y Kei fijaban sus ojos en el suelo, y no parecían querer despegarla de ahí.

"¡Todos...!"

- ¡Todos estáis locos! - sus pensamientos salieron por su boca en un grito. - ¡Takaki! ¡¿Tanto te molesta verle feliz?!
- ¿Qué haces? Cállate. - escuchó un susurro apresurado en su oído de parte de la persona que le aprisionaba.

Yamada se sacudió, intentando que se alejara de su oído.

- ¡No soportas el hecho de que alguien tan débil e indefenso como lo eras tú viva tranquilamente!

Ya nada le importaba, acababa de mandar al cuerno todo el plan, pero no podía dejar que el mayor siguiera con sus manos en el cuello de Chinen.

El menor tosió, ladeando su cuerpo en el suelo al soltarle Takaki por fin. Los pasos del mayor llegaron entre aquel silencio hacia Yamada, se agachó, y a Kota no le quedó otra que retirarse para que él le alzase del brazo. Takaki estrechó los ojos, mirando a un Yamada que no dudaría en dar las explicaciones que aquella mirada buscaba.

- Hacerle sufrir igual que tú lo hiciste no logrará borrar tu pasado. - dijo, en tono sobrio.
- Cállate. - sonó una voz firme que escondía en realidad algo de temor.

Esa mirada... Sí, esa mirada hizo a Yamada sonreír, había encendido una pequeña llama de desesperación en el interior del mayor.

Chinen escuchaba todo, sin entender una sóla palabra, igual que los demás presentes ahí, pero sabía que aquéllo no era seguro, sabía que Yamada estaba cometiendo una locura.

- ¿Crees que así has logrado vengarte de esa persona? Pues a mi parecer ella te ha vencido, ha acabado por completo contigo. - la sonrisa de Yamada se ladeó. - Mírate en el espejo, eres un monstruo, ¿No te recuerdas a él? Sí, eres igualito a tu padre.

La mirada de Takaki se hundió en una humedad repentina.

- ¡Que te calles! - su voz chocó entre aquellas paredes, y tan pronto como el grito rebotó en los oídos de Yamada una fuerza descomunal se hundió en su estómago.
- ¡Takaki-kun, no!

Chinen se levantó a medida que corría hacia ellos, pero un brazo le detuvo.

- Haciéndole lo mismo... que te hacía tu padre no vas a lograr nada... - dijo con dificultad.
- ¡Cállate, joder!

El cuerpo de Yamada resonó al caer en el suelo.

- Tan sólo creas un presente horrible...

Una patada arremetió contra él.

- Te dañas a ti, dañas a tu alrededor... ¿Acaso no recuerdas lo que sentías tú cuando estabas en su situación? ¿Se te ha olvidado tu propio sufrimiento?

- ¡Cállate, cabrón!

Todos miraban las lágrimas de un Takaki que jamás pensaron ver llorar, precipitarse sin interrupción por sus mejillas, sin detener sus patadas hacia Yamada.

- ¡Daiki-kun, suéltame! - lloraba Chinen mientras intentaba deshacerse de esos brazos que le rodeaban de la cintura firmemente.

Pero Daiki no le soltaría, era mejor que le detuviera él, que si lo hiciese Yabu o Hikaru, o que incluso al acercarse, Takaki decidiera cambiar su punto de mira.

- ¡Cállate, cállate de una puta vez!

Y aunque Yamada ya no hablaba, el mayor le seguía gritando que callase, le seguía pegando, perdido en su mundo... Perdido en los recuerdos congelados de su interior, recuerdos que Yamada había logrado derretir superficialmente.

"Duele... Duele mucho... Oto-san..."
"Ya no más... ¡Por favor...!"
"Déjame, ¡Hoy no, oto-san, no quiero! No..."

Esa voz tan aniñada que casi había olvidado, ahora volvía a él, pasando por sus oídos, trayéndole aquellas escenas que hacían su cuerpo temblar en cólera, en furia, en rabia, arder de odio, sentimientos que descargaba sobre el cuerpo inocente del menor a sus pies.

- ¡Hijo de perra! ¡Te odio, te odio, te odio! - hablaba, aunque a ninguno de los presentes.

Y las lágrimas no cesaban, y los gritos tampoco.

- ¡Suéltame! - Chinen se sacudía, sin éxito alguno - ¡Yamada! ¡Takaki-kun, para por favor! Le matarás... ¡Detente! ¡Yamada! - gritaba, le dolía la garganta pero gritaba aunque ya no le quedasen fuerzas - Daiki, suéltame... ¡Suéltame!

Yamada se hundía, sentía dolor, pero éste era a tal magnitud que su cuerpo parecía haberse fundido con él, sentía que su cuerpo era dolor, todo dolor, palpitando una y otra vez en su estómago... repetitivamente.

Cerró los ojos, sí, tal vez no todo estuviese perdido.

De fondo escuchaba gritos, un barullo confuso, Takaki le gritaba, pero la voz de Chinen resonaba con más intensidad en sus oídos para él. Chinen... su pequeño y frágil Chinen, le amaba tanto que no le importaría morir ahí mismo si con eso aseguraba que él viviese bien, tranquilo... feliz. Sí, por protegerle daría lo que fuese, incluído su vida. Su mente se relentizó, poco a poco.. cada vez más.. hasta que la negrura se lo tragó todo.

Chinen se calló.

- ¿Yam...? ¿Eh..? ¡Yamada! Abre los ojos, ¡¡Yamada!!

Hacía tiempo que los demás se habían alarmado pero apenas unos segundos que de verdad intentaban entrar. Y no tuvieron que empujar mucho, la puerta tras de Kei se abrió y de ella salieron apresuradamente Ryutaro, Kento y Fuma, los únicos de los tantos curiosos que allí se encontraban, y se dirigieron hacia Takaki, apartándole del menor. Las manos de Daiki aflojaron el agarre disimuladamente, lo suficiente como para que Chinen se escapara. El menor corrió hacia la escena y se dejó caer de rodillas en el suelo.

- Yamada... Yamada... - sus manos en el pecho del chico malherido apretaban con fuerza su camisa desabotonada. - respóndeme... ¡Por favor, respóndeme! - no alzaba la voz, pero ésta sonaba adolorida y desgarrante.

Unos pasos se acercaron hasta ellos y tras agacharse al otro lado del cuerpo de Yamada y palpar su yugular Kei negó con la cabeza, sin atreverse a alzar los ojos.

- ¿Eh...? No... ¡No! - exclamó en un chillido que se cortó a medio camino.
- No puede ser... - salió de la boca de un incrédulo Ryutaro esa frase, casi inconscientemente, mientras se dirigía hacia donde se encontraba el mayor para imitar su anterior acto.

Ryutaro miró a Kei, y éste no se desvió de los ojos del menor.

- No puedes... No puedes dejarme, ¡Me lo prometiste!

La voz de Chinen era lo único que se escuchaba, aun recostando su frente sobre el pecho del chico tumbado en el suelo, sus sollozos, su desesperación, su dolor y su agonia se dispersaban por el aire, por el silencio que aquellos ojos incrédulos habían creado a su alrededor, aunque él no notaba presencia alguna, todo a su alrededor se había vuelto gélido y oscuro, su atención se reducía al cuerpo inerte de su tan preciado Yamada, su rostro había perdido color, pero parecía el mismo de siempre, tan dulce y cariñoso, ese Yamada que le era tan necesario en su vida.

Aunque a pesar de estar frente a él, su Yamada, el que tanto amaba, ya no estaba dentro de ese cuerpo. Se había ido, estaba solo.

- ¡Vuelve! No me abandones... ¡Yamada!

Una máquina taladradora estaba haciendo estragos en su estómago, le dolía tanto que pensaba que se moriría. Las lágrimas caían a torrentes como nunca antes habían caído, su cuerpo se estremecía y experimentaba extraños altibajos de temperatura, su cabeza parecía querer explotar... Sentía tantas cosas a la vez que sus sentimientos se habían fundido en una masa pesada dificultándole la respiración, que le acuchillaba por dentro, que hervía y le estaba llevando al borde de un abismo sin fin.

Chinen se levantó, guiado por lo que le recorría el cuerpo y le cegaba completamente, se dirigió hacia Takaki, quien, con la mirada perdida, seguía dejando que las lágrimas cayeran.

- ¡Devuélvemelo!

Los costados de sus puños, junto a esta palabra, se clavaron en el pecho del mayor con toda la fuerza que Chinen jamás había sacado fuera de si.

- ¡Devuélvemelo! ¡Asesino! ¡Ojalá no existieras! ¡Ojalá te murieses ahora mismo! ¡Devuélveme a mi Yamada!
- Yo... no lo he hecho... no lo he hecho...

Ese murmullo casi inuadible de un inexpresivo Takaki era opacado por los gritos de Chinen, lazando sus puños desesperadamente, descargando toda la furia acomulada por años, una furia que había explotado en tan drástico momento y ahora burbujeaba en su interior.

Ryutaro cogió a Chinen, apartándole del mayor, y para su sopresa éste no opuso resistencia, tan solo se volteó, aferrándose a su cuello y llorando, si se podía, aun más audiblemente.

- Shintaro ya ha ido a avisar, dentro de nada estarán aquí, tranquilo. - dijo más alto de lo común, por lo cual todos los presentes se enteraron.
- ¡Takaki, tenemos que largarnos! ¡Ahora mismo! - Kota habló, mientras se dirigía hacia su armario y echaba dentro del saco que les daban para la ropa sucia todo lo que podía.
- ¡Deja eso ya, vámonos, Kota! - le gritó Hikaru.
- ¿Planeáis dejar el cuerpo aquí? ¡Tenemos que llevárnoslo! - habló Kei.

Chinen se separó de Ryutaro y se volteó justo cuando Kei había pasado a Yamada por su hombro.

- ¡¿Qué haces?! ¡Déjale! ¡Déjale en el suelo! - intentó caminar pero Kento se lo impidió.

Chinen alargó el brazo, pero ni siquiera rozó los dedos cuando los cuatro chicos pasaron frente a sus ojos, atravesando aquella puerta para huir, cargando con el Yamada que él tanto había amado.

Y un grito fúnebre y desgarrante sonó en medio de aquel silencio, desprendiendo un sentimiento sombrío que inundó el cuarto, y el aroma a dolor esparcido hundió a todos en una agonia similar a la que había despedazado el interior de Chinen, a la par que sus rodillas... impactaron contra el suelo.




La primavera, además de una temperatura agradable, trajo consigo la tranquilidad y el sosiego que él jamás había tenido, junto a aquel silencio en su interior, resonando dentro de su íntimo vacío. Sonreía, hablaba, dormía y comía, pero aquel cuerpo carecía de relleno, y aunque las sonrisas le saliesen cada vez con más facilidad, seguía sintiéndose hueco, consumido por un enorme agujero que le absorbía.

Y dentro de si seguía aquel silencio que sólo él escuchaba: El doloroso silencio de una ausencia definitiva.

La suave brisa acarició sus cabellos; se acomodó el mechón descolocado tras la oreja, y esa misma mano pasó una página del manga que sostenía sentado en aquel banco, balanceando sus piernas incoscientemente. Esas tardes tranquilas y soleadas le daban una sensación de paz, escuchar el leve canto de los pájaros de fondo..., el viento susurrándole a traves de las hojas... Ojalá pudiese pasar este tiempo con Yamada. Sonrió y acercó lo que sostenía a su rostro. Inspiró profundamente y el olor de aquellas páginas le transportó de nuevo a sus brazos, cerró los ojos y tragó saliva, intentando absorber las lágrimas que amenazaban con emerger. Hacerse a la idea había sido duro, pero aprendió a vivir con ello, de hecho no era novicio en adaptarse a situaciones, por lo que, también esta vez, decidió no volver a llorar, Yamada no se merecía que llorasen al recordarle, se merecía miles y miles de sonrisas; eso era lo que se repentía en su interior cuando estaba al borde del llanto. Él, examinando su vida hasta ahora, había sido lo único por lo que verdaderamente Chinen se había alegrado de estar vivo, y, por su culpa... Por protegerle...

Volvió a sumergirse en aquel relato con dibujos detallados y extravagantes, no quería pensar más, ya se habían dado situaciones desagradables por tener aquellos pensamientos y no quería que volviese a ocurrir. Sonrió al acabar de leer la última página del manga: Pensar que él había leído aquellas mismas líneas..., aquellas mismas palabras..., que había reído con lo mismo le hacía leerse y releerse ese manga que unas semanas atrás había encontrado bajo la antigua cama de mayor.

Se levantó, y, dispuesto a caminar hacia la puerta de salida del jardín, volteó su cuerpo.

- Sigues siendo el mismo de siempre.

Sus manos soltaron inconscientemente lo que sostenían al suelo. En una milésima de segundo sus lagrimales produjeron tal cantidad de humedad que al momento siguiente lágrimas gruesas caían por sus ojos. Se llevó una mano a la boca lentamente, casi sin poder reaccionar, y luego la ótra con la misma relentización. Su cuerpo empezó a temblar y cuando, al fallarle las rodillas, sufrió un tambaleo que amenazaba con tirarle, la persona que estaba a escasos metros frente a él dio un paso en frente, alarmado.

- No puede ser...

Dio un paso.

- No... No pued...

Consiguió dar ótro.

- ¡Yamada!

Su cuerpo, al decir ese nombre que hacía tanto no gritaba de aquella manera, experimentó un impulso que le hizo correr hacia donde se encontraba el mayor.

- ¿Estoy soñando? ¡Dime que no estoy soñando! ¡Si es así no quiero levantarme, no quiero!

Yamada abrazaba al menor que se había hundido en sus brazos. Cuánto había deseado hacerlo...

- ¿Eres real? - dijo Chinen, manoseando la cara del mayor que rió ante su acción. - No estoy teniendo una alucinación, ¿Verdad? Yamada, estás aquí conmigo, ¿Cierto? ¿A que sí?
- Lo estoy, siempre lo estaré. - le respondió sonriendole dulcemente, mientras cogía esas manos entre las suyas y enlazaba sus dedos, descendiéndolas hasta que quedaron a la altura de su pecho.
- Pero tú estabas... Y Takaki y... no lo.... ¡¿Por qué...?!

Yamada, una vez más, sonrió.

[...]

- Él tiene ventaja en fuerza, pero tú, Yamada, tienes otra cosa: inteligencia... e información. - Ryutaro le decía convencidísimo.

Ya no tenía sentido seguir callando algo que podía ser crucial, lo que Takaki había hecho con su hermano era demasiado para él, por lo que decidió contarle a Yamada lo que una vez escuchó hablar a la directora con una de las monitoras del centro.

- Pero recuerda: Espera a que esté solo, avísame antes... Tú sólo tienes que provocarle, y cuando muerda el anzuelo yo haré que le pillen de lleno, no tendrán excusa para ignorar lo que pasa aquí dentro.
- ¿Y si algo sale mal?

Ryutaro calló.

- Cierra los ojos, no respires, no te muevas.
- ¿Quieres decir que finja estar muerto?
- Exactamente. Si intentas defenderte de Takaki... Simplemente te aplastará aun más, para probar que es el mejor, así es él.

Yamada asintió, apretando los labios.

[...]

- Estoy aquí, Chinen. - acarició con las yemas de los dedos su mejilla suavemente, fijando sus ojos en los empapados del menor. - Te dije que te protegería, que siempre estaría a tu lado, ¿Nunca te he dicho que siempre cumplo mis promesas? Aun habiendo sido de una forma un poco inusual. - soltó una risita ante lo último.
- ¡Yamada...!

Chinen se lanzó a sus labios, deseaba hacerlo; besarle, sentir cómo el mayor derretía su interior poco a poco. Volvía a sentirse vivo, tan vivo que su estómago palpitaba en un sentimiento enorme que se desbordaba por todos los poros de su cuerpo, que transmitía a través de aquellos labios, aquel sentimiemto llamado amor que tanto había añorado sentir de esta forma de nuevo.

- Lo has conseguido. - sonrió aquella silueta observando la escena desde el marco de la puerta.
- Lo hemos conseguido. - Kei corrigió la frase de Ryutaro, caminando hasta quedar apoyado en el otro lado del marco, sin mirarle tampoco, disfrutando de aquel precioso reencuentro que tanto había costado conseguir.

[...]

- Necesito tu ayuda.

Kei miró extrañado a un Ryutaro que acababa de entrar con rapidez en su habitación, furtivamente.

- ¿Mi ayuda?
- Así es, necesito que nos ayudes a acabar de una vez con Takaki, ¿Lo harías?
- ¿Por qué debería hacerlo?

Ryutaro ladeó la cabeza para alcanzar con los ojos tras su silueta la figura adormilada de un dulce Daiki sobre la cama del mayor.

- Yo diría que tienes motivos bastante grandes, ¿No crees? - dijo para luego devolver sus ojos a él. - Necesito tener un punto de apoyo dentro, ¿Contamos contigo?

[...]

- Llegó un momento en que de verdad pensé que no había sobrevivido, por eso no le dije nada a Chinen..., ¿Se ha recuperado del todo?
- Eras tú el que no paraba de repetir que era fuerte, y de verdad lo es, se quitó el yeso antes de tiempo, - rió, recordando las prisas que tenía el menor. - y todo por volver cuanto antes.

[...]

Ryutaro miró a Kei y éste mantuvo la mirada. Ambos chicos acababan de sentir el pulso de Yamada latir con intensidad en su yugular, palpitar, gritando que estaba vivo, sin duda estaba inconsciente, pero todavía vivo. Era una oportunidad como ninguna ótra.

- ¿Planeáis dejar el cuerpo aquí? ¡Tenemos que llevárnoslo! - exclamó Kei con la más creíble de sus actuaciones.

Y así fue como logró sacar, junto a Takaki, a un Yamada que de seguro, al enterarse de que todavía seguía vivo, haría volver a aquel monstruo allí.

[...]

- Kei-chan... - le llamó una voz suave tras él.

Kei se volteó, encontrándose a Daiki caminando con lentitud hacia él, quien al alcanzarle se abrazó a su torso apoyando el rostro en el hombro del mayor y una mirada más se dirigió a contemplar aquella escena enternecedora frente a ellos.

[...]

- Ya no volverás a hacer daño, Takaki, aquí se acaba todo.
- ¡No...! ¡Kei espera, No! ¡Por favor!
- ¿Ahora que tus guardaespaldas no están pides clemencia? ¿Qué tipo de persona eres tú, Takaki?
- Nosotros nos lle.... llevamos bien, ¿Verdad?! Baja eso, Kei...

En aquel callejón sin salida oscuro y húmedo esas voces hacían eco.

- ¿Tú qué quieres que haga, Dai-chan?

Daiki se aferró con más fuerza a Kei, escondiendo el rostro en su espalda, cerraba los ojos con fuerza, no quería ver nada de lo que ocurriese, no lo quería tener en su mente.

- Ha... Házlo, Kei-chan... Házlo.

Y ese sonido de explosión concentrada y precisa se dispersó en el aire de aquel estrecho callejón sin salida, rebotando sus ondas entre el silencio de esa fría noche, la última de Takaki.

[...]

- Nii-chan, ¿Vienes?

Ryutaro se volteó, encontrándose con Shintaro que le estiraba de la mano.

- Queremos hacerle algo a Yamada como fiesta de bienvenida, ¿Ne, Fuma-kun? - miró hacia su lado, donde estaba el chico.
- Hai. - le respondió éste.
- Kei, Daiki, venid también. - se volteó Kento para llamar a ambos chicos.

Y se dispusieron a caminar juntos.




- Yamada... Te amo...

El mayor sostenía sus muslos, mientras profundizaba en su interior de una manera suave y sin prisas, disfrutando de cada pequeño movimiento que hacía en su deliciosa estrechez.

El menor sollozaba, todo aquéllo había sido demasiado para él, estar haciendo el amor con esa persona que pensaba que jamás volvería a ver, era... como un milagro inconcebible.

- No te... vayas nunca más... De mi lado... Ah...
- No lo haré, por nada del mundo lo haría... Ah... Te amo, te amo con locura...
- Yamada... - su pecho se oprimió, y sintió el placer acariciar cada parte de su cuerpo con una intensidad que se incrementaba a cada segundo transcurrido.
- Chinen... mírame.

Le obedeció, alzando su cabeza antes recostada sobre el hombro de su amante.

Yamada observó durante instantes sus mejillas agitadas, sus ojos vidriados, sus labios siendo levemente mordidos, su cabello revuelto, los gemidos que salían de su garganta...

- Esta expresión es sólo mía... Ah... No se la enseñes a nadie más.
- No, sólo a ti...

Sus labios se unieron, mientras ambos cuerpos se movían en un mismo ritmo, tan suyo, tan íntimo.

Suspiros, placer, palabras sueltas y pasión; todo se mezclaba formando aquel acto al que ambos se entregaban, acalmando su sed del ótro, demostrándose con el cuerpo lo que las palabras ya no eran capaces de expresar.




Los ojos de Chinen se abrieron alarmados en medio de la noche, a la par que su cuerpo dio un brinco al inspirar intensamente todo el aire que pudo.

Y se relajó, al sentir unos brazos envolviéndole más efusivamente desde atrás.

- ¿Qué pasa?

La voz susurrante de Yamada era lo que más le tranquilizaba oír, lo que más deseaba.

- Nada. - sonrió y se movió, acurrucándose más en aquel abrazo.

Se percató de que seguían en la casita del jardín, hacía meses que no iba allí, desde lo ocurrido, aquel lugar le había recordaba demasiado a Yamada, por lo que prefirió simplemente no volver, tampoco tenía nada que hacer allí, puesto que había dejado ir a Yoru-chan, que rondaba por los alrededores y siempre venía a por sus caricias matutinas, y tampoco tenía por qué esconderse, pues Takaki ya no estaba.

Sí, eso era, ya no existía Takaki, no existían angustias; cuando despertaba ya no se encontraba dentro de una pesadilla, a partir de ese momento vería el rostro del mayor a su lado y viviría cada día con esa sensación vibrante aqueciendo su interior, haciendo que su corazón palpitase ininterrumpidamente, una sensación tan necesaria en su vida como el aire mismo; esa importancia tenía Yamada para él.

- Ne, Yamada...
- ¿Hmn?
- ¿Te puedo llamar Ryosuke?

El mayor rió.

- Claro, Yuri. - respondió en un susurro que agitó el pecho del menor.

Yamada depositó un beso en la nuca de Chinen, y sonrió, enredando sus piernas entre las del menor. Sentía como sus sentimientos les envolvían, tan fuertes y sinceros que llegaban a erizarles la piel.

" Ne, Reiko, a pesar de todo hay una única cosa que hiciste bien: Traerme a este mundo, darme la oportunidad de conocerle".

Enlazó sus dedos y cerró los ojos, esperando volver a adentrarse en su sueño, sólo para que, mañana al despertarse, el menor pudiera darle los buenos días.


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¿Os ha gustado? ¿Os ha gustado? ¿Os ha gustado? ¿Os ha gustado? ¡¿Os ha gustado?! ¡¡¿Os ha gustado?!! ¡¡¡¡¿OS HA GUSTADO?!!! *ardilla hiperactiva poseída*

Este fic ha resultado tener bastante relación con el título xD No sólo con el YamaChii, sino que es como una cadena de protección: Yama-chan protege a Chinen con la ayuda de Ryu que quiere proteger a Shin-chan por lo que le pide ayuda a Inoo, que quiere proteger a Dai-chan. Yess e.e xDD

Gracias a todas las que lo habéis leído, y gracias multiplicadas a las que habéis dejado comentarios, habéis sido mi motor para escribir, ¡Yeah! X3 En serio, gracias T__T me da penita que se acabe el fic, pero bueno, algún día tenía que llegar el final :3

Antes de despedirme quiero disculparme con Yuyan, que aunque sea ficción, no lo vaya a leer nunca y tampoco se entere de mis disculpas (XDD) Yo amo al Bakaki, (leed "Hai, Goshujin-sama" y lo comprobaréis) y lo que pasa es que le encuentro cara de macarra y no he podido evitarlo xD ¡Y también a los BEST! XD

Gracias otra vez a todas, y me gustaría, que como es el último capi, lo comentéis también... A ver qué os ha parecido...

En fin, me voy a bailar (?) xD
Séd buenas niñas, hasta pronto~~ (espero xD)

3 comentarios:

  1. bueno yo recien lo lei yodo el fis me emocione mucho con tu fics de la manera de querer matar a takaki me daban ganas de entrar al fics y matar a bakaki como pudo hacer sufrir tanto a yuri amo el yamachii yamada siempre quiriendo proteger a yuri estoy feliz de q al final puedan estar juntos amandose sin q nadie se intrponga en su relacion ame eeeel final espero q escribas mas yamachii gamabatte

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  2. Ok gracias espero hacer un buen trabajo, jeje tengo otro de hecho en este blogger ahí más yamachi creo? Ok no jeje escribiré uno más lindo,

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  3. Bueno para empezar me has hecho llorar como no tienes idea, pero me haz hecho feliz con el final, el desarrollo de la historia me encanto, todo tiene su recompensa...!!!
    *Ven, te daré mimitos para que te cures.* eso derritio mi corazon (que cursi soy verdad xD)
    Escribe + yamachii onegai!!! :)
    Felicitaciones y sigue asi! :P

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