martes, 15 de enero de 2013

ámame capitulo [ 9 ]

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bueno después de esperar un poco por el fic ¬¬ jeje, aqui esta el cap de ámame, espero no decepcionar a nadie y espero también que no me acecinen al final. se que me tarde pero tenia mis ideas un tanto enredadas pero ya las desenmarañe y aqui esta. me salio un poco extenso. XD


ámame IX

No había tiempo de llorar, las lágrimas se habían secado ya desde hace mucho y ahora solo quedaba dentro de mí un vació enorme en donde debería de ir el corazón. En mi mente solo había un pensamiento, hacer pedazos el corazón de aquel que me hizo perder algo maravilloso.

La incredulidad había pasado a segundo plano y ahora no me cabía duda que eras capaz de hacer cualquier cosa por cumplir tus caprichos, eras capaz de pisotear las ilusiones de otros por ver satisfechas las tuyas, no puedes querer a alguien y mucho menos amarlo, entonces ¿porque hacer todo esto…?¿porque yo?, porque me ofreciste tu casa cuando la mía había quedo reducida a cenizas a causa de un lamentable accidente, me diste un techo, me abrigaste y alimentaste y sigo sin comprender porque esa amabilidad hacia mí, si no sientes nada, si no te provoco nada mas que deseo. Pues el deseo es diferente al amor y yo lo e confundo durante mucho tiempo.

¿Por qué me elegiste como tú juguete? Habiendo tantos a tu alrededor que con el solo tronar de tus dedos estarían dispuestos a todo, pero fui yo a quien tu perversa cabeza eligió.

Muchos pensamientos inundan mi mente y ahora pienso que tal vez tú, causaste ese accidente y yo de idiota creyendo en tu bondad me aloje en tu casa a cambio de sacrificar mi felicidad.

Mi cabeza esta bombardeada por millones de incógnitas, no se si te odio, te aborrezco, pero de lo que si estoy seguro es en que te haré pagar cada lágrima que he derramado durante estos dos años, te haría pagar cada beso no recibido y cada caricia no dada. Te haría ver ahora si, el infierno sobre la tierra y no me importa quemarme contigo pues a estas alturas estoy tan embarrado como tú.

- ¡Daik!- me dijiste cuando el auto había parado – ¿estas bien?-

Te mire con una expresión que ni yo mismo sabia que podía tener, y tu rostro siempre sonriente dibujo una mueca de dolor.

- Lo estoy, ¡no podía estar mejor!-

- No estas bien, lo puedo notar en tus ojos-

- Jajaja, ahora te haces experto en mi persona, que puedes saber.- dije molesto, sentía que no podías comprender como me sentía y que solo eran palabras vacías.

- No te engañes a ti mismo, no te encierres en tu dolor, que el único que seguirá sufriendo eres tú-

- Bueno, que, también eres terapeuta o algún tipo de monje sabio, no intentes saber lo que siento- abrí la puerta del auto azotándola al bajarme y seguí mi camino hacia “MI CASA”-

Ingrese dando fuertes golpes a la puerta importándome poco el desorden que pudiera causar, cualquiera que se me atravesara en el camino pagaría las consecuencias.

Y mi primer víctima estaba a la vista cerca del comedor, camine en su dirección dispuesto a cualquier cosa, cuando detrás de mi escuche tu voz.

- Hola Daiki-

Un escalofrío recorrió mi cuerpo al llegar tu voz a mis oídos. Mi corazón comenzó a latir descontrolado, estaba emocionado pero no era a causa de felicidad, si no por el inmenso rencor que sentía.

- ¿Como estuvo tu día?- me preguntaste al tomar la correspondencia que te entregaban-

- ¡oh! Muy bien- sonreí maléficamente- me reencontré con yabu-

Tu rostro ligeramente palideció… sonreí por eso.

- ¿Y que te dijo?- caminaste hacia la sala entregándole las cuentas al mayordomo.

- ¿De verdad quieres saber?- intentaba jugar con tu mente.

- Claro,¿ porque no?-

- Me dijo muchas cosas interesantes-

- Así… te explico porque te abandono – eres increíble aun estando a punto de ser descubierto muestras es temple que odio-

- Si, me lo aclaro y me dijo muchas cosas interesantes que desconocía-

- ¿Y le creíste?- me interrogaste mirándome fijamente - como puedes confiar en sus palabras-

- No te preocupes ya quedo todo resuelto, quedamos como buenos amigos- ya tendría otra oportunidad de desenmascararte, pues ahora me es simplemente imposible, la herida es reciente y no tengo armas con que combatirte. Camine en dirección a mi habitación.

- Por cierto hoy hay una función de teatro, quieres venir- me sonreíste feliz, pero no caería en tus juegos ya no bebía de creerte nada.

Asentí fingiendo una sonrisa, seguí mi camino y me interne en mi dormitorio mi calabozo personal. Sentí muchos deseos de llorar, me es muy difícil ignorarte y no sonreírte o tan siquiera tocarte, tienes una facilidad para hacerme caer pero debo de resistirme a ti.



Llamaste a mi puerta cuando la hora asignada había llegado, ambos de esmoquin salimos juntos hacia el automóvil que ya estaba en marcha, gentilmente el chofer nos abrió paso pero yo me quede parado sin entrar.

- ¿Que ocurre?- te escuche decirme

- Estoy esperando a alguien, espero que no te moleste- sonreí

- ¿y? ¿a quien?-

- Oh ya viene, ya lo veras-

Hiciste una mueca de molestia al ver que, a quien estaba esperando era a sho, no dijiste nada y te bajaste del vehículo, por un momento creí que lo golpearías así que di un paso hacia delante, pero cual fue mi sorpresa al ver que le cedías el paso hacia el interior, intente seguirlo pero me detuviste y seguido de el ingrésate.

Los tres íbamos en silencio, no decíamos nada, tu en medio de los dos impidiéndonos la cercanía, por lo tanto no había modo de hablarle o bueno eso no me importo mucho.

- ¿Ya has visto la obra?- pregunte a sho sentándome en el borde del asiento.

- No aun no la eh visto- hizo lo mismo que yo y los dos quedamos frente a frente.

- Dicen que es muy interesante-

- Oh en serio, ya quiero verla- dijo sho, pero al ver tu rostro inexpresivo volvió a recargarte en el asiento.

Mantenías una postura con los brazos cruzados, mirabas al frente sin moverlos.

- ¿Y?... ¿tienes alguien que te guste?- sonreí pícaramente ante mi pregunta.

Tus ojos por fin se movieron y recorrieron todo el rostro de sho aguardando una respuesta y por lo tenso de tu cuerpo dependiendo de la respuesta le saltarías encima o no.

- Sí, hay alguien que me gusta-

Tus manos se movieron ligeramente

- Oh si- y se puede saber quién es-

- Lo siento es algo personal-

- Ohh que lastima quería saber- dibuje una sonrisa maliciosa

Cuando por fin llegamos al lugar bajamos del vehículo y nos adentramos en el teatro.

- Estas jugando con fuego- dijo sho acercándoseme sigilosamente para que no te dieras cuenta.

- Eso es lo que lo hace divertido-

- Terminaras quemándote – mi rostro se tenso y te voltea ver descaradamente.

- Ya lo estoy, no puedo quemarme más- y sin más me pegue a ti acercando nuestros cuerpos. Me miraste extrañado y de inmediato te alejaste dando un paso hacia a tras.

- ¿Qué? ¿me tienes miedo?-

- No digas tonterías, pero no me metas en tus juegos infantiles-

-¿Cuáles juegos?-volví a sonreí acercándome mas y cuando te vi venir mi cuerpo por impulso se lanzo contra sho. El por instinto me abrazo para que no callera pero eso fue suficiente para tus ojos, pues de inmediato te acercaste maldiciendo.

- respeta lo ajeno- gritaste lanzando un golpe, pero sho fue más rápido y pude esquivarlo.

- no quiero ningún enfrentamiento, pues no es lo que parece- concluyo muy serio.

- entonces que es, si lo estas abrazando- dijiste lanzando otro golpe. Sho lo detuvo en el aire.

- Es mejor que me valla, y no juegues con los dos- fue lo ultimo que me dijiste

-sho- fue lo que alcance a decir pues te perdiste entre la gente que entraba.

Me quede estático ante lo que había hecho, pero mi orgullo me impedía seguirte, sí querías largarte en lugar de ayudarme ese era asunto tuyo y si empezabas a sentir algo más por mí, también ese seria tu problema.

- Vámonos- me jalaste del brazo caminando hacia el vehículo Y de un empujón me metiste en él,

- ¿Que te sucede?- grite disgustado por tu brusquedad- a caso estas celoso-

- No digas tonterías- mirabas por la ventanilla ignorándome.

- Sí estas celoso, puedo notarlo- y acercándome ingrese mis manos por dentro de tu saco acariciando tu espalda por encima de la camisa. Acerque mi boca hacia tu cuello y comencé a besarlo dándole pequeños chupetones. Podía ver como tu cuerpo se tensaba a cada roce. Te giraste al no poder resistir más y me empujaste contra el sillón posicionándote encima de mí. Comenzaste a besarme con desesperación ingresando tu lengua hasta lo mas profundo de mi garganta, no podía negarlo ansiaba con todas mis fuerzas sentir tus manos y tu boca sobre mi cuerpo. Tal vez esta seria la última vez así que la aprovecharía hasta donde mas pudiera.

Tu mano se dirigió lánguidamente por encima del pantalón hasta el ciper, lentamente comenzaste a bajarlo y desabotonándolo. Pero detuviste tus movimientos.

- No es el momento ni el lugar- me dijiste volviendo a subir el ciper, te acomodaste la ropa y ayudaste a acomodarme la mía. Ante mi cara de descontento no pude poner mas objeción a eso y ,e recargué en la ventana viendo hacia la calle.

Ambos quedamos en silencio y a decir verdad era un silencio incomodo mucho peor que el que había experimentado hace rato en compañía de sho, sentía que cada segundo que permanecía dentro me asfixiaba respirando tu mismo aire, así, que decidí bajarme lo mas rápido posible a la hora que llegamos a la casa.

Baje presuroso sintiendo de inmediato la brisa sobre mi cara, escuche el portazo detrás de mi pero no tus pasos, así, que voltee buscándote pero te quedaste dentro del automóvil y asomándote por la ventanilla me dijiste que irías aun lado que no tardarías y que cuando regresaras terminaríamos lo que habíamos dejamos inconcluso.

No puse objeción a nada, seguí mi camino hacia el interior, estaba nervioso era una sensación extraña que invadía todo mi cuerpo. Era innegable que provocabas en mí un deseo grande.

Me quede parado frente aquella enorme puerta de madera, di un ligero suspiro y desvié mis pasos hacia otro lugar que no fuera dentro pues no quería enclaustrarme y sentirme mas solo de lo que ya lo estoy. Camine por los jardines pensando en todos los acontecimientos que habían pasado en ese día. Ingrese a aquel laberinto que alguna vez mandaste poner por puro capricho, pero nunca te has molesta en entrar.

Después de unos 15 minutos de caminar llego por fin al lugar que quería, es un pequeño kiosco adornado con maderas finas y de un color caoba. Alrededor hay pequeños estanques con peces de colores que brillan al contacto con el sol. Me siento a la orilla de uno y miro mi reflejo en aquella agua turbia.

- ¿Que haces aquí?- me dices al tiempo que mi cuerpo se estremece por tu repentina aparición.

- Me gusta este lugar- te digo alejándome de ti.

- A mi igual-

te miro con aprensión

- ¿Como llegaste hasta acá?-

- Crees que eres el único que conoce este sitio-

- Creí que así era-

Sonreíste aun más y me quede cautivado por esa sonrisa. Desvié la mirada pues de nueva cuanta estaba pasando no podía odiarte por mas que lo intentara no podía, podías fingirme todo lo que quisieras y aun así daría todo por ti.

Entro a la sombra del kiosco y antes de que pueda voltear me abrazas por detrás susurrándome al oído.

- Debemos terminar lo del automóvil-

- Creo que no es el lugar –

Aunque no te veo puedo deducir que has esbozado una sonrisa picara en tu rostro y eso en cierto modo me satisface.

- Cualquier lugar es bueno para hacer el amor- dices al tiempo que tu mano traza la curvatura de mis glúteos.

Dejo salir un suspiro ante aquel insignificante roce, recargas mi nuca sobre tu hombro y comienzas a acaricia mi cuello lamiendo mi lóbulo izquierdo. Con tus manos te encaminas por mi estomago pasando por vientre e ingresas una mano dentro de mi pantalón. Tiemblo al sentir tu mano fría sobre mi piel, las piernas me tiemblan y eso que aun no has hecho nada.

Desabotonas con agilidad mi camisa pero no me la sacas, solo te limitas a moverla un poco y comienzas a besar mis hombros.

Es impresionante como mi cuerpo reacciona a tus caricias, de inmediato mi piel adquiere un color rosa causado por la excitación que me provocan tus besos, mis pezones se han endurecido y mi piel se ah erizado dando paso a un poco de frio.

Mi respiración se ha vuelto irregular, mi pecho sube y baja a un ritmo acelerado y las yemas de mis dedos han comenzado a sudar. En mi mente ya no cabe ningún otro pensamiento que no este dedicado a ti, a este momento, no puedo negar que cuando me haces el amor, el mundo podría dejar de girar y no me importaría mientras me hagas tuyo.

Te amo, pues no existe otra explicación para mi patético comportamiento- “el amor ciega”- fueron las palabras dichas por mi madre hace ya mucho tiempo. Nunca creí en ellas siempre pense que esa gente debía de tener muerto el cerebro para dejarse guiar por el corazón en lugar de la mente. Bueno y aun sigo creyéndolo pues mi cerebro no reacciona cuando estoy contigo… solo mi corazón.

- ¡Oh por dios!- grito al sentir como aprietas mi miembro con tu boca, no supe como has llegado hasta ahí, pero el sudor ahora se a apoderado de mi cuerpo por completo. La succión de tu boca sobre mi ya duro miembro, es una mezcla entre dolor y excitación, quisiera separar tu boca de mi carne y dejar que se calme un poco pues mis muslos han comenzado a temblar, pero no debo pues seria un error garrafal privarme de mi ultimo acto contigo.

Lo disfrutare y hare que lo disfrutes al máximo. Hare que te arrepientas el resto de tu vida por haberme tratado así, te lamentaras el haber dejado escapar a la única persona que en verdad te amo y te amara. Pues no puedes aspirar a nada mejor que yo, porque está claro que siempre que buscaste el calor en otro lado regresabas a mi en busca de lo que los demás nunca podrán darte.

-ahhh inoo sigue- gimo al sentir como aprisionas mis pezones con tus dedos. Lames cada centímetro descubierto de mi piel y yo no hago más que morderme el labio para no gritar del placer.



Estas desesperado por poseerme pues puedo notarlo en ese aroma que solo yo puedo percibir de tu cuerpo, es una sutil esencia que me embriaga hasta perder la razón, lamo el sudor que se ah formado en tu pecho saboreando hasta cada centímetro. Me embriaga tu sabor y olor hacen que pierda la cordura.

Te has desnudado, sin mi ayuda y, eso me causa un poco de molestia pues quería ser el que disfrutara de ese instante.

El momento que estaba esperando por fin había llegado, no era lo que esperaba pues quería que hubiera mas sensualidad en el asunto, pero estas mas ansioso por verte satisfecho que yo no importo, ya ni siquiera puedo molestarme, estoy acostumbrado.

Me acuestas sobre aquel piso frio y te posicionas en mi entrada jalando mis caderas hasta haberme penetrado por completo, siento un ardor lacerar esa zona a cada movimiento que realizas. Cierro los ojos al comenzar a sentir ese oleaje de placer mezclado con el dolor.

Me muerdo el labio al sentir el rozar de tu miembro con mis paredes, se siente realmente exquisito hacer el amor contigo, sigues moviéndote, primero pausadamente disfrutando de esa sensación placentera, arqueas tu cuerpo a cada penetración y dejas salir al igual que yo ligeros gemidos de placer. Ante esto aprieto mis caderas haciendo mas estrecho mi conducto.

- Ahhhh..Daiki, no hagas eso- dices al momento en que tu miembro se deslizaba hacia dentro. Sonrió al ver que pude sacarte esos gemidos y sigo apretando mis glúteos a cada vaivén tuyo, me duele y mucho pero vale la pena.

-mmm... inoo, no te detengas- gimo moviendo mi cabeza de un lado al otro

- estas muy estrecho- dices con la voz entrecortada.

La excitación crece a cada palmo y estoy a punto de llegar al clímax, se que lo has notado pues aceleras el ritmo de las estocadas y entre gemidos de ambos descargas toda tu esencia en mi interior, pero, al ver que aun no lo hecho comienzas a succionar con tu boca mi miembro, estoy al borde de la locura y en dos succiones mas me vengo dentro, tragas todo mi liquido y te saboreas la boca ante mi cara de vergüenza.



Te recuestas sobre mi, dándome calor pues la tarde ya se esta poniendo. Deslizo mis dedos por tus cabellos húmedos por el sudor.

Nuestras respiraciones comienzan a ser regulares, pones tu cabeza en mi pecho y dices algo que me deja en shock.

- ¡Te amo!- dices

Una oleada de excitación vuelve a crecer dentro, es un dolor en mi pecho difícil de explicar – “te amo”- resuena en mi cabeza como mil tintineos a la vez. Cierro mis manos en un puño y de un empujón te bajo de mí.

No puedo decir que es odio, pero es un sentimiento aterrador, no puedo creerte, esas palabras no me dan ningún alivio, ni emoción, son palabras huecas, sin sentido, solo han logrado hacerme enfurecer.

- No digas cosas que no entiendes- grito levantándome del suelo. Me miras desconcertado.

- Te eh aceptado todo, que me utilices, que solo sea tu juguete, pues se que solo es deseó… pero que me finjas amor a este grado… no puedo sopórtalo.- te grito parándome frente a ti y sin mas te confiero una bofetada, de inmediato me la regresas.

- ¿Que pretendes?- te digo sobándome la parte en donde me golpeaste- crees que de esa manera me tendrás seguro, crees que tu juguete se cambiara de dueño.

- ¡Tienes razón!- me dices ya enojado, que bien me conoces, solo quería ver que hacías, haber si te tragabas ese cuento tan barato como lo es el amor y, lo que respecta a tener miedo de que te vallas, no, no lo tengo, eres un perro sin dignidad que regresa a mí aun cuantas veces te halla pateado. No vales nada como persona porque aunque lo intentes nunca podrás alejarte de mi, porque, a comparación mía, tú si me amas-

Te acercas tomando mi rostro y dándome un beso te alejas, escupo lo que quedo de tu saliva y mis manos comienzan a temblar. Estoy furioso corro hacia ti y te empujo con todas mis fuerzas, forcejeamos un poco, me tomas por las muñecas y me regresas a mi sitio con violencia, pero retorno como un resorte y vuelvo a empujarte, das un traspié y ambos perdemos el equilibrio cayendo al agua estrepitosamente, me levanto antes de que lo hagas pero el peso de la misma hace que me sea difil levantarme pues soy el único con un poco de ropa todavía. Cuando por fin lo logro te lanzo una patada con todo al rostro y caes hacia atrás sobándote la mandíbula, en tu rostro hay un inmenso coraje y muy decidido te lanzas hacia mis pies tirándome al agua, tomas mi cabeza y la sumerges durante unos escasos segundos que para mi son como una eternidad y vuelves a sacarla a la superficie. Doy una gran bocanada de aire llenado mis pulmones de aquel preciado gas, pero apenas si me da tiempo de obtener lo suficiente pues de inmediato vuelves a hundir mi cabeza. Puedo escuchar algunas de tus palabras mientras muevo mi cuerpo con desesperación para que me sueltes.

- ¡¡No me retes!!- dices volviendo a sacar mi cabeza. Toso un poco del agua que ah entrado a mi boca pues necesito expulsarla como sea.

- Que te quede claro quien manda aquí y que no eres mas que un objeto para mi, solo eso- concluyes empujándome sin miramientos levantándote de inmediato, te sales buscando tu ropa para luego alejarte sin mirarme siquiera.

Me quedo ahí, sin moverme, el agua escurre de mis cabellos y la camisa se a adherido a mi cuerpo, comienzo a titiritar de frio y busco con la mirada mi ropa, la encuentro en el lugar donde me la quitaste y aun mojado me la pongo. Me dejo caer , sintiendo un dolor lacerar mi corazón, busco entre mis cosas mi móvil, necesito de alguien que me ayude a sobrellevar esto, pues no pudo hacerlo solo.

- Sho – digo sintiendo un gran alivio al escuchar su voz - te lo suplico ven, por favor- le digo a punto de soltar el llanto, pero intento ser fuerte. Se que no puedo engañarte pues no pusiste objeción aun sabiendo que inoo puede estar en la casa.

No se como eh llegado a mi habitación, ni siquiera me preocupo por encender la luz pues el camino ya me lo se de memoria y la luz de la luna me bastaba para mirar. Estuve conteniéndome por mucho tiempo pero ahora ya no podía, todo lo que tenía a mi alrededor me causaba frustración, todo me recordaba ati, ante mi paso se cruzo la mesa de centro y como si esta me hubiera hecho algo malo la lance con desesperación contra el ropero que tenia enfrente, el espejo cayo en pedazos con un estruendoso sonido. Pero mi enojo no podía ser calmado con eso, levante de nueva cuenta la mesa y la estampe contra la cómoda, mi cólera aumento al ver que la mesa no terminaba de romperse y que las cosas de encima no había caído, sentía como si se estuvieran burlando de mí, de mi pesar, de lo estúpido que siempre e sido. Me acerco de nuevo y empujo todo lo que hay encima tirándolo al suelo, pateo todo a mi paso y buscando nuevas cosas con que desquitarme, me acerco a la cama, la destiendo y desgarrando prenda por prenda lanzándola por el balcón. Las cortinas que antes lucían hermosas en la percha, ahora cubren el suelo.

Regreso al interior buscando otra que cosa que pueda calmar mi tristeza, miro el pequeño buro que hay al lado de mi cama y me lanzo hacia el con deseos de hacerlo trisas, llego hasta ahí y lo vuelco sin ningún miramiento y le doy una patada dando esta varias vueltas antes de quedar estatica. De nueva cuenta mis ojos se posan en el espejo de la cómoda, no puedo mirar esa imagen, mis cabellos cubren por completo mis ojos, tengo una mirada desorbitada que incluso a mi me aterra. No puedo seguir mirándome y cojo la mesa alzándola sobre mi cabeza y cuando estoy a punto de lanzarla, sho la detiene en el vuelo.

- ¡¿Que demonios haces?!- sho me pregunta con preocupación al ver el desorden que hay en el cuarto como si un huracán hubiera paso por ahí. – ¿daiki que sucedió?- me dices tomándome por los hombros-

- Estoy remodelando mi habitación- lo digo con la locura reflejada en mi rostro –¡¡¿ no te gusta?!!- tu semblante no refleja nada, solo incomprensión.

Al ver que no respondes, me quedo mirándote por unos segundos- eres bello muy bello y como si de un imán te traces, me lanzo hacia ti aprisionando tus labios contra los míos. Intentas zafarte de mi agarre pero en ese preciso momento soy más fuerte que tú.

- Ámame- te digo colgándome de tu cuello, y tú poco a poco comienzas a ceder.

- Te lo suplico solo ámame- mi lengua se abre paso por tu boca inundándola de inmediato por mi saliva, la tragas con dificultad pero no dejas de besarme, ante tal excitación me empujas sobre el buro dejándome sentado encima. Acaricias mis cabellos húmedos pero los besos no cesan, tus manos se encamina por debajo de mi camisa aun mojada y yo intento sacarte el saco que llevas puesto.

- ¿Qué demonios haces?- escucho tu voz y poco a poco me separo de sho para encararte.

- Nada que te importe- digo ásperamente.

- ¡¡Eres patético!!- dices al tiempo que sales de la habitación.

Alejo a sho de mi lado y me bajo de aquel mueble. Salgo del cuarto pisándote los talones.

- ¡¡Quiero que se largue de mi casa!!- me dices al entrar en tu habitación.

- No, el no se ira hasta que hagamos el amor-

- Por mi pueden revolcarse en donde quieran, pero no en mi casa-

- ¿Porque no?, si tu puedes revolcarte con tus amantes acá, porque yo no pudo-

- Porque solo eres un recogido, que no tiene ningún derecho- Daiki enmudeció y sintió deseos de llorar.

- Eso es lo que siempre has pensado, entonces porque, porque me elegiste como tu juguete-

- No seas infantil, no fue por nada en especial, no te creas tan importante, había muchos en donde escoger, pero tu eras el mas ingenuo o mejor dicho el mas tonto-

- Y por eso me alejaste de la persona que quería-

- No tengo idea de que hablas- mi pecho subía y baja, realmente estaba llegando a mi limite y no sabia como podría acabar esto.

- No lo sabes- grito fuera de mis cabales, camino hacia tu mesita de noche y de un jalón saco el cajón esparciendo el contenido en el suelo, busco a tientas aquel sobre y al encontrándolo te lo lanzo a la cara.

- Hablo de eso- tu rostro de tensa un poco y lentamente sacas las fotos de su prisión. Tragas un poco de saliva y me diriges una mirada retadora.

- ¿Que quieres que te diga?-

- Solo dime porque-

- Deberías de agradecerme de haberte librado de ese perdedor- dices tirando las fotos al suelo.

- No hables así de él- grito furioso

- ¿Que… aun lo quieres?, pues lárgate con el, debí de haberme librado de ti desde hace mucho tiempo, pero me causabas lastima.

Algo en mi interior crujió estrepitosamente, el sentimiento de odio, de enojo, de tristeza se fusionaron en algo mas grande y difícil de explicar. Mi mente se nublo, quedo por así decirlo sumida en la obscuridad. Retrocedí unos pasos me agarre la cabeza cerrando los ojos, no podía concebir tanta basura dentro de ti, eres una alimaña que debía de ser exterminada como fuera. Te empujo con todas mis fuerzas lanzándote a la cama, me quedo prendado de tu ropa mirándote fijamente.

- Te odio- apenas si las palabras pueden salir de mi boca que tiembla de coraje, tienes mas fuerza que yo eso lo se desde hace mucho, así que poco a poco te vas soltándome de mi agarre y me lanzas al suelo golpeando mi cabeza con la mesa de centro. Te levantas dispuesto a darme una buena lección pero antes de que puedas acercarte mas estiro mi mano amenazándote con unas tijeras.

- Deja esas tijeras- Dices dando un paso hacia atrás como temiendo que pueda hacerte algo malo

- ¡YO SI TE QUIERO!- grito con las lagrimas rodar por mi mejillas – ¡me enamore de ti como un loco!, tanto así como para olvidarme de mi dignidad y vivir del poco afecto que me brindabas, pero ahora no tengo ni eso- aprieto con más fuerza ese utensilio- no tengo nada- Por un momento puedo ver en tu rostro algo parecido a un sentimiento.

- ¿Porqué inoo?, solo necesito saber porqué nunca me amaste. porque no pudiste enamorarte de mí.

Abro las tijeras ante tu silencio y la acerco a mi muñeca, pones una cara de sorpresa y los pasos que habías dado hacia atrás ahora los diriges lentamente hacia mi.

- ¡Baja eso! – me dices estirando la mano, como si con eso evitaras que me haga daño.

- ¿Ahora te preocupas por mí?- sonrió débilmente.

- Baja eso- dices dando otro paso hacia mí.

De un movimiento deslizo ese filoso utensilio sobre mi piel, puedo ver como poco a poco se abre mostrando ese líquido viscoso que se derrama por mi mano y cae en cascada hacia el suelo. El dolor de mi pecho desaparece y en su lugar queda esa sensación placentera que brotaba de mi mano.

- ¡Daiki no!- gritas intentando acercarte, pero te amenazo extendiendo las tijeras.

- No me digas que ahora te importo- la locura se a apoderado de mi ser, no puedo razonar- o es solo que no quieres que manche tu carísima alfombra-

- No digas estupideces, claro queme importas como no podrías si yo… si yo, yo te quiero, te amo-

Sonreí maniáticamente al escuchar esa estupidez.

- Ya no soy estúpido, no me tragare ese cuento- zarandeo las tijeras en señal de protesta

- Es la verdad- me gritas desesperado

- Solo quieres tener tu conciencia tranquila y…- de momento ciento un mareo y todo a mí al redor se mueve. Aprovechas ese descuido y te abalanzas contra mí.

- Suéltame- grito forcejeando contigo, te empujo y vuelves a acercarte tomándome de una mano al tiempo que encajo las tijeras en tu pecho, sueltas un quejido mientras aferras con fuerza tu mano libre en mi hombro.

Me miras con desconcierto y yo aun no pudo creer lo que acabo de hacer, das unos pasos hacia atrás y caes el suelo, jadeante por el dolor.

Entro en pánico me acerco corriendo en tu auxilio y me pongo en cuclillas a tu lado.

- Inoo, despierta – grito con desesperación poniendo mi mano en la herida para que deje de sangrar- no te duermas- poco a poco abres los ojos mirándome tiernamente.

- Perdóname por todo- me dices acariciando mi mejilla, una lagrima se pierde entre tus dedos-

- Un medico- grito desesperado mirando hacia la puerta, cuando regreso la mirada, ya no te mueves, no haces ningún movimiento.

El mundo se detiene en ese momento, mi corazón parece querer salirse de mi pecho y no hay nada que mi mortal existencia pueda hacer. Tomo entre mis manos las tijeras, estoy llorando descontroladamente ante tu cuerpo que no respira. Poco a poco importándome ya nada deslizo con firmeza las cuchillas de las tijeras en mi otra mano. Sonrió al sentir esa calidez y me recuesto a tu lado, tomo tu mano y la aprisiono para no soltarla.

Con la poca conciencia que me queda, escucho pasos presurosos que se acercan, en el umbral aparece sho que muestra su terror al vernos. Puedo escuchar que grita, pero no tengo las suficientes fuerzas para poner atención. Mis parpados pesan y un sueño invade mi cuerpo.

- ¡¡Resiste!!- escucho decir, cierro los ojos y una sonrisa se escapa de mi rostro antes de no volverlos abrir.

 
"Odio haber mal gastado toda mi vida amándote como lo hice y me odio a mi mismo por no haber podido terminar con esto a tiempo, cuando solo era de sacar un pedacito de coraje para decir “terminemos” pero, ya no se puede hacer nada, tendré que llevar para siempre el remordimiento de haber podido detener a tiempo algo que no tenia futuro"  cita

kimiwo mamoru tameni capitulo 8 [ final]










Kimi wo Mamoru Tame ni (Cap. 8) ~final~
Hola gente, ponys y maripositas rosas e.e (?) Primero de toooodo perdón por tardar taaaanto en subir conti, es que me tomé un mes de vacaciones por escasez de inspiración y luego me auto-obligué a escribir porque sino... xD

Pasando a otra cosa:

¡Ya llegamos al final de Kimi wo Mamoru Tame ni! Sep, este es el capítulo final, y es larguíííiiiiiiiiiiiiiiiisimo xD lo siento (por esto también es por lo que tardé) *cofcofnodesexcusascofcof* En fin, espero que sufráis mucho leyendo xDD y aunque haya un momento en que queráis sacarme los ojos, sólo seguid leyendo, yo estoy bastante lejos de la mayoría de vosotras así que no me preocuparé xDD

Este capítulo está narrado en tercera persona ya que necesitaba más libertad y quería darle una alegría a las que les gusta el KikuJima y el MoriMori.

Ah, pido perdón por el vocabulario empleado y la violencia y bla, bla, bla, blaj...

Ya paro de escribir imbeciladas y os dejo leer xD

Doozooo~~~




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Kimi wo Mamoru Tame ni
[Por Protegerte]

Capítulo 8


Nakanaide
[No llores]

El día comenzó pero Chinen no quería salir del cuarto. Todavía sentía las manos de Takaki sobre él, y éso le revolvía de una manera horrible el estómago, como si éste mismo quisiera salir por su boca, y empezaba a temer que pudiese acabar siendo así.

Escondido de los rayos del sol bajo las sábanas de su cama venía a su mente, lo diferentes que fueron las lágrimas derramadas el día anterior, las náuseas que sintió, y justo entre medio de lo ocurrido ayer con Takaki, apretujado en su caja de memoria, lo bien que se sentía estar bajo el cuerpo de Yamada, su amado Yamada, ese ser que le producía infinitas sensaciones en lo más profundo de si.

E inmediatamente aquel sentimiento vino a él a martillazos contundentes; ése mismo de siempre, sólo que ahora aderezado con una pizca de lo que Chinen neciamente identificaba como infidelidad, puesto que era la palabra más cercana para aquella extraña situación.

- ¡Bú!

El colchón chirrió cuando aquel peso repentino saltó sobre él.

- ¿Todavía duermes?

Yamada, al no ver reacción en el otro chico decidió destaparle lo que le cubría el rostro.

- Buenos días. - sonrió. - ¿No piensas levantarte?
- Buenos días... - intentó sonreírle, por lo menos lo intentó.

La expresión del mayor cambió de inmediato.

- ¿Pasa algo? - dijo extrañado.
- No me encuentro muy bien, sólo eso. - se volteó, dándole la espalda, si tan mala cara tenía no quería que él le viese así.
- Hum...

Chinen escuchó los zapatos de Yamada caer en el suelo desordenadamente, pero no se dio cuenta de ello hasta que éste ya estuvo acomodado entre sus sábanas.

- Yam... - intentó voltearse.
- Ven, te daré mimitos para que te cures. - le interrumpió, impidiendo que se diese la vuelta al abrazarle por la espalda.

No pudo evitar que aquella frase le sacara una risita que enrojeció ligeramente sus mejillas.

La calidez del mayor le envolvía, sentía su aroma, su respiración y sus besos en su cabello. Y la idea de impedir que se tumbara en la misma cama donde horas antes había estado con Takaki se esfumó inmediatamente. Sonrió, sorprendiéndose con la facilidad en que aquella persona hacía que todo se volviera tan sencillo, tan claro.

- Chinen, ¿Sabes que estaré aquí, verdad? Siempre.

Sus palabras entraron en su oído, como una fina ráfaga de viento que erizó cada centímetro de su piel.

- Siempre estaré a tu lado. Nunca te dejaré, no lo olvides.

Chinen, desde esa posición en la que el mayor no podía verle, se mordió los labios, cerrando sus párpados con fuerza para intentar así retener lo que amenazaba con inundar sus ojos.

Se sentía tan mal... realmente estar así con él sólo agravaba más el hecho de haberse dejado hacer éso por esa persona... se sentía, ahora, incluso peor que en aquel momento.

¿Y si se negaba? Sufriría las consecuencias, lo sabía, pero aun así... en esos momentos le parecía más atractiva esa idea que simplemente cerrar los ojos y dejarse hacer como siempre, porque ahora sabía que, después, le costaría mirar aquellos ojos tan llenos de cariño y sentimientos a un nivel que él no podía alcanzar, no mientras eso siguiera, no mientras no fuera merecedor de todo aquéllo.

Se volteó, buscando ese contacto entre sus labios tan significativo para ambos, uniéndolos y disfrutando del ótro, aún cuando aquel pequeño y oculto dolor se escondía en cada uno de sus corazones de una forma diferente.




Se dirigió a la mesa, era hora de cenar y le hacía cierta ilusión, puesto que por razones obvias, no podía pasar todo el tiempo que quisiera en compañía del menor, las comidas eran la excusa perfecta para verse.

Chinen caminaba con pesadez por los pasillos, no se veía con ánimos para nada, pero pensó que por lo menos debería comer, quería ver a Yamada y tampoco quería preocuparle demasiado. Atravesó la puerta y se sentó en su asiento habitual, aparentando su habitual individualidad y su habitual inexpresión. Pero Yamada sabía que esa persona frente a él ya no conservaba aquella, ahora, fingida habitualidad, que de tan sólo mirarse, seguramente también sentiría esos pinchazos en el estómago.

El mayor se preguntaba cuándo había empezado a sentir algo tan inmensamente fuerte por esa persona, cuándo lo único que miraba, no; lo único que veía... era él, eran sus ojos, sus labios, el movimiento que hacía su cabello cuando lo mecía el viento, sus manos colocándoselo tras la oreja cuando ésto ocurría, su forma tan delicada de coger la comida, sus piernas balanceándose sin llegar al suelo cuando estaba distraído, sus dulcísimas expresiones que sólo a él dedicaba, sus mejillas enrojeciendo desde el centro y luego extendiéndose poco a poco, sus pucheros inconscientes al llorar, su voz diciendo su nombre... Eran tantas cosas, tantas que componían al Chinen que él amaba que la lista jamás acabaría.

Los pensamientos de Yamada fueron interrumpidos por los pasos de Takaki encaminándose hasta su mesa. Pasó por su lado y se inclinó sobre el menor, posando una mano en su hombro mientras le decía unas palabras al oído, como tantas veces había hecho.

Se miraron, disimuladamente desde un ángulo bajo. Yamada rompió el contacto visual primero, no quería ver aquéllo, no quería ver como Takaki se llevaba al pequeño, a ése que él ya empezaba a creer sólo suyo, pero tampoco podía detenerle, no, todavía no había llegado el momento. Chinen sintió una extraña electricidad erizar en una oleda su cuerpo al ver los ojos del mayor fijarse en su plato. Tragó saliva, y agarró con fuerza la tela de su bermuda.

- N... no.

Aquéllo... ¿Lo podría entender alguien? Fue un "no" tan débil, tan temeroso.

- ¿Qué has dicho? - soltó aquella voz, aunque ya lo hubiese logrado oír.
- Que... no.

Tampoco le miró esta vez, pero pudo saber que aquéllo había llegado a sus oídos porque su mesa entró en un silencio profundo y para él, ahora, sombrío.

- No estoy para bromas, venga levántate ya, joder.
- Te ha dicho que no.

El asiento de Yamada chirrió contra el suelo al levantarse, mas fue el golpe contra la mesa lo que acalló por completo aquel comedor al alzar la voz en esa frase.

Silencio, un silencio breve en el que aquellas miradas se clavaban en los ojos del ótro. Pero Yamada no se echaría atrás, una mirada no le intimidaría.

La risa de Takaki estalló, como si la hubiera estado guardando dentro. Posó la mano sobre su estómago, sin poder detener las carcajadas. Todo el mundo esperaba, sorprendido y expectante, la continuación de aquella escena, sin embargo no llegó, en cuanto Takaki se apaciguó un poco hizo un movimiento con la cabeza a la mesa de atrás, indicándoles la salida, quienes acudieron de inmediato, para seguidamente atravesar la puerta.

Y sus ojos se hablaron, aliviados, victoriosos, y escondiendo algo de temor.




- Ne... Nii-chan... tengo un mal presentimiento.

Las siluetas de esas dos personas se ocultaban rodeadas por los arbustos del interior del jardín. El mayor, sentado con la espalda recostada sobre el muro que delimitaba el centro, ascendió sus besos desde cuello del pequeño hasta llegar de nuevo a sus labios, donde depositó un suave toque, para luego hacerse espacio entre su cavidad, enredado sus lenguas suavemente. Shintaro, acomodado sobre su hermano, rodeó con más ímpetu su cuello al sentir aquella conocida sensación tintinear en su estómago.

- No te preocupes, no pasará nada. - dijo, mientras movía la cabeza de un lado a ótro para rozar la punta de su nariz con la suya en una dulce caricia - levántate la camiseta. - susurró, tan cercanamente a sus labios que se rozaron con levedad, y antes de alejarse de ellos los presionó ligeramente con los suyos.

El pequeño le obedeció, y cerró los ojos fuertemente al recibir sobre uno de sus botones rosados una humedad que le producía escalofríos placenteros en todo aquel cuerpo que el mayor acercaba de la cintura con sus manos, provocando que Shintaro se inclinase levemente hacia atrás.

- Pero Nii-chan... - suspiró, mientras enredaba sus dedos en el cabello de su hermano, que hacía círculos con la lengua alrededor de aquella parte tan sensible de él.
- Yamada es fuerte, todo saldrá bien. - dijo mientras se dirigía hacia el otro lado de su pecho, dándole la misma atención que había sido ahora sustituída por unos dedos toqueteando con destreza la zona abandonada.
- Ah... - su piel se erizó al notar aquella leve presión atrapar su pezón con los dientes.

Ryutaro sonrió ante esto, mientras, ahora, succionaba. Empujó su lengua contra ese pequeña parte sobresaliente un par de veces, y volvió a succionar, para luego alejarse, dejando que sus ojos se deleitasen con la imagen angelical de aquel pequeño cuerpo sobre él.

Pasó las manos por sus muslos, ascendiéndola por el contorno de su cadera sobre esa piel pálida, observando cada diminuta diferencia en su expresión al hacerlo, cada cambio que hacían aquellas facciones que empezaban a asemejarse tanto a las suyas. Su pecho subía y bajaba en una sonora y profunda respiración mientras sus manos mantenían aquella camisa alzada, enseñándole tan provocativamente aquellos húmedos botones ahora tan rojos y prominentes, ¿Por qué ese cuerpo le era tan deseable? ¿Por qué los movimientos del menor le parecían tan eróticos? Éso le hacía sentirse como un ser macabro, había corrompido la mente y el cuerpo de nadie menos que su propio hermano, tan pequeño, tan frágil... tan suyo. Le amaba, sin embargo las sensaciones que en su mente se daban ante este sentimiento no eran agradables. Se preguntaba si su madre, su querida madre, desde el cielo estaría viendo lo que ocurría, si estaría horrorizada, si le odiaría.

"Oka-san, perdóname".

Y aunque había intentado frenar esa situación, le fue imposible, ambas partes se atraían con una fuerza contra la cual ni siquiera él mismo se veía capaz de luchar.

- Shin-chan... Te quiero.

Volvió a buscar aquella cercanía entre sus bocas, a jugar con suavidad y lentitud con la lengua del menor.

¿Qué tipo de hermano se suponía que era? ¿Por qué demonios no podía cuidar de él de una forma normal? Estos sentimientos tan profundos, crecían cada día más, junto al temor de perderle, junto a aquella sensación de que dentro de unos años todo éso se quedaría en el pasado, en los recuerdos turbios de su hermano pequeño, se convertiría, tal vez, en recuerdos que él no quisiese tener, y acabase odiándole, y se sintiese engañado, sintiese que alguien que debería haberle protegido se había aprovechado de él, sí, seguro que cuando se percatase de que aquéllo era una locura le abandonaría, aunque, en realidad el menor era totalmente consciente de lo que hacían, a diferencia de lo que su sobreprotector hermano mayor se empeñaba en insistir, ya tenía edad de sobra como para entender que aquéllo estaba mal, pero en cambio era demasiado joven como para evitar que su conciencia se interpusieran en sus sentimientos. Los efectos que en su interior se daban eran demasiado buenos, demasiado dulces como para que su mente lo tachase como erróneo, y, tan despreocupadamente, dejaba a un lado aquel, para él, insignificante lazo sanguíneo, llenándose en su lugar de la suavedad de los besos de su hermano, de sus caricias y sus palabras, porque para Shintaro él era el todo y el nada; el siempre, había creado una extraña dependencia por su hermano mayor desde pequeños, desde que no podía dormir si no fuese abrazándole, por lo que ni siquiera podría imaginarse una vida sin él, y, cuando lo hacía, un pinchazo en el corazón le devolvía a su dulce realidad, esa en la que Ryutaro le abrazaba fuertemente asegurándole que sólo había tenido una pesadilla, esa misma realidad en la que una única persona, una que tenía incluso más protagonismo que él mismo en su propia vida, estaba siempre ahí diciéndole cuánto le amaba, llenando cada hueco de su existencia hasta desbordarse. Sí, Ryutaro para el menor era alguien insustituible, y estaba seguro de que, no importaba cuántas veces volviese a nacer, se enamoraría de él en todas ellas.

- Nii-chan...

Shintaro cogió la mano de su hermano, y la besó, para luego entreabrir sus labios, rozando la parte húmeda del interior de éstos al pasarlos sobre sus dedos, abrió más la boca y se introdujo uno de aquellos dedos en su cálida cavidad. El cuerpo de Ryutaro reaccionó de inmediato, aquella imagen tan excitante, aquella sensación de agudo placer recorriendo sus entrañas... Sólo aquel ser podía provocarlas.

Shintaro notó el volumen endurecido que se había formado bajo los pantalones del mayor, y detuvo su labor, abrazándose al cuello de su hermano para hundir su rostro en su hombro, mientras, con sutil naturalidad, hizo una pequeña fricción entre sus entrepiernas.

- Nii-chan, ¿Quieres entrar en mí?
- Shin-chan, ya lo hemos hablado. - suspiró.
- Demo...
- Shh...

Ryutaro alzó el mentón del menor, y cuando tuvo aquel ruborizado rostro frente a él sonrió, depositando un delicado y tranquilo beso en sus labios.

La verdad era que, ¡Demonios, le deseaba! deseaba tanto hacerle suyo que a veces se temía a si mismo, pero no podía, simplemente sería una locura, un acto demasiado imprudente. Descendió entre besos hacia su cuello, percatándose de los suspiros que salían de aquella boca, de los tenues gemidos que acariciaban su oído, y que le agitaban todo el cuerpo. El menor hacía livianos movimientos sobre él, rozando aquellas partes tan sensibles de ambos. No... No podía hacerlo, pero quería, en esos momentos tenía que activar su autocontrol, el cuerpo de Shintaro era demasiado pequeño, él en si era demasiado pequeño para experimentar aquéllo, se le haría el doble de doloroso.

Ryutaro desabrochó el botón de su bragueta, si no se ocupaba con alguna cosa acabaría por hacer algo que no debería. Rozó con las yemas de sus dedos la erección del menor en una leve caricia sobre la tela de su ropa interior.

- ¡Ah...! - salió de los labios del Shintaro a la par que estrujaba la sudadera de su hermano.





- ¿Has oído eso? - dijo Fuma, dirigiendo su mirada hacia los arbustos tras de si, mientras apretaba inconscientemente más fuerte la mano de Kento.

Paseando por los alrededores, se encontraban ambos chicos, caminando sin prisas por aquel jardín.

- Sí, es el fantasma de ayer, que ha vuelto a por ti~~ - soltó en tono sombrío Kento, mezclado con un toque de sarcasmo que se agudizó con la pequeña risa que sonó para finalizar.
- ¡Te he dicho que no le tengo miedo a esas cosas! - se soltó de su mano para propinarle un golpe leve en el brazo y adentrarse en el centro.

Kento rió siguiéndole, le hacía gracia ver cómo Fuma luchaba por mantener su pequeño miedo en secreto, dándole tanta importancia a algo que a él le parecía adorable.

- Entonces debería ponerme contento, ayer también viniste a dormir conmigo por impulso propio, ¿No?

Le volvió a atraer a si de la nuca, para besarle la sien.

- Mou, Ken-chan... - le riñó el menor.

Éste rió, dando por finalizado su pequeña tortura, y sabiendo que aunque lo negase, Fuma sí le temía a los fantasmas, a la oscuridad y todo lo referente a ello, y él agradecía este hecho, ya que era lo que había impulsado al menor a aquella ahora habitual costumbre de colarse en su cama por las noches, una costumbre que en un principio fue el desencadenante a esa tan preciada relación.

La mano de Fuma volvió a buscar a la de Kento disimuladamente. El mayor posó sus ojos en él y rió ante su enternecedora mirada algo avergonzada dirigiéndose hacia delante, con aquel claro tono rojizo emergiendo en sus mejillas. Kento tiró de esa mano, y en una fracción de segundo el cuerpo del menor ya se encontraba atrapado entre él y la pared, dejándose llevar por aquel beso repentino.

- Ken-chan... - sonó su voz, temblorosa, entre aquel beso.

Kento tocó gentilmente sus labios con los de él para finalizar y le sonrió.

- Lo haces a propósito, ¿Verdad? Eres demasiado adorable.

Fuma agachó la cabeza, avergonzado, de verdad que él no intentaba parecerlo, sólo que el mayor tenía una percepción algo extraña de aquel adjetivo.

Kento rodeó sus caderas, alzando en el aire el cuerpo de Fuma, quien enseguida afianzó sus piernas a las caderas del mayor, envolviéndole también con los brazos.

- No me gusta que me lleves así... - murmuró apoyando su barbilla en el hombro de Kento, quien ya había comenzado a caminar.
- Aunque digas eso sé que no es verdad, te encanta que te mime tanto, lo que pasa es que te avergüenza.
- ¡Ken-chan...!

Las palabras del mayor siempre le hacían sonrojarse, dio gracias a que aquella posición ocultaba sus agitadísimas mejillas y le abrazó más.

- Ne... ¿Estás preocupado? - dijo, de repente.
- Un poco... no importa cuantas vueltas le dé, sigue pareciéndome una locura. - le respondió el mayor, y al final de la frase impulsó el cuerpo de Fuma hacia arriba ya que se estaba resbalando.
- Hum... - corroboró, algo perdido en los pensamientos que había causado lo dicho por Kento en su mente. - Ne... Ken-chan, tú... ¿Harías lo mismo por mí? - soltó una risita neviosa, y luego añadió -: no respondas, que tonto soy...
- ¡Claro que lo haría!

Kento paró sus pasos, dándole a ésto último un énfasis distinto. Fuma se incorporó un poco, cediendo el abrazo, para encontrarse con un rostro determinado que le sacudió el corazón.

- ¿Qué te hace pensar que no, eh? - le riñó, y le dió un dulce beso en la nariz.

Fuma sonrió, la piel se le había erizado completamente, hundió la cabeza en el cuello de aquella persona que hacía su corazón latir tan fuerte, y los pasos del mayor se adentraron por fin en la habitación.



Tras la puerta por la cual habían pasado los dos chicos, Chinen, sentado sobre la cama, descansaba la cabeza sobre las rodillas, rodeándoselas. Su mirada se encontraba perdida en la nada, una mirada triste. Lentamente deshizo aquella posición, gateando con el mismo ritmo hacia Yamada, quien se hallaba sentado en el borde del colchón, de espaldas a él. Sus brazos le envolvieron, acariciándole a su pasar con las manos que estrechaban el agarre, con aquella relentización que consumía su cuerpo en un extraño y amargo sentimiento, y finalmente su rostro se recostó sobre su espalda.

Chinen cerró los ojos.

- Te quiero... Te quiero, te quiero tanto...

El menor sintió su corazón dar un revuelco violento al decir eso, pero en este momento notaba aquellos sentimientos desbordarse en su interior, necesitaba más que nunca expresar esas palabras que tan profundamente habían creado raíces dentro de si.

Yamada posó la mano sobre la de él, que descansaba sobre su pecho, y se volteó levemente provocando que Chinen se enderezara para para alcanzar esa mirada. Le sonrió, intentando borrar la expresión angustiada en el rostro del menor.

- No estoy enfadado contigo. Lo sabes, ¿Verdad?

No; estaba furioso, pero con Takaki. No quería que ese ser volviese a tocar a Chinen, a su Chinen.

Y, como si hubiese sido escuchado, una tercera voz resonó en el cuarto.

- Oh... ¿Qué tenemos aquí?

Aquel vibrante tono sarcástico, esa voz estremecedora.

Yamada se volteó de inmediato a la par que sintió unas manos agarrar su camisa con fuerza, un acto casi inconsciente por parte del cuerpo ahora inmóvil del menor.

- Simplemente enternecedor... - dijo sin cambiar el matiz de sus palabras.

Sus pasos resonaron contra las baldosas del suelo, lenta y rítmicamente. Chinen estaba estático, ni siquiera respiraba, sólo... Pedía en sus adentros que Takaki mágicamente desapareciera, ni siquiera se percató en qué momento Yamada se levantó, provocando que los pasos de aquella persona se parasen.

- ¿Qué quieres? - dijo Yamada, tan friamente que el menor no reconoció su voz.
- Vengo a por lo que es mío.

Chinen sólo lograba ver la espalda de Yamada, pero notó enseguida el cambio que sufrió al escuchar esto; sus hombros se tensaron, y cerró los puños antes de esconderlos en los bolsillos, sin embargo, aunque le hubiese tenido de frente, no hubiese notado cambio en aquella expresión que con perfección escondía lo tanto que ardía alborotadamente su interior.

- Él no es tuyo.
- ¿Ah, no? ¿Qué insinúas?

Takaki sonrió con sarcasmo, colocando las manos despreocupadamente dentro de sus bolsillos traseros.

- Él no es de nadie, ¿Entiendes? ¡No es un objeto! - le alzó la voz.

Chinen agachó la cabeza, estaba avergonzado, aquella situación le avergonzaba, el ser tan débil... el que se aprovecharan de él de esa manera hacía que quisiese morirse de vergüenza, pero, por otro lado, las palabras de aquella persona defendiéndole se sentían... dulces.

Volvió a presenciar extrañado cómo la risa del mayor tomaba cuenta de él, una risa ascendente, realmente parecía que algo le divertía de sobremanera, se encorvaba tocándose el estómago, reía y reía sin parar... y entonces: Una milésima de segundo fue suficiente para que Yamada viera aquella aterrorizante mirada, y el dolor paralizante de aquel puño intentando atravesarle llegó a él cuando ya se encontraba arrodillado en el suelo, abrazándose el estómago ante aquella sensación dolorosa rompiéndole a trozos.

- ¡Yamada!

El grito de Chinen sonó con desesperación entre aquellas paredes, y, aunque llegó a sus oídos, su estado parecía haberle encerrado en una burbuja que rebotaba lo ajeno fuera de su propia agonia.

- Eso te pasa por creerte el héroe, me hace gracia pero hasta un cierto punto.

La puerta volvió a abrirse, dejando pasar a aquellos cuatro chicos que habían estado esperando, tal como les ordenó Takaki, algún signo de que el espectáculo había empezado. Kei y Daiki se posicionaron cada uno a un lado de la puerta, cumpliendo su ya habitual tarea, mientras que los otros dos se acercaron a Takaki, quien observaba cruzado de brazos cómo Chinen intentaba acalmar a Yamada, susurrándole algo que no llegaba a entender mientras pasaba la mano por su espalda, acariciándosela.

- ¿Qué hacemos? - dijo Kota, pasando un brazo sobre sus hombros.
- De momento no mucho, coged al héroe y que no moleste.

Obedeciéndole se acercaron, y, entre unos cuantos forcejeos consiguieron cogerle y llevárselo a una esquina del cuarto, agarrando cada uno un brazo para mantenerle bien sujeto.

Chinen no miró a Takaki, a cambio fijó su vista en el suelo.

- Levántate, conejito.

El menor negó con la cabeza, con movimiemtos entrecortados.

- Levántate.

Chinen levantó la mirada hacia él e intentó tragar saliva, pero aquella sensación en su garganta le impidió hacerlo con propiedad. Rompió a llorar, ahora balanceando su cabeza a ambos lados con desesperación.

- ¡¡Déjate de gilipolleces, ¿Oyes?!! - vociferó ferozmente, cogiéndole del brazo para enderezarle.

Yamada comenzó a recobrar consciencia de su alrededor, y la primera cosa que vio fue la sonrisa de aquel ser, susurrándole algo al oído a su Chinen.

- ¿Quieres que cumpla mi promesa? sabes que no me importaría romperle cada hueso de su cuerpo.

El llanto de Chinen chocó contra los oídos de Yamada.

- ¡Takaki! ¡Déjale en paz! - gritó intentando zafarse del agarre que le mantenía sujeto.
- Eeh, ¿Dónde te crees que vas? - dijo Hikaru.
- Estáte quietecito. - añadió Kota, zarandeando su brazo.

Takaki sonrió al ver que Yamada volvío en si, y se volteó, cogiendo la quijada del menor. Chinen cerró los ojos, fuertemente, tanto que le dolían, sin embargo eso no fue suficiente para hacer que aquéllo se detuviese: Takaki se acercó, sus labios entraron en contacto y, por más que intentó cerrarlos con fuerza, una fuerte sacudida de parte del mayor le recordó lo que tenía que hacer; con un grito que surgió desde su garganta, recibió en su cavidad la lengua de Takaki, tan asquerosa y húmeda hundiéndose en su boca, causándole escalofríos, no como los que sentía con Yamada, éstos eran unos escalofríos que empezaban desde su estómago, y terminaban en su garganta, anudándola, provocándole náuseas. Sentía la respiración de Takaki, cercana y rítmica, su fuerte agarre, su olor... Tembló al percatarse de que aquella persona estaría viendo todo y abrió los ojos, encontrándose con un aprisionado Yamada que observaba estupefacto aquella escena. Sintió una brecha abrirse poco a poco en su pecho, pero terminó de rajarse por completo al sacudir de nuevo Takaki su cuerpo, obligándole a contestar a aquel beso forzoso y devorándole tan bruscamente que le provocaba inclinarse hacia atrás. Sus manos dejaron de agarrar con fuerza los brazos de Chinen para descender por su espalda hasta llegar a sus nalgas, que estrechó sin reprimirse.

Takaki jamás le había besado, y en estos momentos le gustaría que así hubiese seguido siendo.

- ¡Soltádme!

Yamada forcejeaba ferozmente, sacudiendo su cuerpo de un lado a ótro. No podía ver aquéllo, no quería.

- ¿Por qué no te rindes? - escuchó un susurro de Kota en su oído.
- Takaki jamás dejará a ese crío en paz. - corroboró Hikaru.

Un grito ronco tomó la atención de los tres chicos de repente, Takaki se tocó con las yemas de los dedos la lengua, y tras ojearlos, descubrió aquel rastro diluido de sangre que había dejado en su boca un regusto salado. Chinen dio un paso atrás cuando el rostro de Takaki reflejó toda aquella furia, y deseó no haberlo hecho. Su corazón tembló al divisar la mano del mayor alzarse sobre su hombro contrario, milésimas de segundos antes de arremeter contra aquel rostro que sintió la cólera del mayor escocer su mejilla en carne viva, dejándole con una sensación de acuoso dolor que se derramaba por sus ojos.

- ¡No le vuelvas a poner un dedo encima, ¿Me escuchas?!

Pero Takaki parecía no hacerlo, estaba demasiado ocupado desabrochándose el cinturón.

Chinen se sobó la zona con su mano y miró de reojo a Yamada, la imagen nublada que tenía de él le oprimía el pecho, el mayor se estaba volviendo a agitar violentamente, pero aunque lo hiciera tan fuerte que sus pies abandonasen el suelo por instantes, no lograba deshacerse de aquel agarre que lo mantenía aprisionado.

- Te lo advertí, conejito.

Junto a aquella voz escalofriante, Chinen sintió cómo Takaki le cogía del antebrazo, arrastrándole más cerca de la litera que tenían detrás. Sus muñecas fueron envueltas por el cuero frío y duro del cinturón de Takaki, alrededor de aquella barra que unía las dos camas de la estructura, dejándole completamente apresado.

- ¿Eh? - salió de sus labios, dirigiéndole una mirada asustadiza e interrogativa.
- Ahora serás tú el que disfrute de la diversión. - rió y se volteó hacia Yamada, resultaba que sí había escuchado sus gritos.

Se acercó con pasos tranquilos hacia él, hasta quedar a una distancia mínima en la que le miraba desde un ángulo superior.

Chinen miraba, pero en realidad deseaba no ver aquéllo, que no estuviese ocurriendo.

- No vuelvas a pegarle.

Yamada fue el primero en romper aquel instantáneo silencio.

- Es tu culpa, eres tú quien provoca su comportamiento.
- Y eres tú quien le levanta la mano.
- ¡Pues que se defienda! - rió. - ¡Es un chico, no una damisela que necesita a alguien que le proteja! - dijo, divertido, aunque no percibió que se acababa de contradecir, puesto que a la mínima oposición que le daba el menor las consecuencias se multiplicaban.

Chinen quería taparse los oídos, pero su posición le obligaba a escuchar aquéllo que tanta vergüenza le producía.

- Me das asco. - Yamada apartó la mirada y escuchó unas risitas detrás de él, provinientes de los chicos que le sujetaban.

Y al segundo siguente la rodilla de Takaki se enterró en el cuerpo que acababa de atraer de los hombros a si. Hikaru y Kota se apartaron, entendiendo que su ayuda ya no sería necesaria y se sentaron en el suelo recostándose en la pared.

- ¡No! - sonó un grito ahogado de parte de Chinen, quien con desesperación tiraba de la atadura que le retenía ahí, sin embargo aquella barra parecía no querer soltarle.

Takaki no le dejó caer al suelo, en cambio le cogió de la camisa, volviendo a incorporarle como pudo y acto seguido le zarandeó.

- Oe, reacciona, que todavía no he acabado. - sonrió, y hizo de su mano un puño, que llevó hacia atrás, cogiendo impulso, para luego hundir ese golpe de dolor en el rostro de Yamada.

Ni si quiera le había dado tiempo volver la cabeza a su posición normal, otro puñetazo de la misma magnitud impactó en su estómago.

- ¡Para, por favor! - rogaba Chinen, sin ser apenas escuchado, pataleando, ya sin saber qué hacer.

Takaki dejó el cuerpo de Yamada caer, el cual aterrizó arrodillado, para luego desplomarse tumbado en el suelo.

- Joder, esto no es divertido. - removió su cuerpo con el pie.

Dio un salto para coger impulso y el pie que había viajado hacia atrás chocó contra el cuerpo del menor, agitándole y haciéndole toser.

- ¡¡Reacciona!! ¡¿Por qué coño no te defiendes?!

Takaki empezaba a exasperarse.

- ¡Kota! - el nombrado le miró - Le tenías ganas, ¿Verdad? Haz lo que quieras con él.

Kota sonrió. Yamada abrió los ojos y su mirada se encontró con la de aquel pequeño ser que con tanta angustia le miraba. Le sonrió, intentando calmarle. Chinen negó con la cabeza, ya desesperado, dejando las lágrimas empaparle el rostro.

Takaki llegó hasta su lado liberando sus ya adoloridas muñecas de la barra.

- Takaki-kun, por favor...

El menor posó sus manos en el pecho de aquella persona, apoyando el rostro sobre éstas, lo único que podía hacer ahora era eso: Rogarle, tirarse por los suelos si era necesario, para que parase aquéllo.

- No le hagas más daño, yo... yo... haré lo que quieras...

Takaki cogió sus muñecas, apartando bruscamente esa manos de su pecho y las inmovilizó detrás del cuerpo del meñor con una mano, para a continuación acercarse a su oído.

- Ahora ya es tarde. - rió. - Además, ¿Acaso no consigo ya que hagas lo que yo quiera siempre, conejito?

Chinen sintió cómo en una oleada su piel se erizaba, sentía miedo, sentía furia, sentía ganas de morirse ahí mismo, que su existencia sólo contribuía a perjudicar a otros, a deteriorar su alrededor.

- No me... - tosió.- ...toques. - Yamada le murmuró a Kota, haciendo intentos fallidos por incorporarse sobre sus antebrazos.

Kota rió, acuclillándose frente a él.

- Eres como un perro; pequeño, con carácter, pero con un rostro adorable, tienes encanto.

¿Ese tipo le estaba comparando con un perro? ¡¿Qué demonios le pasaba?!

Yamada abrió la boca para protestar pero se tragó la frase, casi literalmente, puesto que el mayor le tapó la boca con la mano.

- Si te estás quietecito y calladito lo haremos rápido. - le sonrió.

Sin embargo nada más destapársela Yamada se alzó sobre sus brazos, arrastrándose hacia atrás con algo de dificultad.

- Te juro que si intentas... - tosió de nuevo, sintiendo un pinchazo recorrer su cuerpo. - hacerme algo sales de aquí sin poder tener hijos... - dijo más lentamente de lo que esperaba, al parecer los golpes de Takaki le habían afectado.

Kota rió, divertido, y se puso de pie, caminando hasta los pies de Yamada, quien empezó a retroceder más hacia atrás al percatarse. Su mano resbaló por infortunio y cayó tumbado en el suelo.

- ¡No me toques!

Luchó contra las manos de Kota en sus caderas.

Chinen temblaba, quería cerrar los ojos pero temía hacerlo, aquella persona detrás de él le observaba, quería que mirase.

- Takaki-kun, no, por favor... por favor...

Su camisa estaba siendo desabotonada por detrás, mientras que, sentado sobre el hueco de colchón que había entre las piernas de Takaki, su mirada rehuía aquella escena frente a él.

- Yamada... - se lamentó en un hilo de voz.
- ¡Que mires!

El grito de Takaki le hizo pegar un brinco que devolvió sus ojos a aquella dirección.

- Ahora le cojerás tanto asco que no querrás volver a verle. - rió, y esa prenda de ropa cayó al suelo. - ¿Cuándo lo comprenderás, conejito? Eres mío.

Chinen ya no aguantó, cerró los ojos, y sus lágrimas fueron secadas torpemente por el dorso de sus manos, mientras un llanto lleno de angustia llegó a oídos de Takaki.

- ¡No llores!

Takaki le zarandeó, y justo cuando iba a repetir la orden de los labios de Chinen se escuchó un murmullo débil.

- Te odio... - hipó. - ¡Te odio Takaki Yuya! ¡Te odio!

Un empujón hizo a Chinen caer al suelo.

- Ahora se la va a ganar... - Kota comentó en el oído de Yamada.

Yamada volvió a entrar en alerta tras haber bajado la guardia por la escena y le dió una patada a Kota, consiguiendo sacárselo de encima. El menor vió aquella sonrisa desaparecer en un instante de su expresión, transformándose por completo, incluso diría que atemorizaba.

- Ya basta de juegos.

Las manos de Yabu atraparon las muñecas del menor sobre su cabeza. Yamada tembló.

- No me pegues por favor... - dijo en un hilo de voz Chinen, divisando inmóvil en el suelo unos pies dar un paso hacia él.

Takaki se agachó y el menor cerró los ojos al sentir que éste le acariciaba, para al segundo siguiente, ahogar un grito en su interior al sentir esa mano agarrar sus cabellos, estirando de ellos para obligarle a levantarse.

- ¿Me odias?

Aquella mirada... sintió todos sus órganos internos cambiarse de sitio tras quedar frente a ella, arrodillado.

- No... lo siento Takaki-kun, lo siento... - intentó acercarse, pero Takaki volvió a estirar de los cabellos que todavía tenía agarrados, impidiéndoselo.
- Dilo, ¡¡Di que me amas!!

El corazón de Chinen se agitó, fuerte, tan aceleradamente que podía sentir con perfección cómo golpeaba incesantemente contra su pecho. Aquellas palabras... sólo quería decírselas a Yamada, eran para él, sólo para él.... ¡Takaki no se merecía ni las primeras sílabas de ellas! Meses atrás, hubiese dicho o hecho cualquier cosa que él le ordenara, pero ahora todo había cambiado, dos simples palabras que antes no tendrían importancia en su vocabulario, ahora representaban un sentimiento, algo fuerte y desmesurado, se habían vuelto esenciales, principales y únicamente reservadas para una persona, por mucho daño que Takaki pudiera hacerle, no se las robaría jamás.

- No... - dijo, evitando su mirada.

Takaki se acercó a su oído.

- ¿Por qué me pides perdón si luego vas a hacerme cabrear otra vez, eh, conejito? - le susurró con aquella voz suave que no presagiaba nada bueno.

La mano fría de Takaki tapó la boca de Chinen, y al segundo siguiente su espalda ya había chocado contra el suelo. Takaki se posicionó sobre el cuerpo tembloroso del menor que le miraba con ojos temerosos. Su otra mano viajó hasta su cuello, lentamente, y una vez ahí Takaki comenzó a apretar. Chinen abrió los ojos con desmesura, e intentó gritar tras sentir cómo la presión se intensificaba, sin embargo esa mano obstruía su voz, convirtiendo su desesperación en chillidos agudos que se ahogaban en su graganta. El menor pataleaba, se retorcía, sintiendo la sangre acumularse, como si presionara su cerebro cada vez más, las lágrimas caían mientras trataba de decir el nombre de Yamada, sin embargo su mandíbula apenas podían moverse.

Y, de repente, la presión desvaneció, y la sangre fluyó con rapidez.

- No tiene sentido que vivas si no es por mí, conejito.

Chinen sintió un temblor interno.

- ¿Me amas?

Había retirado la mano de su cuello, sin embargo la que le cubría la boca permanecía tapándosela, mientras miraba aquellos ojos desesperados y empapados.

Chinen negó con la cabeza.

"Aunque tengas mi cuerpo, jamás dominarás mis sentimientos... Jamás... " Chinen, por primera vez, se sentía valiente, sentía que podía enfrentarse a Takaki, que ya no se sometería a él.

Y aquella mano volvió a apretar su cuello.

Yamada se mordía los labios, con furor, con desesperación, no soltaría ni una sóla lágrima. Yabu había volteado su cuerpo y ahora el menor, tumbado boca abajo sin poder alzar el rostro puesto que sus brazos habían sido inmovilizados por una mano agarrándolos fuertemente y extendiéndolos hacia delante, sentía con repulsión la hombría del mayor restregarse en sus nalgas, no abriría la boca hasta que ese nudo de humillación y vergüenza desapareciera de su garganta. No lo haría.

Volteó el rostro y sus ojos alcanzaron a ver la escena que ocurría al otro lado de la habitación bajo su brazo.

"Lo va a matar, ¡Lo va a matar!", sus ojos se llenaron de lágrimas. Buscó en la dirección contraria; vio a Hikaru mirándose despreocupadamente las uñas, dirigió la vista hacia más allá; Daiki y Kei fijaban sus ojos en el suelo, y no parecían querer despegarla de ahí.

"¡Todos...!"

- ¡Todos estáis locos! - sus pensamientos salieron por su boca en un grito. - ¡Takaki! ¡¿Tanto te molesta verle feliz?!
- ¿Qué haces? Cállate. - escuchó un susurro apresurado en su oído de parte de la persona que le aprisionaba.

Yamada se sacudió, intentando que se alejara de su oído.

- ¡No soportas el hecho de que alguien tan débil e indefenso como lo eras tú viva tranquilamente!

Ya nada le importaba, acababa de mandar al cuerno todo el plan, pero no podía dejar que el mayor siguiera con sus manos en el cuello de Chinen.

El menor tosió, ladeando su cuerpo en el suelo al soltarle Takaki por fin. Los pasos del mayor llegaron entre aquel silencio hacia Yamada, se agachó, y a Kota no le quedó otra que retirarse para que él le alzase del brazo. Takaki estrechó los ojos, mirando a un Yamada que no dudaría en dar las explicaciones que aquella mirada buscaba.

- Hacerle sufrir igual que tú lo hiciste no logrará borrar tu pasado. - dijo, en tono sobrio.
- Cállate. - sonó una voz firme que escondía en realidad algo de temor.

Esa mirada... Sí, esa mirada hizo a Yamada sonreír, había encendido una pequeña llama de desesperación en el interior del mayor.

Chinen escuchaba todo, sin entender una sóla palabra, igual que los demás presentes ahí, pero sabía que aquéllo no era seguro, sabía que Yamada estaba cometiendo una locura.

- ¿Crees que así has logrado vengarte de esa persona? Pues a mi parecer ella te ha vencido, ha acabado por completo contigo. - la sonrisa de Yamada se ladeó. - Mírate en el espejo, eres un monstruo, ¿No te recuerdas a él? Sí, eres igualito a tu padre.

La mirada de Takaki se hundió en una humedad repentina.

- ¡Que te calles! - su voz chocó entre aquellas paredes, y tan pronto como el grito rebotó en los oídos de Yamada una fuerza descomunal se hundió en su estómago.
- ¡Takaki-kun, no!

Chinen se levantó a medida que corría hacia ellos, pero un brazo le detuvo.

- Haciéndole lo mismo... que te hacía tu padre no vas a lograr nada... - dijo con dificultad.
- ¡Cállate, joder!

El cuerpo de Yamada resonó al caer en el suelo.

- Tan sólo creas un presente horrible...

Una patada arremetió contra él.

- Te dañas a ti, dañas a tu alrededor... ¿Acaso no recuerdas lo que sentías tú cuando estabas en su situación? ¿Se te ha olvidado tu propio sufrimiento?

- ¡Cállate, cabrón!

Todos miraban las lágrimas de un Takaki que jamás pensaron ver llorar, precipitarse sin interrupción por sus mejillas, sin detener sus patadas hacia Yamada.

- ¡Daiki-kun, suéltame! - lloraba Chinen mientras intentaba deshacerse de esos brazos que le rodeaban de la cintura firmemente.

Pero Daiki no le soltaría, era mejor que le detuviera él, que si lo hiciese Yabu o Hikaru, o que incluso al acercarse, Takaki decidiera cambiar su punto de mira.

- ¡Cállate, cállate de una puta vez!

Y aunque Yamada ya no hablaba, el mayor le seguía gritando que callase, le seguía pegando, perdido en su mundo... Perdido en los recuerdos congelados de su interior, recuerdos que Yamada había logrado derretir superficialmente.

"Duele... Duele mucho... Oto-san..."
"Ya no más... ¡Por favor...!"
"Déjame, ¡Hoy no, oto-san, no quiero! No..."

Esa voz tan aniñada que casi había olvidado, ahora volvía a él, pasando por sus oídos, trayéndole aquellas escenas que hacían su cuerpo temblar en cólera, en furia, en rabia, arder de odio, sentimientos que descargaba sobre el cuerpo inocente del menor a sus pies.

- ¡Hijo de perra! ¡Te odio, te odio, te odio! - hablaba, aunque a ninguno de los presentes.

Y las lágrimas no cesaban, y los gritos tampoco.

- ¡Suéltame! - Chinen se sacudía, sin éxito alguno - ¡Yamada! ¡Takaki-kun, para por favor! Le matarás... ¡Detente! ¡Yamada! - gritaba, le dolía la garganta pero gritaba aunque ya no le quedasen fuerzas - Daiki, suéltame... ¡Suéltame!

Yamada se hundía, sentía dolor, pero éste era a tal magnitud que su cuerpo parecía haberse fundido con él, sentía que su cuerpo era dolor, todo dolor, palpitando una y otra vez en su estómago... repetitivamente.

Cerró los ojos, sí, tal vez no todo estuviese perdido.

De fondo escuchaba gritos, un barullo confuso, Takaki le gritaba, pero la voz de Chinen resonaba con más intensidad en sus oídos para él. Chinen... su pequeño y frágil Chinen, le amaba tanto que no le importaría morir ahí mismo si con eso aseguraba que él viviese bien, tranquilo... feliz. Sí, por protegerle daría lo que fuese, incluído su vida. Su mente se relentizó, poco a poco.. cada vez más.. hasta que la negrura se lo tragó todo.

Chinen se calló.

- ¿Yam...? ¿Eh..? ¡Yamada! Abre los ojos, ¡¡Yamada!!

Hacía tiempo que los demás se habían alarmado pero apenas unos segundos que de verdad intentaban entrar. Y no tuvieron que empujar mucho, la puerta tras de Kei se abrió y de ella salieron apresuradamente Ryutaro, Kento y Fuma, los únicos de los tantos curiosos que allí se encontraban, y se dirigieron hacia Takaki, apartándole del menor. Las manos de Daiki aflojaron el agarre disimuladamente, lo suficiente como para que Chinen se escapara. El menor corrió hacia la escena y se dejó caer de rodillas en el suelo.

- Yamada... Yamada... - sus manos en el pecho del chico malherido apretaban con fuerza su camisa desabotonada. - respóndeme... ¡Por favor, respóndeme! - no alzaba la voz, pero ésta sonaba adolorida y desgarrante.

Unos pasos se acercaron hasta ellos y tras agacharse al otro lado del cuerpo de Yamada y palpar su yugular Kei negó con la cabeza, sin atreverse a alzar los ojos.

- ¿Eh...? No... ¡No! - exclamó en un chillido que se cortó a medio camino.
- No puede ser... - salió de la boca de un incrédulo Ryutaro esa frase, casi inconscientemente, mientras se dirigía hacia donde se encontraba el mayor para imitar su anterior acto.

Ryutaro miró a Kei, y éste no se desvió de los ojos del menor.

- No puedes... No puedes dejarme, ¡Me lo prometiste!

La voz de Chinen era lo único que se escuchaba, aun recostando su frente sobre el pecho del chico tumbado en el suelo, sus sollozos, su desesperación, su dolor y su agonia se dispersaban por el aire, por el silencio que aquellos ojos incrédulos habían creado a su alrededor, aunque él no notaba presencia alguna, todo a su alrededor se había vuelto gélido y oscuro, su atención se reducía al cuerpo inerte de su tan preciado Yamada, su rostro había perdido color, pero parecía el mismo de siempre, tan dulce y cariñoso, ese Yamada que le era tan necesario en su vida.

Aunque a pesar de estar frente a él, su Yamada, el que tanto amaba, ya no estaba dentro de ese cuerpo. Se había ido, estaba solo.

- ¡Vuelve! No me abandones... ¡Yamada!

Una máquina taladradora estaba haciendo estragos en su estómago, le dolía tanto que pensaba que se moriría. Las lágrimas caían a torrentes como nunca antes habían caído, su cuerpo se estremecía y experimentaba extraños altibajos de temperatura, su cabeza parecía querer explotar... Sentía tantas cosas a la vez que sus sentimientos se habían fundido en una masa pesada dificultándole la respiración, que le acuchillaba por dentro, que hervía y le estaba llevando al borde de un abismo sin fin.

Chinen se levantó, guiado por lo que le recorría el cuerpo y le cegaba completamente, se dirigió hacia Takaki, quien, con la mirada perdida, seguía dejando que las lágrimas cayeran.

- ¡Devuélvemelo!

Los costados de sus puños, junto a esta palabra, se clavaron en el pecho del mayor con toda la fuerza que Chinen jamás había sacado fuera de si.

- ¡Devuélvemelo! ¡Asesino! ¡Ojalá no existieras! ¡Ojalá te murieses ahora mismo! ¡Devuélveme a mi Yamada!
- Yo... no lo he hecho... no lo he hecho...

Ese murmullo casi inuadible de un inexpresivo Takaki era opacado por los gritos de Chinen, lazando sus puños desesperadamente, descargando toda la furia acomulada por años, una furia que había explotado en tan drástico momento y ahora burbujeaba en su interior.

Ryutaro cogió a Chinen, apartándole del mayor, y para su sopresa éste no opuso resistencia, tan solo se volteó, aferrándose a su cuello y llorando, si se podía, aun más audiblemente.

- Shintaro ya ha ido a avisar, dentro de nada estarán aquí, tranquilo. - dijo más alto de lo común, por lo cual todos los presentes se enteraron.
- ¡Takaki, tenemos que largarnos! ¡Ahora mismo! - Kota habló, mientras se dirigía hacia su armario y echaba dentro del saco que les daban para la ropa sucia todo lo que podía.
- ¡Deja eso ya, vámonos, Kota! - le gritó Hikaru.
- ¿Planeáis dejar el cuerpo aquí? ¡Tenemos que llevárnoslo! - habló Kei.

Chinen se separó de Ryutaro y se volteó justo cuando Kei había pasado a Yamada por su hombro.

- ¡¿Qué haces?! ¡Déjale! ¡Déjale en el suelo! - intentó caminar pero Kento se lo impidió.

Chinen alargó el brazo, pero ni siquiera rozó los dedos cuando los cuatro chicos pasaron frente a sus ojos, atravesando aquella puerta para huir, cargando con el Yamada que él tanto había amado.

Y un grito fúnebre y desgarrante sonó en medio de aquel silencio, desprendiendo un sentimiento sombrío que inundó el cuarto, y el aroma a dolor esparcido hundió a todos en una agonia similar a la que había despedazado el interior de Chinen, a la par que sus rodillas... impactaron contra el suelo.




La primavera, además de una temperatura agradable, trajo consigo la tranquilidad y el sosiego que él jamás había tenido, junto a aquel silencio en su interior, resonando dentro de su íntimo vacío. Sonreía, hablaba, dormía y comía, pero aquel cuerpo carecía de relleno, y aunque las sonrisas le saliesen cada vez con más facilidad, seguía sintiéndose hueco, consumido por un enorme agujero que le absorbía.

Y dentro de si seguía aquel silencio que sólo él escuchaba: El doloroso silencio de una ausencia definitiva.

La suave brisa acarició sus cabellos; se acomodó el mechón descolocado tras la oreja, y esa misma mano pasó una página del manga que sostenía sentado en aquel banco, balanceando sus piernas incoscientemente. Esas tardes tranquilas y soleadas le daban una sensación de paz, escuchar el leve canto de los pájaros de fondo..., el viento susurrándole a traves de las hojas... Ojalá pudiese pasar este tiempo con Yamada. Sonrió y acercó lo que sostenía a su rostro. Inspiró profundamente y el olor de aquellas páginas le transportó de nuevo a sus brazos, cerró los ojos y tragó saliva, intentando absorber las lágrimas que amenazaban con emerger. Hacerse a la idea había sido duro, pero aprendió a vivir con ello, de hecho no era novicio en adaptarse a situaciones, por lo que, también esta vez, decidió no volver a llorar, Yamada no se merecía que llorasen al recordarle, se merecía miles y miles de sonrisas; eso era lo que se repentía en su interior cuando estaba al borde del llanto. Él, examinando su vida hasta ahora, había sido lo único por lo que verdaderamente Chinen se había alegrado de estar vivo, y, por su culpa... Por protegerle...

Volvió a sumergirse en aquel relato con dibujos detallados y extravagantes, no quería pensar más, ya se habían dado situaciones desagradables por tener aquellos pensamientos y no quería que volviese a ocurrir. Sonrió al acabar de leer la última página del manga: Pensar que él había leído aquellas mismas líneas..., aquellas mismas palabras..., que había reído con lo mismo le hacía leerse y releerse ese manga que unas semanas atrás había encontrado bajo la antigua cama de mayor.

Se levantó, y, dispuesto a caminar hacia la puerta de salida del jardín, volteó su cuerpo.

- Sigues siendo el mismo de siempre.

Sus manos soltaron inconscientemente lo que sostenían al suelo. En una milésima de segundo sus lagrimales produjeron tal cantidad de humedad que al momento siguiente lágrimas gruesas caían por sus ojos. Se llevó una mano a la boca lentamente, casi sin poder reaccionar, y luego la ótra con la misma relentización. Su cuerpo empezó a temblar y cuando, al fallarle las rodillas, sufrió un tambaleo que amenazaba con tirarle, la persona que estaba a escasos metros frente a él dio un paso en frente, alarmado.

- No puede ser...

Dio un paso.

- No... No pued...

Consiguió dar ótro.

- ¡Yamada!

Su cuerpo, al decir ese nombre que hacía tanto no gritaba de aquella manera, experimentó un impulso que le hizo correr hacia donde se encontraba el mayor.

- ¿Estoy soñando? ¡Dime que no estoy soñando! ¡Si es así no quiero levantarme, no quiero!

Yamada abrazaba al menor que se había hundido en sus brazos. Cuánto había deseado hacerlo...

- ¿Eres real? - dijo Chinen, manoseando la cara del mayor que rió ante su acción. - No estoy teniendo una alucinación, ¿Verdad? Yamada, estás aquí conmigo, ¿Cierto? ¿A que sí?
- Lo estoy, siempre lo estaré. - le respondió sonriendole dulcemente, mientras cogía esas manos entre las suyas y enlazaba sus dedos, descendiéndolas hasta que quedaron a la altura de su pecho.
- Pero tú estabas... Y Takaki y... no lo.... ¡¿Por qué...?!

Yamada, una vez más, sonrió.

[...]

- Él tiene ventaja en fuerza, pero tú, Yamada, tienes otra cosa: inteligencia... e información. - Ryutaro le decía convencidísimo.

Ya no tenía sentido seguir callando algo que podía ser crucial, lo que Takaki había hecho con su hermano era demasiado para él, por lo que decidió contarle a Yamada lo que una vez escuchó hablar a la directora con una de las monitoras del centro.

- Pero recuerda: Espera a que esté solo, avísame antes... Tú sólo tienes que provocarle, y cuando muerda el anzuelo yo haré que le pillen de lleno, no tendrán excusa para ignorar lo que pasa aquí dentro.
- ¿Y si algo sale mal?

Ryutaro calló.

- Cierra los ojos, no respires, no te muevas.
- ¿Quieres decir que finja estar muerto?
- Exactamente. Si intentas defenderte de Takaki... Simplemente te aplastará aun más, para probar que es el mejor, así es él.

Yamada asintió, apretando los labios.

[...]

- Estoy aquí, Chinen. - acarició con las yemas de los dedos su mejilla suavemente, fijando sus ojos en los empapados del menor. - Te dije que te protegería, que siempre estaría a tu lado, ¿Nunca te he dicho que siempre cumplo mis promesas? Aun habiendo sido de una forma un poco inusual. - soltó una risita ante lo último.
- ¡Yamada...!

Chinen se lanzó a sus labios, deseaba hacerlo; besarle, sentir cómo el mayor derretía su interior poco a poco. Volvía a sentirse vivo, tan vivo que su estómago palpitaba en un sentimiento enorme que se desbordaba por todos los poros de su cuerpo, que transmitía a través de aquellos labios, aquel sentimiemto llamado amor que tanto había añorado sentir de esta forma de nuevo.

- Lo has conseguido. - sonrió aquella silueta observando la escena desde el marco de la puerta.
- Lo hemos conseguido. - Kei corrigió la frase de Ryutaro, caminando hasta quedar apoyado en el otro lado del marco, sin mirarle tampoco, disfrutando de aquel precioso reencuentro que tanto había costado conseguir.

[...]

- Necesito tu ayuda.

Kei miró extrañado a un Ryutaro que acababa de entrar con rapidez en su habitación, furtivamente.

- ¿Mi ayuda?
- Así es, necesito que nos ayudes a acabar de una vez con Takaki, ¿Lo harías?
- ¿Por qué debería hacerlo?

Ryutaro ladeó la cabeza para alcanzar con los ojos tras su silueta la figura adormilada de un dulce Daiki sobre la cama del mayor.

- Yo diría que tienes motivos bastante grandes, ¿No crees? - dijo para luego devolver sus ojos a él. - Necesito tener un punto de apoyo dentro, ¿Contamos contigo?

[...]

- Llegó un momento en que de verdad pensé que no había sobrevivido, por eso no le dije nada a Chinen..., ¿Se ha recuperado del todo?
- Eras tú el que no paraba de repetir que era fuerte, y de verdad lo es, se quitó el yeso antes de tiempo, - rió, recordando las prisas que tenía el menor. - y todo por volver cuanto antes.

[...]

Ryutaro miró a Kei y éste mantuvo la mirada. Ambos chicos acababan de sentir el pulso de Yamada latir con intensidad en su yugular, palpitar, gritando que estaba vivo, sin duda estaba inconsciente, pero todavía vivo. Era una oportunidad como ninguna ótra.

- ¿Planeáis dejar el cuerpo aquí? ¡Tenemos que llevárnoslo! - exclamó Kei con la más creíble de sus actuaciones.

Y así fue como logró sacar, junto a Takaki, a un Yamada que de seguro, al enterarse de que todavía seguía vivo, haría volver a aquel monstruo allí.

[...]

- Kei-chan... - le llamó una voz suave tras él.

Kei se volteó, encontrándose a Daiki caminando con lentitud hacia él, quien al alcanzarle se abrazó a su torso apoyando el rostro en el hombro del mayor y una mirada más se dirigió a contemplar aquella escena enternecedora frente a ellos.

[...]

- Ya no volverás a hacer daño, Takaki, aquí se acaba todo.
- ¡No...! ¡Kei espera, No! ¡Por favor!
- ¿Ahora que tus guardaespaldas no están pides clemencia? ¿Qué tipo de persona eres tú, Takaki?
- Nosotros nos lle.... llevamos bien, ¿Verdad?! Baja eso, Kei...

En aquel callejón sin salida oscuro y húmedo esas voces hacían eco.

- ¿Tú qué quieres que haga, Dai-chan?

Daiki se aferró con más fuerza a Kei, escondiendo el rostro en su espalda, cerraba los ojos con fuerza, no quería ver nada de lo que ocurriese, no lo quería tener en su mente.

- Ha... Házlo, Kei-chan... Házlo.

Y ese sonido de explosión concentrada y precisa se dispersó en el aire de aquel estrecho callejón sin salida, rebotando sus ondas entre el silencio de esa fría noche, la última de Takaki.

[...]

- Nii-chan, ¿Vienes?

Ryutaro se volteó, encontrándose con Shintaro que le estiraba de la mano.

- Queremos hacerle algo a Yamada como fiesta de bienvenida, ¿Ne, Fuma-kun? - miró hacia su lado, donde estaba el chico.
- Hai. - le respondió éste.
- Kei, Daiki, venid también. - se volteó Kento para llamar a ambos chicos.

Y se dispusieron a caminar juntos.




- Yamada... Te amo...

El mayor sostenía sus muslos, mientras profundizaba en su interior de una manera suave y sin prisas, disfrutando de cada pequeño movimiento que hacía en su deliciosa estrechez.

El menor sollozaba, todo aquéllo había sido demasiado para él, estar haciendo el amor con esa persona que pensaba que jamás volvería a ver, era... como un milagro inconcebible.

- No te... vayas nunca más... De mi lado... Ah...
- No lo haré, por nada del mundo lo haría... Ah... Te amo, te amo con locura...
- Yamada... - su pecho se oprimió, y sintió el placer acariciar cada parte de su cuerpo con una intensidad que se incrementaba a cada segundo transcurrido.
- Chinen... mírame.

Le obedeció, alzando su cabeza antes recostada sobre el hombro de su amante.

Yamada observó durante instantes sus mejillas agitadas, sus ojos vidriados, sus labios siendo levemente mordidos, su cabello revuelto, los gemidos que salían de su garganta...

- Esta expresión es sólo mía... Ah... No se la enseñes a nadie más.
- No, sólo a ti...

Sus labios se unieron, mientras ambos cuerpos se movían en un mismo ritmo, tan suyo, tan íntimo.

Suspiros, placer, palabras sueltas y pasión; todo se mezclaba formando aquel acto al que ambos se entregaban, acalmando su sed del ótro, demostrándose con el cuerpo lo que las palabras ya no eran capaces de expresar.




Los ojos de Chinen se abrieron alarmados en medio de la noche, a la par que su cuerpo dio un brinco al inspirar intensamente todo el aire que pudo.

Y se relajó, al sentir unos brazos envolviéndole más efusivamente desde atrás.

- ¿Qué pasa?

La voz susurrante de Yamada era lo que más le tranquilizaba oír, lo que más deseaba.

- Nada. - sonrió y se movió, acurrucándose más en aquel abrazo.

Se percató de que seguían en la casita del jardín, hacía meses que no iba allí, desde lo ocurrido, aquel lugar le había recordaba demasiado a Yamada, por lo que prefirió simplemente no volver, tampoco tenía nada que hacer allí, puesto que había dejado ir a Yoru-chan, que rondaba por los alrededores y siempre venía a por sus caricias matutinas, y tampoco tenía por qué esconderse, pues Takaki ya no estaba.

Sí, eso era, ya no existía Takaki, no existían angustias; cuando despertaba ya no se encontraba dentro de una pesadilla, a partir de ese momento vería el rostro del mayor a su lado y viviría cada día con esa sensación vibrante aqueciendo su interior, haciendo que su corazón palpitase ininterrumpidamente, una sensación tan necesaria en su vida como el aire mismo; esa importancia tenía Yamada para él.

- Ne, Yamada...
- ¿Hmn?
- ¿Te puedo llamar Ryosuke?

El mayor rió.

- Claro, Yuri. - respondió en un susurro que agitó el pecho del menor.

Yamada depositó un beso en la nuca de Chinen, y sonrió, enredando sus piernas entre las del menor. Sentía como sus sentimientos les envolvían, tan fuertes y sinceros que llegaban a erizarles la piel.

" Ne, Reiko, a pesar de todo hay una única cosa que hiciste bien: Traerme a este mundo, darme la oportunidad de conocerle".

Enlazó sus dedos y cerró los ojos, esperando volver a adentrarse en su sueño, sólo para que, mañana al despertarse, el menor pudiera darle los buenos días.


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¿Os ha gustado? ¿Os ha gustado? ¿Os ha gustado? ¿Os ha gustado? ¡¿Os ha gustado?! ¡¡¿Os ha gustado?!! ¡¡¡¡¿OS HA GUSTADO?!!! *ardilla hiperactiva poseída*

Este fic ha resultado tener bastante relación con el título xD No sólo con el YamaChii, sino que es como una cadena de protección: Yama-chan protege a Chinen con la ayuda de Ryu que quiere proteger a Shin-chan por lo que le pide ayuda a Inoo, que quiere proteger a Dai-chan. Yess e.e xDD

Gracias a todas las que lo habéis leído, y gracias multiplicadas a las que habéis dejado comentarios, habéis sido mi motor para escribir, ¡Yeah! X3 En serio, gracias T__T me da penita que se acabe el fic, pero bueno, algún día tenía que llegar el final :3

Antes de despedirme quiero disculparme con Yuyan, que aunque sea ficción, no lo vaya a leer nunca y tampoco se entere de mis disculpas (XDD) Yo amo al Bakaki, (leed "Hai, Goshujin-sama" y lo comprobaréis) y lo que pasa es que le encuentro cara de macarra y no he podido evitarlo xD ¡Y también a los BEST! XD

Gracias otra vez a todas, y me gustaría, que como es el último capi, lo comentéis también... A ver qué os ha parecido...

En fin, me voy a bailar (?) xD
Séd buenas niñas, hasta pronto~~ (espero xD)

onaji sora no shita. capítulo (14)



















Capítulo: 14
Lágrimas al viento
(Narrado por chinen )

- Ryutaro!!!-
Grite causando que mis compañeros de celda despertarán,
Aquella pesadilla me estaba atormentando una noche más,
Como era posible que mi mente soportará tanta precion? Apenas si habían pasado 3 meses de los
20 largos años que me esperaban en ese lugar, y aún extrañaba a mis compañeros de clase, a mi madre, y los días soleados al lado de ryutaro, sin embargo la vida no era tan cruel después de todo, por que tenía a keito para hacerme reír con sus ocurrencias, y a takaki para cuidar mis espaldas, y a dos chicos nuevos, yuto y yamada  quienes no decían mucho lo único que sabíamos era que yamada  había matado a su ex en un arranque de locura y yuto era su cómplice, aún que para ser  sincero yuto no tenía pintas de asesino, a diferencia de yamada  quien estaba pasando por un proceso mental muy fuerte ya que en diversas ocasiones lo había escuchado luchar con el fantasma de Hikaru, y lo único que lo regresaba a la realidad eran los brazos de yuto,
- ¿volvió ese sueño? -
Pregunto
Takaki al verme sentado inmóvil sobre la cama,
- ¿Aún lo extrañas?-
Pregunté  al tratar de evadir su pregunta.
- Si... Pero fue lo mejor, yabu no tiene por que detener sus sueños sólo por que yo estoy encerrado, - 
Lo mire por un segundo sólo para sentir como mi corazón se agitaba, el se percató de que mis mejillas se estaban poniendo rojas y se levantó de la cama,  y sin darme cuenta ya me estaba abrazando,
 - ¿Que... Que haces?-
Takaki no me soltó continuo con su abrazo sin responder
- No lo pude defender... No vi que al dejarlo estar a mi lado le causaba un enorme daño, fue mi culpa que daiki lo matara....- detuve mis palabras al sentir aquel llanto salir sin querer me aferre aún más a takaki y los recuerdos llegaron uno a uno, dentro de mi mente, escuchaba los gritos de ryutaro suplicando para que daiki lo dejará, y miles de imágenes llenaron aquellas voces,
Pude ver una a una con lujo de detalle, mi mente había bloqueado todo por el dolor que sentí, aquella noche que daiki me arrancó de los brazos a ryutaro....
- Quiero que pague~ -
Dije muy bajito pero takaki logró escucharme,
Me alejó de el, sólo para mirarme a los ojos y después volverme a abrazar,
- Yo te ayudare... A hacer que pague,- pronunció takaki lentamente mientras me regalaba una bella sonrisa, aquella noche takaki y yo dormimos Juntos, y en mi interior ya comenzaba a amarlo, aún sabiendo que estaba poniendo su vida en riesgo no deseaba perder el calor de su cuerpo junto al mío... 

sábado, 8 de septiembre de 2012

onaji sora no shita. capítulo ( 13)


Capítulo: 13 Cuando tus ojos vean la verdad. (narrador alterno) Como cada semana. Daiki se presentó a visitar a chinen. ya era de suponerse, que chinen no salia de su celda y menos si era para verle la cara a ese que sólo iba con la misma propuesta una y otra vez, ( si aceptas te sacaré de aquí) Aquellas palabras rondaban por la cabeza de chinen, pero lo que pedía daiki era demasiado, no podía volver a estar a su lado, de sólo imaginar las manos de daiki sobre su cuerpo le causaba asco. - por que rayos no quiere verme, se supone que si ryutaro ya no esta lo único que le queda es aceptar mi propuesta para ser libre de nuevo!!!!- grito furioso mientras dos de sus empleados lo miraban con miedo, - joven daiki, lo esperan en la sala- Daiki miro con furia a la sirvienta - No estoy para nadie, ahora largo !!!! Quiero estar sólo- Los tres empleados salieron de prisa, pero antes de que la puerta se cerrará aquel chico logró entrar, - así que no estas para nadie? Ni siquiera para mi? - Daiki levantó la mirada, y sonrió ampliamente, - Pero miren quien esta aquí? kei Inoo, que te. Trae a estas horas a buscarme?- Pregunto daiki mientras levantaba su mano para acariciar el rostro de inoo, - No hagas eso.- Daiki sonrió y retiro su mano, - No has respondido, que te trae de visita?- Inoo bajo la mirada y comenzó a hablar, -Vengo a que me ayudes,- Daiki posó su dedo sobre sus labios, para callar las palabras que estaban por salir, - así que los rumores son ciertos, realmente amas tanto a. Yuya como para venir a verme?- daiki sonrió sabía que inoo no respondería a su pregunta, - No se que tiene ese chico... Es un asesino, tiene fama de drogadicto, y no es nada guapo...mmm pero si así lo quieres que puedo hacer,- Daiki se acercó lentamente a inoo y lo tomó por la cintura, Beso su cuello con suavidad, sintiendo como la respiración de inoo se cortaba, - Sabes cual. Es el precio de la libertad de yuya? - le pregunto para luego sonreír Inoo respiro profundo antes de dar una respuesta, - Lo se y estoy dispuesto a pagar por ello, libera a takaki... y haré lo que tu me pidas~- aquella respuesta iluminó los ojos de daiki, por fin tendría a inoo en su cama, siempre deseo tenerlo, y ahora sería una realidad, Inoo sería su objeto de placer, por que una cosa era cierta, daiki estaba obsesionado con chinen, pero eso no le impedía tener aventuras, y darle rienda suelta a sus instintos, y tener a quien el deseará como Amate, era el turno de inoo, Quería a takaki y estaba por empezar a pagar. Un precio muy alto para que daiki lo ayudará a liberarlo,

viernes, 17 de agosto de 2012

onaji sora no shita capítulo (12)

Capítulo: 12 salvame esta noche, ( narrador alterno) La cálida sangre, de su agresor Corría por sus manos, mientras la mirada de yuto se Clavaba como daga en su pecho, ryosuke dejó de mirar el cuerpo de su víctima mientras en sus labios se pintaba una mueca de dolor, El también estaba herido, a el también lo habían matado, Pero en vida, ya no recordaba cuel fue la última vez que había visto la luz, siempre se mantuvo lejos de todos, por miedo a ser sometido, bueno casi de todos, pues su amigo yuto, no lo había abandonado, todos los fines de semana lo llamaba para saber como estaba, a decir verdad, ryosuke nunca se quejaba de su vida al lado de aquel que juraba amar, pero aquella tarde su amor se convirtió en odio, un odio que lo lleno de ira, a tal punto, que sus sospechas tomaban forma, el amor de su vida llevaba más de 2 años teniendo múltiples aventuras mismas que Ryosuke no quería ver por miedo a quedar sólo, por temor a perderlo todo, por que eso era Hikaru para el, era su mundo, su aire, tal vez si esa tarde no hubiese salido con yuto, nada habría pasado. Pero no fue así, esa misma mañana yuto estuvo insistete para que se vieran, no muy seguro, ryosuke acepto, tomo sus llaves y antes de irse le dio, un corto beso al chico, que estaba sentado mirando el televisor, como siempre lo interrogó antes de dejarlo salir, - ryosuke?- El nombrado volteo al escuchar que lo llamaba, sintió como las manos de aquel chico, envolvían su cintura, - No llegues tarde, y recuerda que, eres sólo mío,- Ryosuke sonrió al oír eso, pero también aquella sensación de vacío lleno su corazón, preguntándose por que aquel chico no le tenía confianza, salió rumbo a la cita con yuto, juntos pasaron toda la tarde, todo iba de maravilla hasta que yuto volvió a sacar el pasado a flote, - Yo no se por que. Te quedaste con el, si el que te gustaba era yo,jajajaja- pronunció en modo burlón, Ryosuke casi se ahoga de la risa, pues le parecía algo gracioso que yuto aún recordará eso como si nada. en el fondo yuto aún estaba enamorado de ryosuke, pero preferiría tenerlo como amigo a no verlo más, - Yo soy muy, feliz, con Hikaru . Yuto yo lo amo.- Pronunció ryosuke mirando directo a los ojos a yuto, - lo se, pero que ahí de el, ryosuke? ¿El té ama? - La pregunta de yuto lleno de dudas la cabeza de ryosuke, Pues jamás había escuchado un te amo, de parte de Hikaru. Siempre decía que era suyo, más nunca algo lindo, como un te quiero, por varias cuadras yuto camino al lado de ryosuke en completo silencio, hasta que ryosuke se despidió de el, la cita terminó antes de lo previsto, yuto se había quedado ahí de pie viendo una vez más como ryosuke desaparecía entre la gente. - El no te ama como yo!!!- grito y apesar de que ryosuke lo escucho no se detuvo, apresuró aún más sus pasos, quería no saber más, sabía que yuto tenía razón. Hikaru no lo amaba. Al regresar a aquel departamento que ambos compartían, sus manos le temblaban de los nervios pues no tenía como explicarle a Hikaru el motivo por el cual volvió antes de tiempo, Abrió la puerta lentamente. Camino hasta la sala, sus ojos se llenaron de lágrimas al ver aquella imagen, no lo creía ahí estaba Hikaru recostado sobre el sillón y junto con el una chica, muy hermosa ambos dormían plácidamente, sus cuerpos estaban cubiertos por una de la sábanas de la cama que ryosuke y Hikaru compartían. Ryosuke se metió a toda prisa a la recámara no podía hacer nada como decir algo ya todo era mas que claro, tomo una maleta y comenzó a llenarla con la ropa de Hikaru, Para cuando terminó de armarla, Hikaru ya estaba recargado en el marco de la puerta, ryosuke lo miro lleno de odio y le lanzó la maleta, - Quiero que te vayas!!!!!- grito mientras en su garganta se formaba un nudo, Hikaru se aproximó hasta el eh intento abrazarlo, Pero ryosuke lo rechazo dándole un empujón, - No seas idiota ryosuke, tu no puedes vivir sin mi!!! Además yo jamás te prometí nada, yo nunca dije que te amaba, pensé que tu al igual que yo estabas de acuerdo en que Las cosas fuesen de esta manera,- la voz de hikaru sonó tan inhumana, que el dolor de ryosuke crecía con cada palabra que salia, - Esta bien si no te quieres ir!!! Lo are yo, ryosuke se aproximó a la salida, pero antes de lograr poner. Un pie fuera de la habitación, hikaru lo detuvo del brazo, haciéndolo retroceder unos cuantos pasos, - si me dejas será para nunca volver me escuchaste?- alegó Hikaru apretando con más fuerza, - sueltame!!!! - Grito ryosuke al tiempo que, le dio un fuerte golpe en el rostro, Hikaru se lo regreso con mucha fuerza logrando que ryosuke cayera al. Pisó, Ya ahí comenzó a golpearlo sin cesar, - Te vas a ir!! Pero antes de eso escucha bien esto!!! Yo no te amo!!! Jamás te ame!!!- Hikaru estaba ciego de tanta ira, no tenía miedo de que ryosuke muriera de aquella paliza, no tenía ningún sentimiento, su único coraje era haber sido descubierto por la chica, ella se fue y jamás volvería, su placer consistía en ver como ryosuke lo amaba aún cuando el le engañaba, pero ahora que ya todo se había descubierto no quería que siguiera a su lado. Siempre lo vio como a un premio el sabía que yuto amaba a ryosuke, y lo que es peor se lo quitó sólo para demostrar que el tenía todo lo que quería. Después, de un rato por fin. Soltó a ryosuke, quien ya estaba muy herido y no sólo del cuerpo también del alma, Hikaru saco un cigarro y se lo llevo a la boca tomo su maleta y decidió salir de aquel departamento, Volteo a ver hacia ryosuke y se regresó sólo para decirle sus últimas palabras, - Oye no eras tan mío como yo creí, yuto también te amaba, y. Sabes te dejo por temor al rechazo, que patético no?? - ryosuke sintió que ya no tenía nada que perder. Se levantó lentamente y sin previo aviso tomo la navaja que el mismo hikaru le había regalado el día que se hicieron novios, no se contuvo sólo dejó que aquella hermosa daga entrará y saliera una y otra vez hasta que los gritos de hikaru se detuvieron. Yuto, caminaba de vuelta a casa, cuando aquella sensación de temor lo hizo ir en busca de ryosuke, para cuando llegó, ya era muy tarde ryosuke. Aún sostenía. La navaja en sus manos, - Que hiciste? Ryosuke!!!!! Dime que rayos hiciste!!!?- al notar la presencia de yuto, ryosuke comenzó a llorar al darse cuenta hasta donde lo había llevado su amor por hikaru, - Yo lo amaba... Yuto yo te juro que lo amaba!!!!- Lentamente ryosuke dejó caer la navaja, mientras yuto se fue acercando, para consolarlo, pues. Si bien era cierto que ahora era un asesino, aun más lo era que yuto nunca permitiría que lo separaran de el, ryosuke se dejó abrazar por yuto realmente estaba sufriendo sus latidos eran débiles, quería no estar ahí, deseaba que todo fuera un sueño y que cuando abriera los ojos en vez de yuto estuviese hikaru, - Yuto quiero que me prometas algo, aún que yo esté en la cárcel no dejarás de visitarme, prometelo~- Yuto miro a ryosuke y lo abrazo con más fuerzas, - No.... are algo mejor que eso, estaré ahí hasta que tu lo decidas,- yuto se alejó un poco de ryosuke sólo para lograr alcanzar la navaja, la tomo entre sus manos, - ahora somos igual de culpables,- fue lo último que dijo antes de volver a acerase a ryosuke. La noche llegó lentamente y con ella, todo el revuelo que lleva una aprensión, de ambos chicos, los cuales fueron condenados a 25 por asesinar a ese chico que tanto amaba ryosuke. Aquella noche yuto lo salvo, no de pagar por sus faltas pero si de una soledad, el aquella cárcel que sería el verdadero lugar donde su historia de amor se contaría.

domingo, 12 de agosto de 2012

onaji sora no shita. capítulo ( 11)

Capítulo: 11 Inocencia El día de visita por fin llegó Mi hermano estaba ahí esperando por mi pero como todas las demás veces me negué a verlo, Chinen estaba sentado esperando a que su. Madre llegará pero en su lugar llegó un chico muy guapo apenas unos años mayor a chinen No tenía cara de ser de su familia pues no se parecían en nada, Chinen al verlo se levantó de inmediato de su lugar y no se que ocurría pero pareciera que ver a ese chico no fue para nada grato pues salió del lugar no sin antes gritarle unas cuantas maldiciones. - Pobre se nota que ese sujeto lo hizo enfadar,- Pronunció keito, - ¿sabes quien es?- Le pregunté pero keito sólo negó moviendo la cabeza de un lado a otro, - Su nombre es daiki arioka y .... Por su causa estoy aquí Pagando el ser tan cobarde y no saber defender a quien realmente amaba- Yo y mis tonterías me llevaron a oír lo que chinen apenas si nos pudo decir, No sabía por que el escuchar. A chinen me causaba tanto conflicto, keito noto que no deseaba seguir ahí , - vamos. - Pronunció mientras avanzaba. Lo seguí dejando a chinen atrás. Pero algo dentro de mi se rompió. Ya que desde que chinen había llegado a compartir celda con nosotros me había olvidado de mi condena, el saber que el estaba ahí todas las mañanas era de suma alegría, pero ahora que había mencionado a alguien más y que Amara a ese alguien no me hacía para nada feliz. Pero no podía pretender que Amara a un asesino como yo, el era inocente más que yo, por que yo disfrute la muerte de ese maldito, pero chinen nunca. Sería capaz de matar a nadie, me lo decían sus ojos cada vez que me miraban.