martes, 15 de marzo de 2011

kimi wo mamoru tame ni [ cap 4]






Me pregunto por qué no soy capaz de escribir sólo cosas bonitas y rosas u.u" supongo que no es lo mío.
Estoy depresiva, mañana empiezan otra vez las clases... ¡NOOOO! Nandeeeee? T.T
Os dejo el capi ne~

Narra Chinen :3



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Kimi wo Mamoru Tame ni
[Por Protegerte]

Capítulo 4


Kimi no Kuchibiru no Yasashisa
[La Amabilidad de tus Labios]


Una nube. Una nube espesa y negra: Ahí dentro me encontraba, flotando sin dirección. Miré hacia un lado: Oscuridad. Hacia el ótro: Negrura. Mi pecho se oprimió y junto a esta sensación, de forma súbita, noté mi cuerpo caer, caer a una velocidad aterrorizante. Sentía mi estómago revolverse y los gritos salir por mi boca, llenando el vacío de aquel lugar.

Pero nadie me escuchaba; nadie me escuchó.

Mis gritos se mezclaban con el llanto, rasgando la oscuridad de la silenciosa paz en aquella nada, mientras seguía cayendo.

Hasta que me cansé de gritar, de gastar mi voz en vano.

Cerré los ojos y sentí las lágrimas descender lentamente. Intentaba que el temor no me inundase, adaptándome a la idea de permanecer toda mi vida precipitándome en lo desconocido. Y lo conseguí. Y me acostumbré. Y las lágrimas secaron sobre mis mejillas.

Sin embargo algo me detuvo.

Una mano, éso fue lo que me detuvo. Una mano agarró la mía fuerte, muy fuertemente. Abrí los ojos y descubrí que la oscuridad se había tornado luz. Una luz cegadora y cálida, una luz que envolvía, que me llenaba de esperanzas.

Hasta que esa luz... también empezó a caer.



Mis párpados se abrieron súbitamente. Mi corazón se había agitado y sentía mis pulmones trabajar a su máxima velocidad.

- ¿Estás bien? - escuché un cercano susurro.

¿Eh? ¿Esa voz era...? Volteé el rostro y pegué un respingo al ver a Yamada de costado, tumbado detrás de mí con su brazo descansando sobre mi cintura.

- Ya...Yam... Yamada, ¿Qué haces aquí? - me incorporé rápidamente, contestándole con el mismo tono bajo, para no despertar a nadie.
- ¿Cómo que qué hago aquí? - se sentó también, con calma, bostezando. - No sé si lo has notado pero ésta es mi cama. - rió, restregándose los ojos.

Miré a los lados con rapidez, comprobando que era cierto.

Entonces me acordé: Ayer... Ayer vine a entregarle ese manga que se dejó en mi cuarto y me tumbé... las sábanas olían a él.

Balanceé la cabeza, intentando calmar el rubor que subía a mis mejillas.

- ¿Por qué no me despertaste? - agaché levemente el rostro.
- Soñabas tan plácidamente que preferí no hacerlo.

Alcé la mirada hacia él. Y noté cómo una de sus manos se posaba sobre mi rostro.

- ¿Te encuentras bien?

Tragué saliva. Sus ojos clavados sobre los míos me agitaban, y la cercanía de su mano no ayudaba a calmarme.

- ¿Por qué lo dices?
- Has tenido una pesadilla, ¿Verdad?
- E... Estoy bien, tranquilo.

Sonrió, y cerré los ojos inconscientemente cuando sentí sus labios sobre mi frente, mientras mis mejillas adquirían una leve tonalidad rosada.

- Me voy..., an... antes que se despierten todos. - susurré sin saber exactamente cómo reaccionar.

Me levanté, notando su mirada en mi espalda mientras me encaminaba hacia aquella puerta que cerré con cuidado.



Caminaba hacia los jardines después de comer, con la intención de permanecer en la casita escondido el resto de la tarde, pero de un repentino estirón un brazo me obligó a cambiar de planes radicalmente, haciéndome entrar en una habitación para clavarme de la más brusca de las formas contra la pared.

- Hi... Hikaru-kun... - balbuceé, desconcertado.
- Hola, Chinen. - sonrió, sus manos apoyadas a los lados de mi cabeza me impedían cualquier intento de fuga.
- ¿Qu...?
- Ayer, - me interrumpió - te vi en la cama de Yamada. Tu nuevo amiguito es muy cariñoso, ¿No crees, Chinen?

Tragué saliva.

- ¿Qué crees que opinará Takaki si se entera de que dormiste con él?
- N... No hemos hecho nada, é... él sólo... No... ¡No se lo digas a Takaki, por favor!

Las palabras salían desordenadas e inintelegibles por mi boca, no podía evitarlo, el sólo pensar en que Takaki se enterase de aquéllo, hacía que ya sintiese el dolor de los golpes en mi piel; esta vez no sería tan benévolo cómo en la primera, él mismo me avisó.

- ¿Por favor? ¿Y qué obtengo yo a cambio, Chinen? - habló, posando su mano sobre mi mejilla y acariciando con su pulgar mi labio inferior.

Aparté bruscamente con el brazo ese contacto de mi rostro, y mi expresión coaccionada repeló su mirada, descendiendo mis ojos para luego agacharme.

Tras quedar arrodillado frente a él, le desabroché el botón del pantalón, para acto seguido bajarle la cremallera de éste. Palpé el bulto bajo sus boxers, notando cómo respondía, apartando la vista para no ver aquéllo.

Al notar que era suficiente, estiré del borde de sus boxers hacia abajo, dejando a mi vista aquella parte semidespierta de él. Volví a rehuir la mirada, avergonzado. Cerré los ojos y la introduje en mi boca lentamente, escuchando cómo un sonido grave salía de sus labios.

Comencé a moverme y a sentir su virilidad crecer y endurecerse cada vez más dentro de mi cavidad.

- Házlo bien, o ya sabes.

Cogí su miembro entre mis manos, apartándome para comenzar a acomplejar mis movimientos. Acerqué mi lengua a la punta de su hombría, haciendo círculos con ella para luego introducirme sólo esa parte. Succioné, y un suspiro salió de su boca.

- Ah... Joder, que bien enseñado te tiene Takaki...

Entonces la puerta se abrió, pegué un respingo pero al ver quien era continué con mi forzosa labor.

- Hikaru, ¿Qué haces jugando con el conejito de Takaki? Como te vea te mata.
- Tranquilo Kota, está muy ocupado con Daiki y Kei ahora. - alargó la palabra "muy", dándole un tono pícaro que hasta yo entendí.

Ambos rieron, mientras yo me concentraba en hacer lo que debía, pasando esta vez mi lengua por la longitud del sexo de Hikaru.

- Kota ah..., ven aquí. - le cogió de la muñeca, situándolo detrás suyo.

El mayor sonrió, sujetándose a la cintura de Hikaru, quien apoyó las manos en la pared al sentir cómo esa parte suya se restregaba en él.

- Ah... Kota... Te estás poniendo duro.

El más alto rió.

- ¿Quieres sentirlo dentro de ti?
- Sí...

Se desabrochó la parte delantera de su pantalón, bajándoselos aún más a Hikaru para rozar su miembro erecto contra él, mientras éste le humedecía los dedos.

Cerré los ojos, imaginándome que no estaba allí; me avergonzaba ver aquéllo, pero no pude evitar volver a la realidad al sentir cómo Hikaru cogía mis cabellos, moviéndome la cabeza a su antojo mientras salía y entraba en mi boca.

Dejó escaparse un gemido al sentir a Yabu entrar en él.

- Ah... Kou-chan... Sí... Así...
- Eh, criajo, ya... Ah... Ya puedes irte. - me habló Kota.
- ¿Eh? ¿Por qué~? - sonó un meloso Hikaru-kun.
- No le quiero aquí. Venga, vete.

Me incorporé, y tras caminar hasta la puerta, me volteé otra vez.

- Hikaru-kun... No le dirás nada, ¿Verdad? - dije y vi cómo Kota le volteaba, alzándole de los muslos para que el menor le rodeara con sus piernas.
- No..., Ah... Vete ya. - respondió enredando sus dedos en el cabello de Kota, quien se encontraba apoderándose de su cuello, mientras le embestía con fuerza.
- ¿Decir qué? - escuché un susurro del mayor, mientras abandonaba la zona antes mordisqueada, dirigiéndose a sus labios.
- Nada. - le respondió en el mismo tono para luego unir finalmente sus labios, en un beso lleno de deseo y lujuria.



Tras cepillarme los dientes y dejar el neceser en mi cuarto, volví a emprender mi camino hacia la casita del jardín, buscando algo de paz; necesitaba esconderme, sin embargo, para mi sopresa, la puerta estaba abierta.

La entreabrí y vi cómo Yamada jugaba con Yoru-chan, haciendo que saltase para alcanzar un hilo que aguantaba en su mano. Sonreía, esa sonrisa... ¿Por qué conseguía aquel efecto en mí?

- Ah, Chinen, ¿Dónde estabas? Te he estado buscando. - me descubrió y no me quedó otra opción que pasar.

Y la preocupación volvió de nuevo. Si por un casual Hikaru decidiese decírselo a Takaki, sufriría las consecuencias, y de seguro, cómo me había dicho aquella vez, serían mucho peores.

- ¿Qué ocurre? - se levantó.
- ¿Eh? Ah, nada. - sin apenas percibirlo esos pensamientos habían tomado cuenta de mi expresión. - Bueno, me voy. - sonreí y me volteé.

Pero su mano se posó sobre la mía en la manilla de la puerta.

- Chinen, - me volteó hacia él de los hombros. - ¿Qué ha pasado? ¿Takaki?

Negué con la cabeza, incapaz de mirarle.

- Dímelo, Chinen.
- N... No..., me da vergüenza.

Alzó mi rostro hacia él y, como ya empezaba a ser habitual, besó mi frente con aquella delicadeza que erizaba mi piel.

- Hikaru... Hikaru-kun me vio ayer en tu cama y... Sabe que dormí allí...

¿Por qué le contaba todo aquéllo? Las palabras salían sin consultármelo por mi boca.

- Tengo miedo de que se lo cuente..., Takaki... me da mucho miedo...

Agaché la cabeza, luchando contra las lágrimas. No, no quería que saliesen, ¿Por qué lloraba con tanta facilidad cuando me encontraba frente a él? ¿Por qué su presencia me volvía débil? Yo... Aguanté todo hasta ahora callado, reteniéndolas al máximo en mi interior, esforzándome en ser una simple marioneta sin sentimientos..., era lo más conveniente en mi situación, pero esa persona... Me hacía sentir humano. El tacto de sus manos sobre mi piel provocaba una reacción agradable en mi cuerpo que cada vez me apetecía rechazar menos, cómo si, más que acostumbrarme, me estuviera volviendo dependiente a ella.

Su cuerpo dio un paso hacia mí, y mi cabeza gacha recostó su frente en aquel hombro. Mis manos sintieron ese impulso propio y se posaron sobre su cintura. Sentí sus brazos rodearme y acercarnos, restando la distancia que nos separaba del término "abrazo". Y resbalé las manos hasta posarlas en su espalda, estrechándolo a mí del mismo modo.

Yo... ¿Qué estaba haciendo?

Mis sollozos me delataban, la humedad que dejaba sobre su cuello también. Me cogió de los hombros, apartándome lo suficiente de sí como para comprobar que estaba llorando.

- Venga... no llores, no pasará nada, ¿Ne? - cogió mi semblante entre sus manos, mostrándome una alentadora sonrisa.

Sus labios tomaron contacto una vez más con mi frente, bajaron rozándome hasta mi nariz; besándola también, luego se posaron sobre mi mejilla, y al final... al final... Esos labios se unieron con los míos. La bravedad de aquel fugaz contacto me hizo entrecerrar los ojos, cómo si una pequeña ola eléctrica hubiera invadido mi cuerpo, y no niego que así fuese.

Volvió a abrazarme, y mi mejilla se recostó sobre su pecho.

Aquéllo... era tan agradable; sumamente agradable. Me sentía envuelto en una nube de algodón, cómo si todo a mi alrededor se desvaneciese. Mi corazón, colmado por aquel sentimiento, parecía querer explotar de ternura, era una sensación que no recordaba haber sentido jamás; la más hermosa de las sensaciones.



- Chinen~ - susurró una voz conocida, dándole un tono melódico. - Buenos días. - me saludó alegremente Yamada, tras haberme volteado algo sorprendido.
- Buenos días, Yamada. - respondí.
- ¿Sabes? Hoy he soñado algo muy raro...

Sonreí, mientras escuchaba cada detalle en las palabras que salían con tanto entusiasmo de su boca, y casi sin precebirlo llegamos al comedor, el cual todavía se encontraba vacío. Cogimos lo que iba a ser nuestro desayuno y nos sentamos en la mesa correspondiente.

- Hoy estás de buen humor, Yamada.- reí en tono bajo, al percatarme de que, más que comer, se había pasado todo el desayuno averiguando cómo hablar y masticar a la vez y lograr que sus palabras se entendieran.
- Porque tú lo estás. - tragó el último bocado.
- ¿Lo estoy?
- Sí, mira, ahora mismo me estás sonriendo.

Desvié la mirada, curvando mis labios torpemente.

- ¿Has acabado? Venga, vamos a darle de comer a Yoru-chan antes que se despierten todos. - dijo.

Caminamos por el pasillo, un silencio confortable nos rodeaba, en el cual únicamente el sonido de nuestros pasos se inminscuía.

Mis párpados se abrieron casi instantáneamente: Talón, punta, talón..., Pasos grandes y firmes. El sonido seco de sus zapatos chocando en aquel compás tan característico contra el suelo me era inconfundible.

- ¿Qué pasa? - escuché que me decía una voz dulce a mi lado.

Cogí sin pensármelo dos veces la mano de Yamada y en aquel arrastre lo adentré junto a mí a la primera puerta que encontré.

Miré incrédulo a los lados, descubriendo que habíamos entrado en los baños, donde, de seguro, aquella recién levantada persona sólo podía dirigirse.

- ¡¿Y ahora qué?! - murmuré perdiendo el control.

Y justo entonces noté cómo la mano de Yamada, todavía unida a la mía, me arrastraba.

La puerta de una de las estrechas cabinas de la duchas se cerró milésimas de segundos antes de que la de la entrada del baño se abriese.

Mi corazón empezó a bombear sangre tan rápidamente que temía que ese todavía adormilado Takaki lo percibiera desde donde se encontraba cepillándose los dientes.

- Tranquilízate...

Un susurro, casi inaudible si no estuviera tan próximo a mí, acarició mi oído, adentrándose en mi cuerpo y volviéndose vibraciones que me agitaron, esta vez de un sentimiento diferente.

Cogió mis manos, que hasta ese momento no había notado que temblaban con levedad, y, estrechándolas entre las suyas, las besó. Se separó de ellas con lentitud, alzando el rostro. Me miró, y temblé; allí estaba otra vez: Esa pequeña presión sobre mis labios. Un roce breve, cálido y... desconcertante.

Le abracé, escondiendo mi rostro en su hombro, hasta que escuchamos cómo Takaki salía.

¿Por qué, más que ignorarlo, estábamos tratando con tanta normalidad ese tipo de contacto? Ésto estaba mal, ¿Por qué no reaccionaba? Tal vez... Porque había descubierto que dejarme llevar era algo demasiado agradable.




- Ne... Shintaro. - le dije, algo avergonzado por lo que preguntaría. - ¿Si besas a alguien... significa que te gusta, verdad?

¿Qué hacía yo preguntándole a un niño de doce años éso? Aunque pensándolo bien él tenía más experiencia en este tipo de cosas... creo.

Vi a Shintaro sonreír, sentado en el borde de mi cama, algo desconcertado por la pregunta.

- Sí... yo no le veo otra razón. - cogió un trozo del pan que me había traído. - ¿Seguro que no quieres? - me lo ofreció y negué.
- Te he dicho que ya he desayunado.

Se lo llevó a la boca.

Hoy, como otros muchos días, Shintaro se había acercado a mi habitación, preocupado por mi dieta, y yo no podía evitar, contrariamente a lo habitual, que ese buen humor que irradiaba no se percibiese, puesto que normalmente evitaría intercambiar palabras con él, a pesar de que se empeñara en lo contrario.

- ¿Quién te ha besado, Chinen?

Me atranganté con mi propia saliva, empezando a toser sin control.

- ¡Que te mueres! ¡Respira! - me golpeaba levemente la espalda.

Después de unos minutos de desesperación y agonía, carraspeé la garganta por décima vez, intentando devolverla a su estado normal.

- ¿Yamada-kun te ha besado? - sonrió pícaramente cuando me normalicé, insistiendo en aquéllo.
- No, Shintaro... Ya basta, puedes irte.
- Jo... Venga, dímelo, ¿Cómo besa Yamada-kun? ¿Sabes? Cuando besé a Nii-chan por primera vez...

Su voz irrefrenable entraba en mi cabeza, sin que ésta descodificara las palabras; me encontraba completamente ensimismado.

Y es que ni siquiera.... ¡Ni siquiera me había besado! Sólo fue un pequeño toque... es decir, para tranquilizarme, ¿No? No se puede llamar beso... ¡¿En qué estaba pensando? ¿Yo... Quería que me besase? Sí..., sólo para saber cómo se siente...

- Chinen. - mi mirada se dirigió inmediatamente hacia aquella voz que me llamaba desde la puerta. - Takaki te llama. - dijo Daiki.

Toda expresión en mi rostro desapareció, agachando la cabeza.

- V... Voy. - me levanté.

Al llegar a la mitad del pasillo donde caminaba tras esas dos figuras, Daiki se detuvo, pausando también los pasos de Kei.

- Chinen, aléjate de Yamada... no te conviene. - dijo repentinamente, al voltearse hacia mí.
- Dai-chan no d...
- Kei también piensa lo mismo. - cortó las palabras del mayor, quien sólo atinó a agachar la cabeza, corroborando lo dicho.
- Sabes que no somos como ellos, pero no podemos hacer nada para ayud...
- Ya basta, Dai-chan.

Kei dio por finalizada la conversación, agarrando la mano de Daiki para seguir avanzando hacia la habitación de los mayores; la última puerta a la derecha.

No quería entrar, no... mis manos temblaban. En la mirada de Daiki pude percibir que nada bueno se presagiaba. Pero, como era de esperar, no tuve más opción que hacerlo.

- ¿M... Me llamabas? - sonó mi voz mientras me acercaba a paso lento hacia su figura.

Daiki y Kei aguardaron de pie a cada lado del interior de la puerta. Me asusté, ¿Acaso era para que no escapase? Takaki se encontraba sentado sobre una de las camas inferiores de las literas, la cual, en la parte superior estaba un Kota adentrado en la lectura de una revista mientras descansaba sus piernas sobre las de Hikaru, sentado en la misma que él, haciendo lo mismo.

Takaki volvió su mirada hacia mí, y se levantó.

- Acércate. - su voz era firme, autoritaria.

Di dos pasos, obedeciéndole.

La mano derecha de Takaki se alzó por encima de su hombro izquierdo, y ni siquiera tuve tiempo de retener el aire en mis pulmones: El dorso de ésta impactó con tal fuerza contra mi mejilla, que sentí antes el dolor de mis rodillas clavándose en el suelo, que el agudo escozor que hormigueaba la zona.

Un nudo se formó en mi garganta, y mis sollozos salieron nada más sobarme esa parte.

- Mira qué me obligas a hacer en tu preciosa cara. - se agachó, volteándome al cogerme de la quijada y haciéndome temblar ante esa mirada aparentemente serena, pero que ocultaba una furia desenfrenada. - Eres un conejito desobediente, ¿Cómo te has atrevido? - esos dedos se hundieron más en mis mejillas, lastimándome.

Me arrojó al suelo con brusquedad.

Se levantó. Intenté al menos incorporarme para quedar nuevamente de rodillas, pero un pie sobre mí lo impidió.

- ¿Qué? - un fuerte golpe se clavó en mi estómago, haciendo que mi cuerpo se zarandeara.

Y cerré los ojos, sintiendo esas gruesas y saladas gotas descender.

- ¿Te folló? ¿Eh? ¿Te gustó cómo te folló?

Sus patadas se hundían una y otra vez en mí, sin importar dónde impactaban, él sólo cogía impulso y hacía que el dolor chocara de aquella manera hiriente en alguna parte de mi encogido cuerpo sobre el heladísimo suelo.

Mantenía mis brazos flexionados a cada lado de mi rostro, esperando que todo acabase pronto. Lloraba, y por más que aquel nombre salía a gritos de mi interior, nadie aparecía, nadie me salvaría, siempre lo supe. La única calidez con la que siempre podría contar se llamaba lágrimas, ellas... Nunca me abandonaban.

"Yamada, ¿Sabes si las lágrimas son cálidas por ese motivo? Yo... aún así, prefiero la calidez de tus besos", pensé, mientras mi cuerpo temblaba, llegando al límite de su aguante, meciéndose... al ritmo de aquella tortura.


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FIN


Gracias por leer este fic hasta aquí, no quería acabar tan pronto pero en fin... el capítulo final ha sido un poc...



Es broooma~~~ xD

XDDDDDD

Vale, ya. ._. No sé cuántas veces habré hecho esa misma broma pero me sigue divirtiendo xD

Ale, no me castiguéis sin comentarios por éso, ne? n.n que me encanta leer vuestros comentarios >.< Espero que os haya gustado este capítulo :3 nos vemos en el próximo yay~~!

sábado, 12 de marzo de 2011

kimi wo mamoru tame ni [ cap 3]







Kimi wo Mamoru Tame ni (Cap. 3)
Hi~~~~~

Últimamente le dedico mucho tiempo a escribir, no sé si éso es bueno o malo ._. Por eso traigo la conti (Para mi ritmo normal en los seriales, es poco común que esté hecho tan pronto xD)

Y bueno, ayer por la noche no podía dormir y como no me apetecía levantarme para coger el iPad pues me quedé pensando en la cama lo que podría poner en Kimi wo Mamoru Tame ni, y a consecuencia de éso, ya lo tengo todo en mi cabeza XD sólo falta escribirlo. Sólo diré que el final será bastante inusual y que según mis cálculos por ahora tendrá unos tres capítulos más, pero no es seguro.

Sin más, os dejo con la conti. Espero que os guste :3



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Kimi wo Mamoru Tame ni
[Por Protegerte]

Capítulo 3


Soshite Kokoro ga Sono Atatakai Kaze Kanjiteta
[Y entonces mi corazón sitió esa brisa cálida]


No recordaba cuánto tiempo llevaba aquí, pero la cuestión era que me encontraba observando tras unos arbustos desde aquel ángulo que me dejaba ver su perfil, la figura de Chinen acariciando al pequeño gato que había encontrado días atrás, quien se rendía a ronroneos ante aquellos movimientos delicados, suaves y tan dóciles. Yo, sin embargo, no podía evitar verme sumergido en aquella mirada triste que se enfocaba en el animal que sostenía en brazos. No entendía por qué, pero simplemente no podía desprender mis ojos de él, y no era la primera vez, ya llevaba bastantes pasándome lo mismo, pero no me importaba, era una sensación agradable, y cuanto más cerca suyo estaba más agradable se hacía. Me estaba haciendo adicto a aquella sensación, era lo único que deaseaba: Estar con él y, si fuera posible, hacerle sonreír, porque cuando esa persona sonreía mi interior se desbordaba en ternura.

- Tú y yo no somos tan diferentes, ¿Verdad, Yoru-chan? - dijo en un susurro.

Sonreí amargamente, mientras me acercaba en silencio hasta su espalda y me agaché a su lado, acariciando también aquel suave pelaje.

Al instante noté una mirada sobresaltada en mí.

- ¿Ya le has puesto nombre?- llevé mi vista hasta Chinen, dedicándole una sonrisa leve que su mirada desvió.
- Hum. - asintió. - Yoru, - sonó su voz mientras dejaba al animal en la caja de nuevo con cuidado. - porque es tan oscuro como la noche.
- Yoru... - repetí el nombre en voz alta. - Me gusta.

El silencio nos envolvió, y no pude evitar volver llevar mi mirada hacia él.

- ¿Q... Qué pasa, Yamada?
- ¿Sabes? Estaba pensando que necesitaríamos un lugar seguro donde esconderlo, si lo llegan a encontrar lo echarían. - dije, aunque en realidad éso lo había estado pensando por la mañana, ahora tan sólo tenía la mente en blanco mientras le miraba.
- Hmn... Yo conozco uno, pero...
- ¿Pero?

Suspiró, pensándose seriamente algo, y después de mantener la mirada perdida durante unos segundos acarició a Yoru-chan, apretando los labios con determinación.

- Lo haré por ti, Yoru-chan. - le dijo y me miró. - Vale, te lo enseñaré, pero tienes que prometerme no decírselo a nadie.
- Te lo prometo.

Cogí sin permiso su muñeca y enlacé nuestros dedos meñiques.

- Eres tonto... - dijo atrayendo esa mano hacia sí, avergonzado.

Reí.

- Y bien, ¿Dónde es?
- Mañana antes que se despierten todos vamos, ahora ya está empezando a oscurecer y dentro de poco nos llamaran para cenar.

Nada más decirlo sonó la campana con la cual nos indicaban la hora de la cena.



Ya iban tres veces que Chinen levantaba la vista justo cuando le estaba mirando, y yo, como el idiota que estoy hecho la apartaba torpemente, casi agradecí que Shintaro llegara a nuestra mesa, asustando a su hermano por la espalda, así desviaría un poco mi atención.

- Mou... Nii-chan dame una mordida de tu postre... - decía mientras le rodeaba el cuello por la espalda.
- Shin-chan, todavía no he acabado de comer.
- Por fa~~~

Ryutaro suspiró con profundidad, rindiéndose. Cogió el plátano que tenía en su bandeja y despeló la parte superior. Shintaro se inclinó un poco más sobre él, indicándole que se lo diese directamente. El mayor lo acercó a su boca y creo que todos los presentes en aquella mesa, excepto Chinen, que se mantenía en su aislamiento habitual, nos percatamos de cómo Ryutaro miraba aquella pieza de fruta entrar en la boca del menor, y de cómo tragó saliva al presionarla Shintaro con sus labios para morder el trozo.

- Gracias, Nii-chan. - le besó la mejilla para después volver a su mesa correspondiente.
- Ryutaro, eres un depravado. - soltó Kento una risita.
- P... Probablemente. - se levantó, dispuesto a irse. - Aunque mira quien fue a hablar ¿Te crees que no escuché vuestros jueguecitos ayer por la noche? Pedazo de pervertidos. - rió, concluyendo su venganza.

Les miré repentinamente, soprendido. Yo, que solía percatarme de este tipo de cosas, ni siquiera había sospechado aquéllo. Ambos habían enrojecido, aunque Fuma mucho más que Kento.

Ryutaro se retiró. Mi sexto sentido me decía que la escena vista anteriormente había armado un caos en sus hormonas. Observé cómo su hermano salía tras él segundos después de verle atravesar la puerta del comedor y evité que mi cerebro supusiera más cosas.

- Te dije que nos podrían escuchar. - dijo un cabizbajo Fuma.
- No pasa nada. - balanceó la mano, quitándole importancia. - Toma, ¿Quieres un poco de mi plátano? - rió ante su broma, aunque a Fuma no le hizo mucha gracia.

Volví a dirigir mi mirada hacia Chinen cuando vi que se levantaba y se encaminaba hacia la salida. Bufé, ya no le vería hasta el día siguiente.



Me levanté con prisas, lo acordado ayer me tenía ansioso.

Tras asearme y cambiarme me dirigí hacia el jardín donde vi a Chinen sentado sobre un banco, mordiendo la pajita que sobresalía de su caja de zumo, mientras se concentraba en el movimiento que hacía el balanceo de sus piernas, cuya longitud no era suficiente para llegar al suelo. Sonreí al ver esa imagen, y un deseo de abrazarle nació desde mi interior.

- Ah, por fin estás. Venga, vamos. - dijo al verme, sacándome de mis pensamientos.

Caminamos hasta la pequeña casita de los jardineros, situada tras un árbol de abundantes hojas, me preguntaba si lo habían construído ahí para camuflarlo.

Al parecer ésa era nuestra meta.

- Chinen, ¿Es ésto? Sabes que está cerrado, ¿Verdad?
- Siempre hablas demasiado, Yamada.- dijo mirando detrás de un arbusto. - ¿Dónde estará? - murmuró para sí, extrañado.
- ¿Qué buscas?
- Mi silla, sin la silla no hay llave.
- ¿Eh?

Apuntó hacia una pequeña ventanita sobre la puerta.

- Ahí está la llave.
- ¿Estás seguro?
- Completamente.
- Pues bien, cojámosla.

Me encogí, y tras rodear sus caderas con mis brazos le alcé en el aire.

- ¡Yamada! - gritó con desesperación. - ¿Se puede saber qué haces? ¡Bájame, bájame, bájame!

Solté unas risitas, ese exagerado sofoco le hacía parecer todavía más adorable.

- Cógela, ¡Vamos! - dije, riendo.

Él alzó sus ojos, que hasta ahora estaban mirándome desde aquel ángulo superior, y alargó un brazo, alcanzándola sin problemas.

Volví a agacharme y cuando sus pies tocaron el suelo resbalé mis manos por su cintura hasta quedar incorporado de nuevo, encontrándome con una mirada fija en la mía. Aquella situación me agradaba, y mucho. Llevó una de sus manos, antes posada en mi hombro, hasta su mejilla ruborizada y tras comprobar el estado de ésta se volteó de inmediato, abriendo la puerta con prisas.

- N... No v... vuelvas a hacer éso.

No le respondí, el rastro de aquella cercanía todavía estaba en mí y, no sé bien por qué, pero quería sentirla un poco más.

Un leve ruido de la cerradura nos indicó que teníamos el paso libre. Chinen abrió y esperó al lado de la puerta a que pasara.

A diferencia de lo que me esperaba por la imagen exterior, la habitación era pequeña. Justo en frente se veía directamente una ventana con vistas al pasillo que dirigía a la entrada trasera del horfanato. Bajo ella, tendido en el suelo, se encontraba un colchón algo viejo y sucio. Me preguntaba por qué estaba ahí, puesto que parecía estorbar, ya que ocupaba casi la mitad del sitio. Junto a la puerta, a mi izquierda, había un mueble de cristal en el cual parecían guardar herramientas y, a diferencia de la vacía pared del fondo derecho, la del izquierdo constituía en la puerta de un armario empotrado que, supongo, serviría para más de lo mismo.

- Es perfecto. - me volteé.

Me sonrió. La extrañeza se mezcló con una sonrisa en mi rostro.

- V... Vamos a por Yoru-chan. - se volteó tras agachar la cabeza, borrando aquella hermosa expresión de sus labios, algo nervioso.

Tragimos al pequeño y nos sentamos sobre aquel colchón que al principio me sacó unos cuantos estornudos.

- Oye, Chinen, ¿Aquí es donde estás cuando desapareces?
- Hum. - asintió mirando al pequeño Yoru-chan jugar con un trozo roto del cartón de su caja frente a nosotros.
- ¿Y qué haces aquí dentro metido tanto tiempo?
- Haces demasiadas preguntas, Yamada.
- Es que quiero saber cosas sobre ti.

Posó su vista en mí.

- Tengo que irme. - dijo levantándose.

- ¿Eh?¿Por qué?
- Ya estarán todos despiertos, si Takaki nota que faltamos justamente los dos se enfadará.

"Takaki, Takaki, Takaki" No aguantaba oír ese nombre.

Me incorporé rápidamemte antes que saliese y le cogí de la muñeca, a lo que él volteó su mirada hacia mí.

- Él no es tu dueño, Chinen.

Un expresión amarga apareció en su rostro y de un tirón deshizo el agarre que nos unía.

- Sí lo es. - se encaminó hacia el centro.
- ¿Cómo puedes decir éso? - salí tras él, apresurado. - ¡Chinen, reacciona! ¡Haz algo! ¿Lo has intentado hablar con la directora? ¿Has...?
- ¡Basta! - esa palabra, además de detener las mías, también nos paralizó a ambos.

Vi la angustia escrita en su rostro, y mi interior se encogió, no quería entristecerle..., sólo... hacerle reaccionar.

- Tú no entiendes nada. - se volteó hacia mí, y mi mirada siguió su figura pasando a mi lado para cerrar aquella puerta y encestar la llave en su sitio.- para de hablar como si lo supieras todo... Que haga algo... ¿Crees que no lo intenté?- volvió a emprender de nuevo sus pasos.
- Chinen...
- Cállate por favor, sólo... calla. - agachó la mirada y siguió caminando.

Caminé a su lado en silencio, mirando de reojo de vez en cuando esa expresión perdida en la nada.




No aguantaba más, lo ocurrido por la mañana me estaba asfixiando, tenía que ir a hablar con él, pero seguramente se exasperaría aún más.

Bufé, agobiado.

-¿Qué ocurre, Yamada?- preguntó Kento apoyando el mentón en el hombro del menor.
- Nada, tranquilo. - dije mientras despegaba mis ojos de la litera superior, llevando mi mirada hacia ellos.
- Éso no es lo que parece. - habló esta vez Fuma, quien se encontraba sentado entre las piernas de Kento, sujetando unas cuantas cartas en sus manos que ambos miraban con insistencia.
- Ésta de aquí.- le susurró a la oreja Kento, señalándola con una de las manos que antes rodeaba su cintura.

El menor, después de un ligero estremecimiento, retiró la carta indicada, dejándola sobre la cama.

- Oh, que tiernos..., Aunque... - dijo Ryutaro.

Pasó de estar tumbado boca abajo a sentarse en aquella misma cama en la que los dos chicos también lo estaban.

- ¡Éso no cambiará que gane otra vez! - soltó una risa malvada que ni en películas tenían tanto realismo, y hizo que los que habían optado pasar también su rato libre en la habitación le miraran asustados.
- Mou... Ken-chan... Ha sido tu culpa. - lloriqueó Fuma.
- ¡Os dije que no me ganariáis ni los dos juntos! - Ryutaro seguía en su mundo, carcajeándose, mientras le ignoraban.
- ¡Pero si fuiste tú quién le desafió! - rió Kento, quien, como habitualmente, se tomaba todo con diversión.
- ¡Me debéis dos postres seguidos! - la pareja seguía sin prestarle atención y Ryutaro paró en seco su actuación, indignado. - ¡Oi, hacédme caso! - siguieron ignorándole, aunque ahora lo hacían a propósito.

Reí y al parecer llegó hasta los oídos de Ryutaro, quien, tras levantarse para dirigir sus pasos hacia mí, se sentó sobre mi cama.

- ¿Seguro que no te pasa nada, Yamada? - preguntó, asustándome con su repentino cambio de actitud.
- Nada que no tenga solución. - me levanté, dedicándole una sonrisa grata por su preocupación.

Me dirigiría hacia la casita del jardín, seguramente estaría ahí como siempre, aunque una silueta conocida pausó mis pasos mucho antes, al pasar por la puerta contigua a la mía.

- ¿Puedo pasar? - dije entrando en su habitación.
- ¿Para qué lo preguntas si ya estás dentro? - siguió doblando unas cuántas piezas de ropa extendidas sobre su cama.

Reí.

- Ne... Esta mañana, yo... no debí haber decir todo éso. - me acerqué a paso lento, tocándome la nuca sin atreverme a mirarle. - ¿Me perdonas? - dije sentándome.
- Yamada... no estoy enfadado.
- ¿De verdad? - sonreí. - Menos mal...

Escuché salir un suspiro de su boca al desviar mi mirada a lo que doblaba.

- Ne, el otro día me dejé el manga sobre tu cama, ¿Dond...?
- ¡Shh...! - dijo súbitamente, y aquella paralización que ya había visto antes invadir su cuerpo volvió a aparecer.

Alzó su rostro hacia mí lentamente, preocupado.

- ¿Qu...?

Tapó de repente con la mano mi boca y, cogiéndome de la muñeca, me arrastró hasta el armario que teníamos al lado, junto a su cama, encerrándome ahí dentro ante mi mirada desconcertada. A pesar de todo, sólo atiné a obedecer aquellos ojos alarmados.

Observé entre las aberturas horizontales del armario cómo, con prisas, se posicionaba de inmediato sentado sobre la cama, volviendo a doblar las ropas.

Entonces, la puerta se abrió. Esa persona la cerró con una brusquedad que hizo que el cuerpo de Chinen pegara un respingo sobre la cama. Sus ojos se cerraron con fuerza, pero quien caminaba hacia él, desde ese ángulo, seguramente no sería capaz de percibirlo.

Se agachó frente al menor, quien, al notarlo, abrió los ojos antes que fuera capaz de ver la expresión que escondía su cabeza cabizbaja.

- Hola, conejito. - le cogió del mentón, obligándole a mirarle.

Tuve que ordenar a mi propio cuerpo que se mantuviese quieto, aunque ese remolino de cólera en mi interior intentara lo contrario.

- Creo que me estoy volviendo sordo, pero a lo mejor son imaginaciones mías. A ver... lo repetiré una vez más para asegurarme: Hola, conejito.
- Ho... Hola, Takaki-kun.
- Muy bien. Los conejitos maleducados no me gustan. - hablaba con aquel sosegado tono de voz, como si las palabras acariciasen lentamente el oído en el que se adentraban.

Cualquiera que escuchase aquéllo no se imaginaría que tras esa sonrisa que a mí me causaba una sensación extraña en el cuerpo, había una persona tal vil y desalmada.

Su rostro fue acortando los escasos centímetros que les separaban. Sentí mi sangre burbujear, sentí que iba a perder el control sobre mí mismo, simplemente no quería ver aquéllo pasar. Mandé la orden a mi cerebro de abrir esa puerta, pero, cuando estaba por ejecutarla, vi sus ojos mirando hacia el armario. Esa mirada preocupada y suplicante me detuvo. Observé con impotencia cómo atrapó una parte del labio inferior de Chinen, sonriendo mientras su mirada no dejaba a la del menor.

Y ante mi sorpresa se separó de él, acercándose a su oído.

- Ahora abre esa preciosa boquita y utilízala para algo productivo, ¿Sí?

Chinen tragó saliva con fuerza, y, mientras Takaki se enderezaba, colocándose de pie frente al chico, aquella mirada volvió a dirigirse hacia el armario. El mayor llevó sus manos hacia la hebilla de su cinturón, desabrochándoselo, y, justo cuando iba a bajarse la cremallera unas manos se posaron sobre las suyas, impidiéndole moverlas.

Chinen se puso de pie.

- Va... Vayamos a otro sitio, ¿Vale?
- ¿Cómo que a otro sitio? - dijo en tono malhumorado.
- Es que... los demás... ellos vendrán pronto y...
- Me estás poniendo de los nervios. Cállate.
- Por favor... si nos vamos te prometo que me lo tragaré todo sin rechistar.

Takaki rió ante la clara desesperación del menor, para luego, cogerle del antebrazo y desaparecer tras un golpe seco en la puerta.

Salí de inmediato del interior de aquel mueble, y me quedé instantes delante de la puerta con la mano sobre el pomo de ésta. De verdad no sabía qué hacer. Opté por esperar a que volviese. Sí, éso era lo mejor, ¿Verdad...? ¿O no...?

"¡Reiko, dime qué hacer!", fue lo que pensé. Sabiendo de sobra que ya no podía contar con su ayuda.

Cogí la ropa que estaba por doblar en la cama. Estreché aquella camisa contra mí, aspirando profundamente... Tenía el aroma de Chinen. Decidí terminar de doblarla para ocupar mi mente con algo, el nerviosismo empezaba revolverme el estómago.




Pegué un brinco sobre la cama al escuchar minutos después cómo se abría la puerta. Haber doblado toda aquella ropa hizo que casi se me olvidara lo que pasó.

- Chinen... - me levanté, pero él me ignoró, ni siquiera me miró, entró rápidamente y cogió de debajo de su cama un neceser, para después volver a salir de donde había entrado. - ¡Chinen...! - le perseguí por el pasillo hasta llegar a los lavabos.

Dejó sin esmero el neceser sobre la pileta y sacó de él con prisas el cepillo de dientes y el jabón.

Atiné a mirar lo que hacía. Restregó el cepillo contra el jabón, pasándolo bajo el grifo abierto para después dirigírselo a la boca.

- Ésto es lo que hacías esa vez, ¿Verdad? - no me respondió, siguió cabizbajo, pasando aquel cepillo con excesiva rapidez por cada rincón de su boca. - Chinen, haz algo... ¿No ves cuánto sufres? - decía mientras le veía escupir y enjuagarse la boca, para después cerrar el grifo. - Tiene que haber algo que podamos hac...
- ¡Cállate! - gritó. - ¡Vete, vete de aquí! - siguió con aquel tono de voz, cabizbajo.
- Pero...
- ¡Que te vayas he dicho! No me mires así, ¡Sólo haces que me sienta más patético!
- Chinen...
- Cuando no estabas era más fácil..., Sólo tenía que cerrar los ojos y omitir. Todo era más fácil...

Su voz se quebraba a cada palabra, y, aunque su flequillo lo ocultase, sabía que las lágrimas amenazaban con hacer aparición.

Me acerqué y le cogí de las muñecas para que esas manos dejasen de aguantar su peso en la pileta, obligándole a volverse hacia mí. Mi mano alzó su mentón, sin romper el agarre que la ótra tenía, y mis labios se posaron sobre su frente con lentitud, presionándola sin prisas.

- Yamada, suéltame... Estoy... Estoy sucio, Yamada. - dijo en un hilo de voz, aunque no hizo el mínimo esfuerzo por separarse.

Rodeé sus hombros y le atraje a mí como respuesta.

- No estás sucio... Chinen. - apoyé el costado de mi cabeza en la suya hundida en mi pecho y escuché sus leves sollozos.
- Yamada, ¿Por qué? Por más que intento alejarme de ti... - sonaron esas palabras, ahogadas.
- Shh... calla.

Silencio.

- Respira hondo, cálmate. - susurré y él me obedeció de nuevo. - Ahora rodéame con tus brazos.

Sus manos se alzaron trémulas, y se adentraron en mi chaqueta abierta, y aunque me envolvieron, se mantuvieron sin tocarme.

- Chinen, abrázame. - dije y de un sólo impulso, cómo habiendo reunido antes el valor suficiente y soltado todo de una sóla vez, sentí sus brazos estrechando mi torso.

Sus sollozos se tornaron un angustioso llanto que rasgaba el silencio de las paredes del lavabo, rebotando entre ecos hirientes. Estaba dejándolo salir todo de su interior, mostrándome sólo a mí, a aquel Chinen frágil e indefenso.

- ¿Ves que se está más cálido acompañado? - lo ceñí más a mi cuerpo.

Sentí sus manos agarrar con fuerza la tela de mi camisa sobre mi espalda.

- Yamada... ayúdame... ayúdame... no me dejes sólo, ayúdame...

Su ténue voz entraba en mis oídos, revolucionando cada rincón de mí, haciéndome sentir parte de aquel profundo dolor.

Y entonces lo decidí: Pasara lo que pasase yo le protegería, sin importar qué tipo de obstáculos, lucharía con todas mis fuerzas para cesar el sufrimiento de aquel pequeño cuerpo que tenía entre mis brazos, por él; por Chinen.




Hora de la cena. Asqueroso, todo muy asqueroso, como usualmente.

- Normalmente no comes mucho, pero no sueles revolver la comida con esta cara abstraída, ¿Qué ocurre, Yamada? - me preguntó Ryutaro.
- Hoy no me apetece comer, me voy a la cama. - me levanté.
- Cuidado que te castigarán. - rieron y esta vez yo también lo hice.

Por desgracia había comprendido la gracia de aquel chiste: Aquí no le importábamos a nadie, nadie nos cuidaba más que nosotros mismos, éramos una mera fuente de ingresos para el dueño del centro, apenas nos prestaban atención para la comida y poco más. El empeño en ignorar lo que pasaba en el interior de la bonita fachada del horfanato había desarrollado consecuencias... consecuencias que dejarían marca para toda la vida.

Eché un vistazo para comprobar antes de salir que aquella voz realmente fuese la de Takaki. Lo era. Me fui, encaminándome a buscar a Chinen, quien no se había presentado a la cena.

Pasé por su cuarto; no estaba, me aventuré a ir entre la oscuridad del jardín a la casita; tampoco, en los baños; ni rastro suyo.

Paré un segundo en mitad del pasillo, frunciendo el seño, concentrándome. Entonces, me percaté de que mi cuarto era el único que tenía la puerta abierta.

Entré silenciosamente.

Caminé hasta mi cama, y, efectivamente, aquel bulto sobre ella se trataba del cuerpo adormecido de Chinen.

Sonreí.

Me senté sobre el colchón, y las yemas de mis dedos rozaron con delicadeza y lentitud su mejilla ligeramente enrojecida; al parecer había estado llorando.

- Parece ser que me he enamorado de ti, pequenín. - susurré, acercándome a su rostro y secando con mis labios las lágrimas atrapadas en sus lagrimales.

"Me pregunto... cómo Takaki es capaz de hacerle daño a alguien tan adorable como tú", fue lo que pensé, al verle, al menos en sueños, sonreír dulcemente.


En ese entonces no me percaté, pero una mirada había presenciado aquella escena desde la puerta, mostrando sobre sus labios una sonrisa ruin que no presagiaba nada bueno.

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Y hasta aquí llegamos hoy.

Si comentáis haréis a Mika muuuy muuuy happy *^*



Ja ne~~~

miércoles, 9 de marzo de 2011

kimi wo mamoru tame ni [ cap 2 ]







Konbanwa~~
Me duele el cuello~~~~ (Sé que os interesa el estado de mi cuello, no mintáis. e.e")
Y a parte de éso... ¡Mika viene con conti!
La primera escena de este capi fue lo primero que escribí de este fic (para que veáis que mente perturbada tengo u_,u") Como dije anteriormente, en éste empiezan a pasar cosas e.e
Pobre Takaki de mis amores, que malvado le he puesto u.u" bueno, todavía no ha llegado lo peor, pero aun así... Que mala soy XD con el pedazo de pan que es nuestro Bakaki XD

Y sin más, espero que os guste ne~~ >.<

Ah, sí, narra Chinen :3

Dozo~~
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Kimi wo Mamoru Tame ni
[Por Protegerte]



Capítulo 2

Tsumetai Gusoku no Naka de
[Dentro de una Fría Coraza]


Escuhé el chirrido de la puerta abriéndose. Por un hueco de la sábana vi la luz del pasillo tallar su silueta oscura entrando en la habitación. Mi pecho dio un revuelco; empecé a temblar.

Destapó la manta que cubría mi cuerpo hecho un ovillo sobre el colchón, se subió a la cama pasando una pierna sobre mí y sin hacerse de esperar me volcó hacia un lado, obligándome a quedar boca arriba.

-¿Quieres que juguemos, conejito? - el sarcasmo impregnaba cada escalofriante palabra de aquella oración.

De un tirón abrió la camisa de mi pijama, cuyos botones recién recosidos por razones similares rebotaron hacia un punto remoto del suelo.

Mi respiración se aceleró, sin embargo en mi pecho parecía no entrar oxígeno alguno.

- Todavía no... te lo ruego... - mi voz trémula apenas lograba mantenerse al mismo tono.

Mis ojos se sumergieron en aquel miedo en forma líquida que bajó sin demoras por mis sienes.

Como adivinando mis pensamientos el costado de su puño impactó fuertemente contra el techo, que constituía en la cama superior de aquella litera.

- ¡Aségurate de estar atento a lo que hacemos, criajo! - dijo y al no escuchar respuesta añadió-: ¡No te oigo! - con aquel tono de voz tan violento con el que hablaba.

- S... Sí, señor. - sonó una voz asustadiza y apagada.

Apesar de la oscuridad, la luz que entraba del pasillo me fue suficiente para ver sus facciones; sonreía, se estaba divirtiendo.

En ese momento deseé haber ido con él cuando me lo ordenó, ¡¿Por qué fui tan estúpido?! Aguantar su enfado debido a que Yamada-kun estuviera rondando demasiado a mi alrededor habría sido mucho mejor, por lo menos no habría tenido tiempo de pensar en un castigo tan despiadado como hacerlo con todos mis compañeros escuchando. Si mi mente no se hubiese bloqueado... no estaría pasando ésto.

Un escalofrío agitó mi pecho al sentir sus manos bajando mis pantalones junto a los boxers con impaciencia, sus labios tomaron mi cuello, y succionó innumerables partes de éste, sacando esas repulsivas marcas que tanto odiaba.

Cerré los ojos a la par que volteaba el rostro, mordiéndome los labios para que los sollozos se hicieran inaudibles; él odiaba oír mi llanto. Con el tiempo había aprendido a esperar y aguantar callado, así todo pasaría rápido, o por lo menos, no tan doloroso que forcejeando. Aunque todo éso lo había compredido a las malas.

Se bajó la crermallera del pantalón ante mi mirada horrorizada y temerosa, me cogió de los muslos y tras atraerme lo suficiente a él sentí sin más aquella intromisión rasgando mi ser, arrullándolo todo. Me aferré con fuerza a la almohada, apretando los dientes mientras de mi garganta salía un quejido ahogado y doloroso.

- ¡Joder! - se quejó al no poder entrar debido a la falta de lubricación.

Humedeció sus dedos huntándolo sobre mi entrada, los introdujo brevemente y volvió a intentarlo, esta vez cumpliendo su cometido.

Llevé mi mano hasta la boca, tapando con ella el dolor adherido a mi expresión, me concentré en mirar al techo de mi litera, sintiendo la humedad avanzar en forma de lágrimas, mientras mi tembloroso cuerpo seguía involuntariamente el ritmo de sus prematuras embestidas taladrándome.

"Duele... Duele, ¡Duele!" Esa palabra llenaba cada espacio en blanco de mente, ocupándolo todo. Mis trémulas manos agarraron de nuevo la tela de la almohada, mientras aquellas palabras se reproducían silenciosas sobre mis labios.

-¡Para, joder!- colocó una de sus frías manos sobre mi boca.

La retiró lentamente, al adentrarse de nuevo en el placer que obtenía de aquéllo, cerrando los ojos mientras su frente se posaba sobre mi hombro. Odiaba cuando hacía éso, odiaba sentir su respiración sobre mi pecho, erizando mi piel.

Y ahí estaba una vez más: Aquella diminuta, plácida y asquerosa sensación acariciando el final del dolor en mi interior, creciendo a pasos agigantados a cada embestida.

El dolor escocía, el placer empezaba a quemarme, el asco acuchillaba mi interior, la vergüenza bombeaba junto a mi sangre, el miedo arrañaba cada parte de mi ser. Sensaciones que no deberían juntarse jamás.

Noté mi miembro subiendo la exitación, y seguidamente, sentí sus manos cogerlo y comezar un movimiento de vaivén. Me mordí los labios e inmediatamente hice que el dorso de mis manos acallaran los gemidos que intentaban darse a oír. Sin embargo no tenía cómo evitar que de mi garganta saliesen extraños ruidos, maneras de inhalar y exalar oxígeno que indicaban aquéllo que en ese momento tanto asco, vergüenza y odio me producía sentir.

No quería. No quería que nadie lo escuchase, que nadie asistiera a éso. Mi mano bajó inconscientemente hasta la suya que se movía a lo largo de mi hombría, e intenté que parase. Que estúpido.

Cogió ambas manos y aprisionó mis muñecas sobre mi cabeza, con más fuerza de la que requería mi total sumisión ante él. Aunque sabía perfectamente que la única razón que tenía para utilizar la fuerza era porque le excitaba, siempre y cuando no fuese porque realmente era necesario; acalmar los forcejeos le irritaba de sobremanera.

- Deja que tus compañeros de cuarto escuchen cuánto ah..., cuánto te gusta, conejito. - sonrió entre gemidos.

Cerré los ojos en una expresión dolorosa, hipando a cada sollozo. Era mi culpa, por haberle desobedecido esa mañana. Me merecía ese castigo.

- Dilo. - su aliento rozó mi oído y me sobresalté, abriendo los ojos en una expresión dolorosa.

Ecuché una risita que fue interrumpida por un suspiro de placer y luego volvió a concentrarse en la embestidas.

No podía estar pasándome aquéllo, en esa situación, con todos escuchando y atentos a lo que ocurría en ese rincón del cuarto no podía hacerme decir éso.

- No, por f... ah... por favor... Takaki-kun, me portaré bien, no volveré a negarme... ah... Pero por favor...
- ¡Qué lo digas! - gritó haciéndome dar un brinco.

No era bueno hacer que Takaki-kun gritase. Cerré los ojos.

- Takaki-kun... Quiero que me... ah.... Que me...

Por más que lo intentase, aquellas palabras en una situación así no conseguían salir de mi boca con la normalidad e indiferencia usuales.

- ¡Rápido! - volvió a subir el volumen de voz y el miedo volvió a recorrer mi espina dorsal.
- Quiero que me la metas entera... Me... Ah... Me encanta cómo me follas Takaki-kun...

Sonrió de medio lado satisfecho; una sonrisa perversa.

Aumentó la velocidad. Sentí como el placer anudaba mi estómago y sostenía mi cuerpo durante segundos en el aire, en los que mi espalda se arqueó, inmovilizándome completamente. Mi esencia salió de mi interior y esa sensación fue despareciendo con lentitud.

Evité mirarle mientras seguía moviéndose sobre mí, volteando el rostro y fijando mi mirada en la puerta entreabierta, sintiendo aquella humedad cálida escurriéndose por mi semblante y llegando hasta mi sien para luego caer sobre el colchón. Mis ojos se cerraron inevitablemente al sentir cómo se endurecía en mi interior, al sentir sus gemidos graves chocar contra mi oído, indicándome que el orgasmo le había invadido. Noté con repugnancia aquel líquido irrumpiendo en mis adentros, mientras aminoraba el ritmo hasta cesar todo movimiento.

Se incorporó, saliendo de mí, cogiendo mi pierna y pasándola con brusquedad al otro lado de su cuerpo para poder salir de la cama.

No pude evitar que se escucharan mis leves sollozos.

- Has aprendido a no desobedecerme, ¿Verdad, conejito? - decía mientras se levantaba y escuché el sonido de la cremallera de su pantalón al subirse.
- Perdón, Takaki-kun... te prometo... que seré bueno... - dije débilmente, arrastrando las palabras entre lágrimas.

Takaki-kun se arrodilló frente a mi figura exhausta y endeble.

- Éso espero, porque sabes que la próxima vez será peor, ¿Verdad, conejito? - asentí atemorizado ante aquella escalofriante sonrisa - Y no queremos que haya una segunda vez, ¿Verdad, conejito? - negué rápidamente con la cabeza.

Takaki-kun caminó hasta la puerta y tal cómo entró se fue, cerrándola, haciendo que la oscuridad volviese a agasajar mi debilitado cuerpo. Su ausencia liberó mi ser, como si algo dentro de mí permaneciera atado cuando él se encontraba presente, como si al irse, mi alma volviese a estar tranquila, ¿Éso podría llamarse alivio, tal vez?

Cerré los ojos, dejando que las lágrimas salieran libremente, sin reprimir el llanto, sin silenciar los sollozos, sin acallar el sonido de mi congestionada nariz al inspirar con ansias el aire que pedían mis pulmones. Sentía aquel líquido salir escociendo, lentamente por mi entrada, manchándome, ensuciándome más de lo que ya estaba de por vida. Me acurruqué, escondiendo el rostro entre las rodillas y mi cuerpo, y para no escuchar los cuchicheos y risitas de mis compañeros a lo lejos, empecé a tararear una melodía, lenta, suave, acojedora, dulce, delicada... y tormentosa melodía.



Desperté con lentitud, incorporándome mientras abría los ojos, sin embargo nada más hacerlo los volví a cerrar fuertemente al invadir un hilo de dolor mi entrada. Apreté la mandíbula con firmeza mientras intentaba levantarme. Acto seguido cogí la toalla que envolvía mi neceser y me encaminé hacia la puerta, encorvándome para reducir el suplicio al mínimo, tratando de ir silenciosamente para no despertar a mis compañeros que todavía dormirían bastante tiempo, y, una vez fuera, me dirigí a los baños.

Me despojé de aquella camisa carente de botones y de los boxers que llevaba, e inmediatamente entré en una de las cabinas de las duchas. Giré el grifo y me enjaboné las manos con el jabón que había traído conmigo, para luego dejarlo en la pequeña estantería situada en una esquina del cubículo. Pasé las manos por mi cuello y fuí bajándolas hasta llegar a mi pecho, frotando la zona en que sus labios habían dejado esas huellas. Volví a enjabonarme las manos y las llevé hasta mis muñecas, donde estaban las marcas rojizas que había dejado su agarre. Las restregué, cada vez con más ímpetu, cada vez más rápidamente, pasé las manos por todo mi cuerpo con brusquedad y ansias, por todo sitio donde sus manos habían hecho contacto, donde sus labios se habían posado, sin imporar que me estuviese arrañando o haciendo daño, tan sólo quería limpiarme..., Pero por más que insistía seguía estando sucio. Derrumbé mi cuerpo en el suelo rendido, dejando caer mis manos a cada lado. Miré hacia mi pecho, encontrándolo rojo de lo que acababa de hacer, mis brazos parecían estar arrañados, y a pesar de todo, seguía estando sucio...

Bajé el rostro, sintiendo el agua caliente caer en mi nuca y aquecer mi cuerpo. Roté lentamente el cuello, hasta terminar en mi posición inicial y permanecí una cantidad de tiempo indeterminada ahí, agachado, derrumbado, humillado.

Acallé el sonido del agua al girar el grifo y alargué la mano para alcanzar la toalla que colgaba de la puerta, me la enlacé en la cintura y salí.

- Buenos días.

Alcé el rostro, y me encontré con su figura apoyada en una de las piletas.

- Creí habértelo dejado claro ayer. - normalmente le hablaba con indiferencia, hoy, sin embargo, no pude evitar que aquel matiz irritado se plasmara en mis palabras.

Caminé hacia una de las piletas y aunque lo intenté no pude fingir normalidad en mis pasos, dolía demasiado.

- ¿Qué ha ocurrido, Chinen? - al parecer lo notó.
- Nada que se considere de tu incumbencia. - dije ya con el tono que utilizaba siempre, mientras me concentraba en sacar mi cepillo y pasta de dientes del neceser.
- ¿Tiene que ver con lo de ayer en el desayuno?

Me volteé hacia él, estaba harto de ese niño metiendo sus narices donde no le importaba y ya era hora de hacérselo saber.

- Mira, Yamada, no me importa cuán humanitario te creas o mierdas de ésas, pero aquí las cosas no funcionan así, y si sigues entrometiéndote acabarás mal. Déjame tranquilo de una vez, ¿Vale? Sólo ignórame como todos. Aunque tú creas que sí, no necesito tu ayuda.
- ¿A qué te refieres con acabar mal?

Bufé con exageración, ¿Acaso este tipo era idiotaa?

Entonces, al dar un paso, sentí que todo a mi alrededor se movía, sentí mi cuerpo marearse, escuché mi nombre a lo lejos, y de repente, de forma súbita: Oscuridad.

Abrí los ojos, encontrándome con un pecho cálido, mirando su rostro desde aquel ángulo inferior. Realmente... Su belleza era destacable. Mi cuerpo se movía a cada paso que daba aquel Yamada que me llevaba en brazos, y me encontraba demasiado mareado cómo para gritarle que me bajara. Balbuceé palabras que ni siquiera yo mismo encontraba sentido antes de que abriera con el pie la puerta de su cuarto.

- Yamada ven a... - dijo una voz, deteniéndose enseguida.

El silencio arrasó con ese barullo que antes ocupaba aquella espaciosa habitación.

- Me haré especialista en crear silencios. - oí salir de su boca, más para sí que para alguien, mientras me dejaba sobre su cama.

- ¡Yamada, ¿Estás loco?! - dijo Kento.
- ¿Se puede saber qué haces? - añadió Fuma-kun.

Me incorporé de aquella cama, todavía algo aturdido pero dispuesto a irme, cuando sus palabras me congelaron.

- Si no os sentís cómodos iros, ahora mismo él no está en condiciones de hacerlo.

Ryutaro bufó riendo, mientras balanceaba a los lados la cabeza y empujó los demás chicos hacia la salida.

- ¿Te encuentras bien? - se sentó a mi lado y volví a tumbarme.

Su mano acarició mi mejilla y mis ojos se voltearon hacia la dirección de ésta.

- ¿Ésto es lo que haces para sentirte bien contigo mismo, don humanitario? - dije sarcásticamente.
- No, es lo que hago para que tú te sientas bien. - respondió con toda la seriedad del mundo, recalcando la palabra "tú" que quitó de mi rostro aquella sonrisa. - Reiko siempre lo hacía, cuando me encontraba mal... - balanceó la cabeza. - nada.- retiró lo antes dicho.
- ¿Quién es Reiko?
- Alguien que fue mi madre... ¡Pero bueno! ¿Qué hago yo dándote explicaciones si tú apenas te dignas a mirarme cuando me hablas?

Volteé mi rostro para llevar mi mirada hasta otro punto, indicándole que - aunque no fuese del todo verdad -, no me interesaban sus historias.

- Estas marcas... ¿Te las ha hecho Takaki? ¿Qué ocurre con Takaki, Chinen? - dijo pasando su leve mano, antes posada en mi rostro, por mi cuello.

Y ahí estaba otra vez: Entrometiéndose.

Por mi mente pasó en una fracción de segundo la idea de decirle de una vez lo que quería oír. Sí, éso era, si le decía lo que ocurría estaría satisfecho, ¿Verdad? No tendría porque rondar a mi alrededor, causándome problemas.

- ¿De verdad quieres saberlo? Pues bien, - me incorporé, acercándome a su oído. - a ese cabrón le encanta follarme. - sentí cómo su cuerpo se tensó al instante. - le encanta darme una... y otra... y otra... y otra vez... hasta cansarse. No le importa si lloro o me retuerzo de dolor, sólo me abre de piernas y disfruta, - vi como se le erizaba la piel del cuello, y seguí susurrándole al oído lo que tanto deseaba oír. - también le gusta hacer que me arrodille y se la chupe hasta que se corre en mi boca, pero hay veces en que tan sólo mira cómo sus amiguitos hacen lo que quieren con mi cuerpo mientras se da placer a sí mismo, le excita verme con cuatro a la vez, dice que es como el porno pero en directo. Repugnante, ¿Verdad?

Me tumbé de nuevo sobre la cama, alejándome de su cuerpo inmobilzado, tras haberle soltado esa verdad de la forma más ruda que pude.

Ahora tocaba esperar su reacción, ¿Cuál de los tres patrones sería? ¿Miedo? ¿Asco? ¿Pena?
Supongo que la primera, como la mayoría ¿Quién en este centro no temía a Takaki? Acercarse a mí doblaba las posibilidades de meterse en problemas con él.

- Me pregunto cómo sonará esa verdad en boca del Chinen que está bajo esa coraza.

¿Eh? Le miré, su expresión era serena y una sonrisa calma curvaba casi imperceptiblemente sus labios.

- ¿No sientes frío ahí dentro tan solo?
- ¿Eh? - esta vez sí exterioricé mi confusión.

Abrí la boca sin lograr pronunciar palabra alguna, había enmudecido.

- Voy a desayunar, ahora vengo. - me sonrió y seguí con la mirada su figura hasta que desapareció tras la puerta.



Me encotraba sentado sobre aquel polvoriento colchón en el suelo del cuarto de las herramientas del jardín, allí era el único lugar donde me sentía seguro, puesto que nadie excepto yo sabía donde escondían la llave de entrada.

- Eres... desconcertante. - le hablé al aire en un susurro sin apenas percibirlo, dejando salir por mi boca los pensamientos que me habían estado martirizando desde esa mañana.

Escuché el ruido de unos pasos entrar por la ventana situada justo sobre mí, en la pared en la que apoyaba mi espalda, y mi cuerpo como acto reflejo se quedó inmóbil.

- Shintaro... No deberíamos...

Mis músculos se relajaron al escuchar la voz de Ryutaro. La estantería de cristal frente a mí reflejaba lo que por la ventana se vería: Ryutaro separándose de su antes acorralando hermano, que se hallaba contra la pared de aquel pasillo que daba a la salida trasera del centro.

- Nii-chan...
- ¡Somos hermanos! - le interrumpió - Somos chicos... no tendríamos que hacer este tipo de cosas.
- Pero yo te quiero, Nii-chan...
- No, Shin-chan, - Ryutaro le abrazó, y el pequeño le envolvió del torso con lentitud. - tú no me quieres de la misma manera en que te quiero yo... Sólo estás confundido.
- No, no lo estoy...

Ryutaro sonrió y tomó distancia, cogiéndole de los hombros.

- Tu quieres al hermano que fue tu refugio, quieres al hermano que fue dulce contigo cuando lo necesitabas, a ése que te concedía todos tus caprichos; el que fue tu madre y tu padre a la vez, y a ése al que acudías para llorar en sus brazos, a ése que te protegió hasta llegar a aquel extremo... y lo volvería a hacer mil veces.

Se produjo un silencio.

- ¿Verdad?

Más silencio.

Ryutaro rió, tomándose aquéllo como un sí.

- Shin-chan, - dijo en un tono bajo, tranquilizador y dulce, cómo temiendo asustarle. - Nii-chan sabe que le quieres mucho, pero tú sólo quieres a Nii-chan; no a Ryutaro.

Shintaro abrió la boca, dispuesto a protestar, sin embargo las palabras del mayor se lo impidieron.

- Tranquilo, ya te darás cuenta de ello más adelante. Apenas tienes doce años, la mitad de lo que pase ahora no lograrás recordarlo dentro de un par de años. - le revolvió el pelo.
- No soy un crío.

A Ryutaro se le escapó una risita, ante la manera infantil de soltar justamente aquella frase, y aunque la intentó reprimir le fue imposible.

Shintaro gruñó, realmente afectado y se avalanzó a los labios de su hermano mayor, que inmediatamente engulló su risa e intentó parar de tambalearse, ya que Shintaro se había colgado de su cuello.

No hicieron falta ni dos segundos: Ryutaro agarró al pequeño de la cintura, quien se mantenía de puntillas para alcanzarle y ladeó su rostro, profundizando aquel beso que aumentaba de velocidad a cada segundo pasado. El mayor dio un paso y aprisionó de nuevo el cuerpo de Shintaro en la pared, bajó las manos hasta sus muslos y le alzó en brazos, colocando sus piernas alrededor de su cintura. Adentró sus manos dentro de la camisa del pequeño, quien dejó escapar un suspiro.

- Nii-chan, ¿Para ésto no piensas que apenas tengo doce años, verdad? - apenas se separó de él, y volvió a juntar sus labios.
- Haces que suene como un pervertido. - rió, y volvió a adueñarse de sus labios.
- ¿No dijiste que no deberíamos? - soltó una risita que presionó sobre los labios de Ryutaro.
- ¿Tu venganza por llamarte crío es reírte del control que tienes sobre tu hermano mayor? - separó por fin sus labios manteniéndole bien sujeto para que no se cayese.
- Sí, porque así sé cuánto Nii-chan me quiere y así puedo demostrarle que yo también le quiero. - su sonrisa se debilitó hasta tornarse una expresión triste, y agachó la cabeza, para luego levantar únicamente el ángulo de su mirada, dirigiéndola hacia los ojos del ótro. - Aunque él piense que sólo le quiero cómo hermano... No es así.
- Shintaro...- sonó en un suspiro fatigado su voz, mientras dejaba al pequeño sobre el suelo.

Me tapé los oídos fuertemente, ya no quería seguir escuchando esas palabras. "Amor", "protección", "cariño"... Eran cosas que mi mente no llegaba a comprender, cosas que me producían un escozor intenso en el pecho, algo desagradable y que me hundía en una extraña amargura, un estado de algo parecido a la tristeza, pero más sombrío; más solitario.

Gateé hasta la entrada para que por la ventana no lograran verme y salí de aquel cuarto cerrando la puerta y guardando la llave donde había observado una vez al jardinero haciéndolo.

Mis pasos me llevaron a mi cuarto y al posar mi mirada al lado derecho de éste, donde se encontraba mi litera, me encontré con la figura de alguien conocido sentado sobre mi cama, leyendo lo que parecía ser un manga.

- Oh, estás vivo. - dejó aquel manga sobre mi cama y se levantó, estirándome de las mejillas para comprobar lo dicho. - Como cuando volví a la habitación esta mañana no estabas me preocupé y te busqué por todo el centro, pero bueno, fue inteligente de mi parte pensar que de una forma u otra volverías aquí.

Agaché la cabeza, ese idiotaa ¿Por qué esa sonrisa estúpida en su semblante hizo que mi sangre se agitara?

- ¡Ah! - dijo repentinamente. - Ven conmigo.

Y a continuación cogió mi mano, arrastrándome consigo.

- Yamada, ¿Qué haces? ¡Suéltame!

Pero me hizo caso omiso. Agradecí con toda mi alma el que no hubiese nadie por los alrededores, a esta hora seguramente todos se encontrarían en el salón principal.

Miré hacia su mano enlazada a la mía... Una fina sensación recorrió mi interior, era cálida, se sentía extrañamente bien...

- ¿A... Adónde me llevas, Yamada? - pregunté intentando desviar mis pensamientos.
- Aquí. - dijo parándose frente a un arbusto.

Fruncí el seño desconcertado. Él me sonrió, y apartando unas cuantas ramas del arbusto arrastró una caja de cartón mojada y desgastada, y se agachó para abrírmela.

Lo que mis ojos vieron era la imagen más tierna que había divisado, un pequeño minino completamente negro y de abundante pelaje, miaba y se sostenía con sus patas delanteras en el borde de aquella caja desgastada, mirando a Yamada, quien se encontraba de cuclillas frente a la caja, con sus grandes ojos azules.

- Kya... - dije arrodillándome a su lado. - Es precioso. - le cogí en brazos, alzándolo por encima de mi mirada, el pequeño gato lamió mi nariz y reí, acomodándolo sobre mi regazo.- ¿Dónde lo has encontrado?
- Estaba en esa caja al lado de la puerta trasera, lo lanzaron hacia dentro.
- Pobrecito... a mi me gustas aún teniendo este color oscuro. - sonreí. Seguramente lo habían abandonado por supersticiones estúpidas.

Sentía una mirada fija en mí que empezaba a incomodarme. Volteé el rostro.

- ¿P... Pasa algo? - dije nervioso.
- Me gusta.
- ¿Eh?
- Tu sonrisa, me gusta.

Sentí mi estómago enrredarse y una sensación de calor recorrió en una oleada mi cuerpo.

- De ahora en adelante quiero hacerte sonreír más.

Esa extrañeza volvió a invadir mis adentros con más fuerza.

Me levanté repentinamente, dejando el animal dentro de su caja, para luego voltearme y caminar a paso ligero hacia el interior de la casa.

- Chinen, ¿Qué ocurre? - escuché que decía, viniendo hacia mí.

Se sentía bien, muy bien. Era extraño, tan extraño que simplemente quería huír de aquella desconocida sensación acariciando mi interior... de aquella persona que estaba irrumpiendo en el equilibrio de mi vida, desconcertándome con sus extraños e impredecibles actos: Yamada Ryosuke.


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Arigato por leer~~
Si dejáis vuestras oponiones me sentiré más feliz que una perdiz (??)
XD

Ja ne~~

lunes, 7 de marzo de 2011

kimi wo mamoru tame ni [ cap 1 ]





Hello ninas!!! Aki ichigo-chan..
OK hoy estoy en el trance de la escritura,
Asi es, en la semana subiré las conti de
everything is for you, itsumademo tegoshi.

Y tal ves a day in our life.
Pero por ahora les dejo este fic
que en verdad esta genial digo..
A mi me encanto, y como quiero que ustedes
tanbien lo disfruten aquí se los dejo…
así que adelante con el fic!!!!
Y no olviden comentar asi fomentan
a que la linda autora continúe la historia


Nota: este fic será publicado tal y como la autora original lo puso así que TODO el contenido. Como comentarios y cosas que ella puso se quedaran tal cual.

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Hi~~ minna :3

Tras esta pequeña pausa sin publicar nada (En mi pc tenía cuatro capítulos de un YamaJima muy lacrimógeno que esperaba acabar para publicar, pero bueno... Ahora toca esperar a saber si voy a poder volver a verlo alguna vez T.T y mi dos fics TakaChii que había dejado a los pocos capítulos por falta de inspiración, y mis oneshoots de InooDai, TakaDai, YamaChii, YabuHika y YabuTaro... que no había publicado por pura estupidez T.T * se va a un rincón a llorar* sin contar que ya habría subtitulado el making of de su nuevo single si lo tuviera... *se ahoga en su llanto*) este paréntesis ha sido demasiado largo xD como iba diciendo... Tras éso, vengo aquí con un pequeño fic que todavía no sé cuantos capítulos tendrá. El segundo está casi acabado, así que no tardaré mucho en ponerlo por aquí. (En éste no pasan muchas cosas, la verdad, pero en el segundo se empieza a ver más acción).

No pongo qué parejas saldrán porque se estropearía un poco el fic, si sois pacientes lo iréis descubriendo :3 Por cierto, esta vez no he hecho imagen porque no tengo como hacerlo T.T (lo que escribo y publico lo hago con mi Ipad, y el Ipad no tiene photoshop ;_;)

Ah, y he puesto de personajes algunos de los juniors (concretamente a Chino Aoi y Ootsuka Yuya, son adorableees~~) y los de B.I.Shadow :3 (Fuma y Kento)

Sin más, dejo de aburriros:

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Título : Kimi wo Mamoru Tame ni [Por Protegerte]
Longitud: 1/?? [En proceso]
Autora: Mika Teyuta.

http://amaikanji.blogspot.com/


Advertencia: Este fic contiene incesto, sexo explícito, violaciones, vocabulario vulgar, y todo lo que la mente perturbada de Mika es capaz de producir, si no es de tu agrado o no te sientes cómoda leyendo, no lo hagas, puesto que no me responsabilizo de traumas psicológicos xD


Kimi wo mamoru tame ni

Capítulo 1
Anata no Gōmon Bokusu ni Hairimasu
[Entrando en tu Caja de Tormento]


Llegué a mi nuevo hogar, cargando únicamente con una mochila en la que cabían todas mis pertenencias. La directora del centro me enseñó cada una de las habitaciones que componían aquel horfanato, terminando con la mía, que compartiría con otros nueve chicos. Dejé mi mochila en la litera inferior que me correspondía, y me tumbé sobre el colchón, cerrando los ojos.

[...]

- Ryosuke, lo siento mucho. Sabes que no nos queda otra opción. - decía la que fue un día mi madre, con los ojos vidriados.
-Tranquila, Reiko, te prometo que no seguiré tu ejemplo en la vida.- dije tan fríamente como me permitió aquel tono.

No, jamás sería como ella. Jamás.

- Ryosuke... - lloriqueó.
- Deja de llorar, te saldrán arrugas y perderás clientes. - cogí mi mochila colgándomela del hombro.
- Adiós, hijo. - me cogió del rostro y besuqueó toda mi cara, dejándome marcas de ese excesivo pintalabios carmesí que le hacía tener aquel aspecto tan extravagante. - Te prometo que iré a buscarte.
- No hay necesiadad de mentiras, prefiero saber que a partir de ahora me cuidaré solo. - dije limpiándome con las mangas de mi chaqueta.

Agachó la cabeza.

- Adiós, Reiko. - nunca me referí a ella como debía, y ésto me daba un motivo más para no llamarle aquéllo que ya no era.

Toqué brevemente sus labios con los míos, un acto un tanto atípico en una relación madre/hijo pero usual e inocente en la nuestra desde que tenía memoria.

- ¡Sigo siendo tu madre, Ryosuke! - escuché antes de entrar en aquel coche.

Y sonreí. "No, tú ya no eres mi madre".

[...]

Los murmullos que provenían de la puerta me despertaron, maldito sueño ligero.

-¿Estará muerto? - dijo una voz.
- Baaaka, yo creo que está dormido - esa voz sonaba todavía más aniñada que la primera.
- Yukorin, Aoi-chan, ¿Qué hacéis aquí? - el dueño de ésa parecía acabar de llegar.

Me incorporé, restregándome los ojos ante la mirada curiosa de aquellos tres niños que me observaban desde la puerta.

- Hola, eres el nuevo, ¿Verdad? - me sonrió el mayor de ellos que acababa de descubrir a los pequeños espiándome, por su apariencia diría que tendría unos doce años. - Mi nombre es Morimoto Shintaro, ¿Cómo te llamas? - su sonrisa era cálida e inocente, de las que se contagian.
- Me llamo Ryosuke, Yamada Ryosuke.
- Oh, también tienes apellido.
- Así es.- asentí.

Él se limitó a sonreírme, sin preguntar.

- Yamada-kun, éstos son Aoi y Yûya, pero puedes llamarlos Aoi-chan y Yukorin, ¿Ne?- dijo llevando su mirada hacia los pequeños que asintieron.

La puerta se abrió de un golpe, estruendosamente, haciendo que nuestra atención se dirigiera hacia las dos personas que entraban por ella: Un chico alto y de cabellos claros, acompañado por uno de poca estatura que caminaba tras él cabizbajo.

- Hora de cenar, vayámonos. - me miró Shintaro.

En su expresión no había rastro alguno de esa sonrisa que antes le dulcificaba el rostro.

Cogió al pequeño Aoi-chan de la mano y posando la otra sobre la espalda de Yukorin les obligó a andar con rapidez, indicándome con la mirada que les siguiera.

Antes de salir mis ojos pudieron ver como la figura del chico mayor arrojaba al otro sobre la cama y de no ser porque Shintaro cerró la puerta ante mi mirada atónita creo que hubiera visto más de la cuenta.

- Oye, ¿Qué ha sido éso? - traté de alcanzar sus pasos tras quedarme parado frente a la puerta.
- No te acerques a ese chico. - dijo el pequeño Aoi-chan - Es malo.

Shintaro miró al menor con ternura, y luego dirigió su vista hacia mí.

- Hazle caso, ne, Yamada-kun. - sonrió antes de separarse de mí, para dirigirse a su mesa del comedor.

Me senté en la esquina desocupada de mi mesa correspondiente, la que me había dicho anteriormente la directora, pasando desapercibido por los chicos que se encontraban ahí sentados.

- Hoy tampoco está. - dijo uno de ellos mirando hacia el asiento vacío a su lado, el asiento que se encontraba frente a mí.
- ¿No has notado que últimamente siempre es a esta hora, Ryutaro?- le respondió el chico que se sentaba a mi izquierda.
- No, Fuma-kun, y tampoco es que me importe, pero me pregunto cómo lo soportará. - soltó despreocupadamente mientras una de sus manos aguantaba el peso de su mejilla.

Entonces vi a los que antes habían entrado en la habitación atravesar la puerta del comedor, y al parecer mis compañeros de mesa también, porque de repente el silencio se hizo presente. El más alto fue recibido con un entusiasmo y casi alboroto en forma de saludo por la mesa de atrás, que constaba de chicos mayores, mientras que el otro caminó con la mirada fija en el suelo hasta la nuéstra, y tomó asiento frente a mí.

Si mal no había deducido, sobre quien hablaban instantes atrás era él, ¿Cierto? Solía querer evitar entrometerme en asuntos ajenos, pero tenía que admitir que la curiosidad me carcomía. No llevaba ni medio día en este centro y ya estaba hurgando donde no debía, aunque pensándolo bien yo no había hecho nada más que escuchar y ver inevitablemente y por casualidad cosas que al parecer no debía.

La comida fue servida, y como esperaba, era asquerosa. Sencillamente no podía tragármela. Miraba a todos a mi alrededor comiendo y me planteaba seriamente cómo lo conseguían. Tampoco es que estuviera acostumbrado a alimentarme de la alta cocina, simplemente la comida que me hacía yo mismo con los escasos ingredientes que conseguía me resultaba mucho más apetecible.

- Oye, chico nuevo, si no comes te castigan. Sólo te aviso. - dijo el chico sentado a mi lado, al que antes habían llamado Fuma-kun, corroborando lo que había estado picando mi mente desde que llegué: No es que hubiese pasado desapercibido, de verdad me habían estado ignorando.
- ¿En serio?

Se carcajearon ante mi pregunta, aunque no entendí del todo qué gracia tenía. Pude ver que aquel chico sentado frente a mí no se reía, ni siquiera había llegado a escucharlo; estaba inmerso en su mundo interior, revolviendo con la cuchara lo que fuera esa cosa verde radiactiva que componía nuestra cena, de vez en cuando se llevaba algo de ésta a la boca, pero su expresión ensimismada no variaba.

- Ey, nuevo, me caes bien,- dijo ese tal Ryutaro todavía con dejes de la risa - ¿Cómo decías que te llamabas?
- Yamada Ryosuke.
- Bien, yo soy Ryutaro.

En cuanto me presentaba a los demás que compartirían habitación conmigo a parte de mesa, observé que aquel chico no levantó la vista en ningún momento, no cambió de expresión, y ya no quedaba decir que su voz seguía siendo un misterio para mí.

Comimos y nos dirigimos a nuestras habitaciones puesto que a las nueve había que estar en la cama, aunque al parecer ésa no era la costumbre que tenían mis compañeros, ya que después de cambiar sus ropas por los pijamas cada uno buscó una manera distinta de pasar el rato, haciendo de todo, menos dormir.

El grupo de chicos con el que había hablado en la cena estaba entre los que se sentaron en círculo próximos a mi cama para jugar a las cartas.

- Oye, nuevo, lo siento no recuerdo tu nombre. - dijo ese chico llamado Kento dirigiendo su vista hacia mi figura tumbada en la cama que les miraba.
- Yamada Ryosuke.- dije medio adormilado.
- Éso. Yamada, ven a jugar con nosotros. - me sonrió.
- Éso, ven. - se volteó Ryutaro para mirarme.

Reí al ver como el que se sentaba junto a Ryutaro trataba de verle las cartas aprovechando que éste estaba volteado, Ryutaro se percató y le dio un golpe en la cabeza.

- ¿Por qué te has reído? Lo hubiese conseguido... - se quejaba entre las risas de todos Fuma-kun.
- Muy bien, Yamada. - me levantó el pulgar agradeciéndomelo. - Venga, ven, no te quedes ahí parado.

Accedí, al fin y al cabo una partida no me haría mal. Mientras jugábamos aquella pregunta no hacía más que estorbar en mi mente.

- Ne...- decidí de una vez por todas preguntarlo, fingiendo concentrarme en ordenar las cartas que tenía en mano - Ese chico... El que estaba con el mayor... ¿Qué ocurre exactamente con él?

De repente todas las expresiones se volvieron iguales: Serias y congeladas.

"Bien, Ryosuke, has metido la pata".

Los demás chicos de la habitación que antes habían estado hablando, otros leyendo, jugando y cosas por el estilo, de repente volcaron su atención en nuestro grupo, o más bien..., en mí, y la ola de murmullos fue disipándose hasta que se apagó al final del silencio.

- Ese chico... es mejor que tan sólo no te acerques a él, a ninguno de los dos. - dijo Ryutaro.
- ¿Por qué?

Ya dos personas me habían dicho cosas similares, empezaba a ser muy raro.

- Chinen Yuri...- comenzó a explicarme.
- O el conejito de Takaki... - sonó de fondo una voz, acompañada de unas risitas que fueron seguidas por más.

Ryutaro suspiró y me miró sonriendo amargamente.

Entonces, antes que acabara lo que había empezado a decir, escuchamos el chirrido oxidado de las bisagras metálicas de aquella puerta al abrirse.

- Nii-chan...- dijo Shintaro entrando en nuestra habitación a paso lento.

Llevé mi mirada hacia donde su vista se dirigía, sorprendiéndome con el descubrimiento.

- ¿Qué pasa, Shin-chan? - dijo Ryutaro levantándose.
- No puedo dormir. - Shintaro caminó hasta acurrucarse en el pecho de su hermano, quien lo abrazó protectoramente.
- ¿Otra vez la pesadilla? - pienso que ésto lo dijo tan bajito en su oído para que nadie más lo escuchara, sin embargo no pude evitar que llegase a mis oídos.

Shintaro asintió todavía envuelto en sus brazos.

- Bien, chicos, a la cama. - anunció Ryutaro caminando hacia el interruptor al lado de la puerta.
- Buenas noches, Yamada-kun. - me sonrió el pequeño mientras subía a la litera superior a la mía, que parecía ser la de Ryutaro.

Se escucharon bastantes quejidos y protestas de parte de los chicos tras haber Ryutaro apagado la luz.

- A callar, mi adorable hermanito no puede dormir, así que os aguantáis. - dejó que las risas inundaran la oscuridad de la habitación mientras subía a su cama.

- Buenas noches. - se escuchó la voz aniñada de Shintaro.
- Buenas noches, Shin-chan. - dijeron a desfase todas aquellas voces desordenadas que se esparcían por la habitación antes de que el silencio tomara cuenta de cada rincón.

Sentía la somnolencia invadir mi cuerpo, convirtiéndolo en una masa pesada y morosa, adentrándome en esas proyecciones incoherentes que atravesaban mi mente y constituían el principio de un sueño más.

- Ah... Nii-chan...

Y a pesar de todo aquella ténue voz consiguió hacer que abriera mis ojos de sobremanera.

- Shintaro...- escuché otro susurro.

Me incorporé en la cama tratando de asimilar lo que acababa de escuchar.

- Nii-chan... no, ¡Detente...! ah...

Vale, no me hacía falta tener la experiencia que me habían dado estos dieciséis años escuchando todo tipo de sonidos obscenos, para asegurar que éso que con dificultades llegaba a mis oídos no era de naturaleza casta.

Volví a tumbarme lentamente y por más que cerré los ojos, mis oídos no podían dejar de escuchar los movimientos de las sábanas, ese sonido característico de los labios al separarse; al entrelazar un beso, sus profundos suspiros..., Hasta que noté un ruido brusco, como si se hubiesen separado repentinamente.

-Perdóname Shin-chan... no volverá a pasar.

Bajó por las escaleras de nuestra litera, y vi cómo abría la puerta para marcharase.

- ¡Nii-chan...! - exclamó en tono débil saliendo casi de inmediato tras él.

Mi mente todavía trataba de procesar esa embarazosa información, que una vez más había captado por la más terrible de las casualidades, cuando interrumpieron mis pensamientos.

- Ya están otra vez con lo mismo. - bufó la voz de Kento proveniente del fondo derecho de la habitación.
- La culpa la tiene Shin-chan, si sabe que su hermano no puede resistirse que no venga a dormir con él.- sonó esta vez ótra que todavía no lograba distinguir, más cercana a mí.
- Sí, pero yo creo que lo hace a propósito, ¿Verdad? - dijo una tercera voz.
- Más que a propósito lo utiliza como excusa.

A partir de ahí cada vez más voces fueron agregándose a aquella conversación que aturdió mi mente, la cual se esforzaba en engullir todo aquéllo de golpe.



Aquella noche no había dormido muy bien, me costaba dormir en una cama nueva, sentía en falta el olor a perfume femenino de Reiko que inundaba toda aquella casa, sus manos acariciando mi rostro antes de irse a trabajar, el calor de su cuerpo al llegar por la mañana, la sensación de estar en aquel minúsculo apartamento al que llamábamos hogar.

" Reiko... Ahora que no estás pienso que hubiera estado bien haberte llamado, al menos una vez, 'Oka-san' ".

Sacudí la cabeza. No se merecía mi nostalgia. A partir de ese momento tendría que acostumbrarme, al fin y al cabo había decidido enfrentar esa realidad con sensatez. Me quedé unos instantes observando cómo la luz del alba entraba por la ventana y supuse que todavía era temprano ya que no nos habían venido a despertar, sin embargo me levanté, descubriendo que ni Ryutaro ni su hermano pequeño habían pasado la noche en su cama. Arrastré casi literalmente mi cuerpo por los pasillos hasta encontrarme con los baños. Y allí vi a ese chico...

Aunque el nerviosismo invadió sin razón alguna mi cuerpo, no dudé en aproximarme a una de las piletas que se extendían en toda la longitud de la pared de aquel cuarto, alejándome apenas por dos de éstas. Por mera curiosidad me volteé hacia él, y aquéllo que vi congeló mi mirada al instante: Cabizbajo cómo ya casi me había acostumbrado a verle, se encontraba cepillándose los dientes. Todo sería normal si no sujetáse una barra de jabón en la mano en la cual pasaba repetidas veces el cepillo para luego llevárselo a la boca, mientras sus sollozos inundaban cada rincón de aquel espacioso cuarto de baños y veía las lágrimas caer por sus mejillas, que en aquel ángulo era lo único que su flequillo no llegaba a ocultar.

- ¿Qu... Qué haces?- dije sorprendido, quitándole de inmediato el cepillo de dientes de sus manos.

Súbditamente su mirada se alzó hasta la mía, al parecer no se había percatado de mi presencia. Sentí mi interior quebrarse en diminutos pedazos ante aquellos ojos rojos, lacrimosos, hinchados, llenos de una angustia silenciosa.

Intentó quitármelo de las manos, sin embargo lo alcé en el aire, obligándole a elevarse sobre sus puntillas aunque igualmente no fuera capaz de alcanzarlo.

- ¿Cómo puedes estar lavándote los dientes con jabón? ¿No sabe amargo? - se rindió y se volteó de nuevo hacia la pileta, enjuagándose la boca.- Vaya, hay gente que está realmente obsesionada con la higiene. - reí pero ignoró esa broma de tan mal gusto. - Si no tienes pasta de dientes puedo dejártela - seguí intentando suavizar el ambiente, pero volvió a ignorarme y bajé la mano que le extendía mi pasta.

Tras apoyar sus manos sobre la pileta y respirar hondo, secándose las lágrimas con la manga de su pijama, se volteó y tal como me había imaginado, no se hizo de esperar ni dos pasos: Sus piernas temblaron y de no ser por la rapidez en la que le cogí, sus rodillas hubiesen impactado directamente contra el suelo.

- Suéltame...

Bonita palabra para ser la primera que me dirigía.

- Te caerás.
- ¡Me da igual! ¡No me toques! - intentó zafarse de mi agarre, consiguiendo resultados contrarios. - No me toques... - salió de sus labios como un débil plañido.
- ¿Sabes? Eres más extraño de lo que imaginaba, Chinen Yuri.
- Veo que ya te han hablado de mí, más razón para que sepas que no es bueno relacionarse conmigo... - su voz carecía de intensidad, de tonalidad; era totalmente flemática.

¿Eh...? En ese momento deseé que me hubiesen terminado de explicar lo que ocurría con este chico.

- No lo han hecho, pero ahora lo que importa no es éso, ¿Qué te ha ocurrido? deberías tumbarte para descansar.
- Sólo déjame en paz, ¿Quieres?
- No, no quiero. - empezaba a molestarme el que me diese órdenes. - Y no creo que estés en condiciones de negarte a mi ayuda.
- Eres más terco de lo que imaginaba, Yamada Ryosuke. - sonreí ante ese comentario, aunque él mantuviese su mirada ausente como hasta ese momento. - Sólo hasta llegar a mi habitación, y luego te marchas.
- De acuerdo. - dije ya más satisfecho.



Llegué al cuarto después de dejar a Chinen en el suyo, al parecer ya habían venido a levantarles, pues la mitad de los chicos estaban ya despiertos, y entre ellos, Ryutaro. Era extraño pero no lograba mirarle, más bien no sabía cómo hacerlo después de lo escuchado ayer.

Me acerqué a mi cama tratando de actuar normalmente.

- Buenos días. - me sonrió.
- Buenas días. - dije y por alguna razón me sentí aliviado.

Ya en el comedor, el desayuno fue servido. Por suerte era comestible. Esperé a que Chinen llegara pero no apareció, sin embargo ese chico... - Takaki, creo - sí estaba allí, lo cual me extrañó, puesto que cuando uno de ellos no estaba, el otro tampoco.

- ¿No vendrá a desayunar? - pregunté tratando de que sonara a comentario insustancial.
- No, nunca viene. - respondió Fuma-kun llevándose su rebanada de pan a la boca.
- Hum... - murmuré pensativo.

Pensándolo bien; si no podía dar dos pasos, se le haría difícil llegar hasta aquí.

Al terminar mi desayuno caminé en dirección a su habitación, me preocupaba el estado de aquel extraño chico, tal vez debería haber traído algo de comida conmigo, aunque ahora ya era tarde; sin apenas percatarme de ello ya me encontraba frente a la puerta del cuarto de Chinen, que era la siguiente a la mía.

- Te he dicho que no lo quiero, Shintaro.
- Vale, pero te lo dejaré aquí, ¿Ne?

Incliné mi cabeza hasta ver por la abertura de la puerta a Shintaro dejando en el suelo, junto a la cama de Chinen, una bandeja que parecía componerse por lo servido esta mañana. Me incorporé pero no me dio tiempo apartarme, cuando Shintaro abrió la puerta vi la sorpresa escrita en su rostro, que después pasó a convertirse en una de sus afables sonrisas.

- ¿Qué tal ha sido tu primera noche aquí, Yamada-kun? - ignoró que acababa de descubrirme espiándoles.

Caminamos hablando de cosas triviales, creo que nos dirigíamos hacia la entrada del patio trasero, donde había un pequeño espacio abierto con unos cuántos árboles y plantas, o como la directora lo había llamado: " El jardín del centro ".

- ¡Nii-chan! - dijo nada más divisar a su hermano junto a su, como ya había comprobado, grupo de amigos habitual.

Y a la mitad del recorrido detuvo sus apresurados pasos para volver hacia donde me encontraba.

- Ne, no comentes con mi hermano lo de Chinen-kun, ¿Vale? - me extendió el dedo meñique.
- De acuerdo. - sonreí, aún sin comprender muy bien sus razones, y sólo lo enlacé con el mío.

Caminaba de vuelta a mi habitación cuando una figura me llamó la atención, sí; era ese tal Takaki, acompañado por otros cuatro chicos. A pesar de que eran considerablemente atractivos y que caminaban charlando y riendo como cualquiera, a su alrededor se dispersaba un aura extraña, una que advertía no acercárseles, y al parecer no era imaginación mía, porque los chicos que pasaban a su lado tomaban cierta distancia, incluso fijaban su vista en el suelo.

Cada vez estaban más cerca, y tomando ejemplo, hice lo mismo que los demás.

- Eh, Kota, mira. - escuché que hablaba Takaki.
- ¿Es el nuevo? No está mal. - le respondió éste, haciendo que mi piel se erizase.

Pasé por ellos, sin decir palabra alguna lo más rápido que me permitió aquel ritmo.



Llevaba dos días sin ver a Chinen y no sé muy bien por qué pero me preocupaba. Dejé el manga que tenía entre manos para dirigirme al comedor. La cena había llegado con rapidez mientras leía.

Me senté en la mesa y mis compañeros fueron llegando paulatinamente, hasta que vi su pequeña figura atravesar la puerta sin prisas y mi rostro se iluminó.

- Hola, Chinen.

Maldigo el día en que se me ocurrió la estúpida idea de saludarlo. Escuché cómo toda mi mesa retuvo el aire de forma bastante sonora, escandalizados. Vi como Chinen, todavía congelado de pie, fruncía el seño desconcertado. La mesa de atrás tuvo una reacción similar, ya que el silencio la invadió de inmediato. Entonces, poco a poco las voces fueron apagándose y aquel comedor, con más de ochenta chicos, quedó sumido en un silencio inhumano.

Mi corazón empezó a palpitar considerablemente, ¡Genial! No sé que había hecho, pero había metido la pata hasta el fondo.

Chinen se sentó en su asiento, concentrando su mirada en la cena, como si palabra alguna hubiese alcanzado sus oídos y poco a poco volvió a oírse un leve murmullo que creció gradualmente hasta convertirse en el manto ruidoso que normalmente se extendía por el comedor.



- Pero, ¿Cómo se te ocurre? - rió un admirado Ryutaro, mientras se quitaba la camiseta.
- No sé, nunca pensé que un simple "hola" armaría todo éso, ¿Qué os pasa a todos?
- ¿Que qué nos pasa a todos? - intevino Kento. - ¡Es el conejito de Takaki, Yamada-kun!
- ¡No sé a qué os referís con éso! - repliqué.
- Hi, minna~~- interrumpió una voz dulce entrando en nuestra habitación.
- Hi, Shin-chan. - respondimos todos desorganizadamente, no había tardado mucho en acostumbrarme a ese hábito.

Shintaro se acercó a su hermano todavía con el pecho al descubierto y agarrándose de su cintura se puso de puntillas para alcanzar con sus labios su mejilla.

- Oyasumi, Nii-chan. - dijo.
- Oyasumi. - respondió mientras el pequeño mantenía el agarre, para después soltarse y voltearse, abandonando nuestro cuarto. - Miierda... - esuché cómo bufaba, apoyándose en una de los barras que actuaban como peldaños para aquella escalera que subía a la litera superior, y su mirada se concentraba en la puerta en la que instantes atrás había atravesado su hermano. - No me mires así. - de repente su vista se fijó en la mía.

Salí de aquel trance temporal de un salto, no me había dado cuenta que le estaba mirando tan fijamente.

- No soy tan monstruoso como parece, ¿Sabes?
- ¿Monstruoso? - reí con nerviosismo. - yo no pienso éso.
- ¿De veras? - sonrió y se puso la camisa del pijama - Lo que pasa es que... - tras haberse quedado segundos rebuscando en su mente alguna palabra, suspiró. - Sí, soy tan monstruoso como parece. - llegó a la conclusión.

- ¡Ryutaro! - de la nada Kento le cogió del cuello y empezó a restregar sus nudillos en la cabeza del chico, que no hacía más que quejarse.

Me sorprendí ante un acto tan súbito y justo cuando pretendía tomármelo como una salvajada de adolescentes más, mis ojos se encontraron con los de Kento. En su expresión estaba escrito una clara advertencia de "tema delicado".

Apreté los labios y asentí ligeramente, en señal de haberlo captado, él suspiró en una sonrisa y dejó a Ryutaro incorporarse aunque manteniéndolo preso.

- ¿Eres subnormal? ¡Te haré comprobar lo que duele! - salió corriendo tras él entre risas.


Los tres últimos días habían sido tranquilos, empezaba a acostumbrarme a aquel ambiente. La cama seguía siendo incómoda pero empezaba a sospechar que no era cosa mía, sino de la antigúedad del colchón. Me levanté, como ya había creado costumbre, antes que mis compañeros, y tras asearme me encaminé de nuevo hacia mi cuarto, pero antes de entrar algo me detuvo: Escuché un ruido metálico rebotar contra el suelo. Fruncí el seño desconcertado, desviando mis pasos hacia el comedor, de donde parecía provenir.

Y al pararme frente a la entrada que carecía de puerta vi a Chinen, agachándose en el suelo para recoger el cuchillo que al parecer se le había caído. Y seguidamente, tras chasquear con fastidio la lengua, se incorporó. Pasó su mirada por la mía y tras percatarse de lo que acababa de ver la volvió atrás con rapidez.

- ¿Qué haces aquí? - se desplazó hasta la mesa donde había una manzana a medio cortar.

Ya era capaz de suponer cómo se produjo el ruido.

- Sólo quería saber qué había sido éso, ¿Siempre eres así de simpático? - solté con sarcasmo.

Me ignoró, terminando de cortar aquella pieza de fruta. Tomé asiento frente a él, por alguna razón no me apetecía irme.

- ¿Por qué te sientas? Vete. - soltó antes de morder un trozo cortado de manzana.
- Así que comes aquí cada mañana antes que todos...
- ¿Y? - añadió con indiferencia.
- Que ahora comprendo por qué nunca estás en los desayunos.
- ¿Quieres que te dé un premio por ello? - recalcó cuánto le interesaba mi conversación. - En serio, vete.
- ¿Por qué debería? Me pareces interesante.
- Interesante, ¿Eh? Creo que eres el único que lo piensa. - bebió un sorbo del vaso de agua que descansaba sobre la mesa.

Entonces escuchamos unos pasos acercarse, y unas voces cada vez más claras. Vi cómo Chinen paraba cualquier signo de movimiento, tensando todo su cuerpo, incluso aguantando la respiración. Se concentró tan minuciosamente en el sonido que caminaba hacia nosotros que sus ojos se quedaron clavados en el plato, y el pedazo de fruta a medio morder en su boca. Observé con extrañeza cómo su mirada con lentitud se alzaba hacia la puerta, una mirada que tenía el temor escrito en ella.

Esa persona que a través de la puerta vimos pasar por el pasillo, junto a sus compañías habituales, retrocedió unos pasos comprobando con la mirada aquéllo que había visto. Les dijo unas palabras rápidas a los otros cuatro, quienes siguieron su anterior camino, para luego cambiar el sentido de su dirección hacia nosotros.

- Hola, conejito. - dijo Takaki acercándose al rostro del menor, y tras cogerle del mentón e introducirse aquel trozo de manzana que sobresalía de su boca, se aseguró de rozar los labios del tembloroso chico antes de morder la fruta y tomar distancia.

Se incorporó, apoyándose en la mesa de cara a Chinen, de forma que yo veía su espalda. Miró sobre su hombro mi figura y sonrió de lado.

- Vaya, aquí tenemos al chico nuevo. - dijo volteándose. - ¿No eres tú el mismo imbécil que le saludó hará unos días? - soltó una carcajada.

Abrí la boca para decir algo, sin embargo una mirada implorante hizo que me detuviera, ¿Por qué los ojos de Chinen frenaron mis palabras?

- ¿Cómo se llama? - le preguntó a Chinen.

¿Acaso pensaba que no tenía boca para decírselo yo?

- Yam... Yamada... Ryosuke.

Su voz hacía altibajos sin sentido, y pude observar que en ningún momento miraba a aquel chico a la cara, no por indiferencia, - como hacía conmigo - sino por puro miedo.

- Bueno, Yamada, nosotros nos vamos. - dijo con una sonrisa en los labios.
- ¿Eh? - alzó el rostro Chinen inmediatamente.
- Levanta el culo de la silla y vámonos. - repitió Takaki cambiando su expresión mientras vocalizaba con excesividad, dándole a esa oración un tono autoritario.

Aquel semblante que ahora sí concordaba con su aura me erizaban la piel.

- No..., yo..., todavía no he terminado de comer. - Chinen buscó un punto en la mesa en el cual posar su vista, sin embargo ninguno de ellos parecía darle el valor suficiente.
- ¿Qué has dicho?

Chinen le miró, como intentando rectificar sus palabras con la mente.

- Vale. - la expresión de Takaki volvió a cambiar a aquella sonrisa que, me atrevería a decir, ahora causaba el mismo temor que su anterior expresión - Buen provecho. - se volteó con un giro seco, y su figura desapareció por la puerta en cuestión de segundos.

Chinen retuvo el aire en sus pulmones, horrorizado. Cogió su vaso y el temblor en sus manos era tal que el agua dentro de ésta se revolvía exageradamente, a punto de caerse. Cerró los ojos fuertemente mientras tragaba aquella agua, provocando que las lágrimas acumuladas en éstos cayeran por sus mejillas.

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Ne ne ne~~~~ ¿Qué os ha parecido?
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viernes, 4 de marzo de 2011

amame [ cap 5 ]




















capitulo V


Me miras con una amplia sonrisa en el rostro satisfecho de ti, pero aun así no dejas de embestir al que tienes debajo, veo como él intenta que lo sueltes y me mira avergonzado cubriéndose el rostro, yo me bloqueo por completo a tal grado de quedarme viendo como lo haces con aquel sin moverme de mi sitio, unas embestidas mas y escucho el gemido sonoro de tu amante aferrándose contra tu cuerpo besándote en los labios con pasión ya importándole poco que los este mirando, pero tú de inmediato lo sueltas y te sales de él sin siquiera mirarlo y le dices que se largue –“valla es típico de ti hacer eso”- pienso mientras te vas acercando a mí, el joven pasa a mi lado corriendo saliendo de la habitación y perdiéndose entre los pasillos.

- Te divertiste en mi ausencia – te digo con sarcasmo intentando ser fuerte.

- Solo un poco, pero ya extrañaba a mi juguete favorito- me dices delineando mi labios, yo aparto tu mano de mi boca sintiendo repulsión de que me toques.

- ¡Ohhh! que bueno por ti- te digo mirando el lugar donde hace unas horas estaba durmiendo plácidamente y que a hora me daba asco.

- Ya está la cena- oigo decir a una de las mucamas - pasen al comedor – dice haciendo una reverencia, pero antes de que se vaya la detengo.

- Arregla uno de los cuartos de huéspedes dormiré ahí, ahhh…. y quema el colchón y las sabanas de mi cama, quiero uno nuevo- y sin más salgo de la habitación, de verdad que sigo choqueado paso a tu lado sin mirarte y sé que estas sorprendido de mi actitud pues no objetas ninguna de mis órdenes.

Entro al comedor y me siento donde es costumbre, me quedo mirando el frutero que tengo en frente pero sin verlo exactamente mí mete esta divagando en un universo paralelo.

Escucho la puerta abrirse y entras ya cambiado sentándote enfrente de mí.

- ¿Y como estuvo tu día?- me preguntas justo cuando entran con la cena.

- Muy bien – te contesto cortante mirando como te servían el platillo.

- Y que hiciste durante tanto tiempo-alcé la mirada para mirarte, pude percibir en tu manera de preguntar un cierto dejo de curiosidad y miedo, así que sonreí alegre.

- Estuve en la mansión de alado – te respondí sintiendo mas confianza en mí.

- Y que estabas haciendo allá- sigues con el interrogatorio y sonrió pues te estoy guiando sin que tu lo sepas hasta el infierno.

- Visité a un amigo tuyo-

- Amigo mío… yo no tengo amigos- me contestas con ironía.

- Bueno que mas da sí es tu amigo o no, lo interesante es que la pasamos genial- sonrío con malicia al ver como tu rostro parece contorsionarse.

¡Así…! ¡Y que hicieron!-

- Nada interesante…- me miras con incrédulo ante mi respuesta corta y eso me satisface mucho - bueno nada que no haya hecho antes- hablo mientras una sonrisa aparece en mi rostro y hago una pantomima de que algo escurre por mí boca.

Captaste muy bien el mensaje pues el color de tu rostro se vuelve escarlata y noto como afianzas con más fuerza el cubierto que tienes en la mano, sabes que no puedes hacer nada hasta que te cerciores de que lo que digo es verdad así que yo continuo picándote el orgullo.

- ¡ohh!.. pero que desconsiderado soy- finjo una pena que no siento – no te he dicho con quien estuve -

Se escucha el timbre de la puerta, una de las sirvientas sale del comedor para abrir y yo sigo con mi relato.
- Sho es un excelente anfitrión me trato muy bien y no solo lo digo por la hospitalidad sino que brinda un servicio completo- te miro pero no hay expresión alguna en tu rostro, parece que ya no me crees. Ya no se que decir parece que soy muy malo mintiendo.

Después de un silencio incomodo entra la sirvienta trayendo un paquete en las manos y acercándose a mí me entrega una bolsa-

- Dice el señorito…- y la chica te mira temiendo que le haga algo en cuanto diga el nombre- sho sakurai que lo disculpe, que no se dio cuenta que había olvidado su… ropa – garraspo la chica ante la ultima frase – esto no pudo ser mejor ahora no te cabra duda de que estuve con él, sonrió irónico y le doy las gracias, regreso la mirada buscándote pero ya no estas ahí, te busco por toda la habitación y te encuentro a escasos centímetros de mí me levantas del asiento como aun muñeco y sosteniéndome prácticamente sobre el aire me hiciste una pregunta.

- ¿De quien es esta ropa?- rió descaradamente ante tu pregunta.

- Pues de quien va a ser, es de sho, él me la presto – no dices nada y me votas aun lado saliendo como alma que lleva el diablo, salgo detrás de ti pues no se que es lo que vayas a hacer, cruzas la puerta principal sumergiéndote en la lluvia importándote poco como vas vestido, corro hacia ti y frenándote me pongo enfrente.

- A donde vas- es lo único que pude preguntarte, alzas la mirada y tus ojos están rojos, no se si es porque estas llorando o es a causa de la fuerte lluvia-

- Voy a darle su merecido a ese estúpido- sales corriendo dejándome sin reaccionar e igual que tu salgo detrás de ti, la lluvia comienza a hacerse mas fuerte y mas dolorosa.

- ¡Estas loco!- te grito pero no me haces caso, siento miedo pues si sucede algo será mí culpa.

Llego pocos segundos detrás de ti y ya estas ante la puerta hablando con sho, corro hacia ti cuando veo que le propinas un golpeen el rostro, él se tambalea peligrosamente pero te regresa el golpe en el estómago, caes de rodillas mientras yo intento frenarlos pero ninguno parece querer hacerme caso.

Te levantas nuevamente al tiempo que lanzas otro golpe, sho te responde de igual forma pero tu lo esquivas, la servidumbre de la casa de sho llega de inmediato intentando socorrerlo pero el los frena alegando que es entre ellos dos –

- No digas idioteces- le grito y parece que hasta ese momento se dieron cuenta de mi presencia.

Te aprovechas de eso y te abalanzas sobre de él cayendo los dos al suelo, comienzas a golpearlo sin cesar descargando toda tu ira, él logra posicionar sus pies sobre tu estomago y utilizándolos como trampolín te avienta unos centímetros, ambos se levantan rápidamente, yo no se que hacer estoy estático sin saber a quien ayudar.

- Dejen de pelear- grito con todas mis fuerzas pero no me hacen caso y siguen agrediéndose mutuamente, solo veo ir y venir golpes sin que pueda hacer nada, tu rostro esta sangrando al igual que el de sho y sus movimientos cada vez son mas torpes, pienso que ya todo va a acabar y corro hacia ti, juntas todas las fuerzas que te quedan para dar el ultimo golpe y justo en ese momento me interpongo entre ustedes no puedes detenerte y estrellas tu puño contra mi cara.
Recibo el golpe justo entre mi ojo y mi pómulo y tal es la fuerza del impacto que me giras por completo cayendo boca abajo, es un dolor lacerante el que recorre mi cabeza, de inmediato comienza a punzarme mi rostro.

Escucho tu voz gritar mi nombre, pero esta tan distante que me cuesta concéntrame, la lluvia comienza a entrar por mi oído y por mi nariz pero mis fuerzas se han ido no puedo ni levantarme mi vista comienza a nublarse tanto por el dolor como por la lluvia.

Comienzo a llorar por los sentimientos reprimidos - “como quisiera que volviéramos el tiempo a tras cuando te conocí y eras distinto conmigo, al momento en que me enamore de ti” - y de momento no hay nada mas, todo es tranquilidad….

martes, 1 de marzo de 2011

yuki no hana [ cap 2 ]






La mirada de ryutaro se concentraba en la pelota de beisbol
Y cuando esta hizo contacto con el bate. el chico corrió pero
La presencia de aya lo distrajo por completo y sin poder detenerse choco contra yuma
Quien solo estaba observando el juego, al caer al piso su brazo se lastimo un poco
Ryutaro se intento poner de pie a toda prisa, pero aya estaba parada extendiéndole la mano
Para ayudarlo
- estas bien?
- si, gracias.
Ryutaro tomo la mano de la chica y muy despacio se levanto
Pero en ese instante algo sumamente extraño recorrió todo su ser
Era como unas ganas de huir combinadas con ansias de abrazar
A la que estaba tomándolo de la mano, y sin pensarlo se soltó de inmediato.


- debo de seguir el juego ..
- pero tienes sangre en el codo?
Tal era su distracción que ni se dio cuenta de que se había hecho una herida,
Aya saco del su bolsillo un pañuelo y lo extendió sobre el brazo de Ryutaro
- Itaú
- lo ves estas lastimado, y aun así crees,
que te permitiré seguir jugando?
- ehh .. es que estábamos ganando
- no sea necio ni que fuera un juego tan importante
Si apenas es un pasatiempo, acaso piensas que estas en las grandes ligas o qué?
Por primera vez aya lo estaba poniendo muy nervioso
- no.. pe.. pero será mejor que me vaya..


Para cuando dijo eso el chico ya estaba a punto de salir corriendo
Pero su casi huida fue detenida por takaki
- adonde tan de prisa mocoso!!!
- lo siento yuya hoy no puedo quedarme a jugar al chico rudo
- y quien te dijo que es un juego?
Pregunto el mayor tomándolo del brazo
Mientras su tonta cara mostraba una sonrisa
- suéltame en verdad tengo que irme de aquí
- como que tienes,
Pues a quien le robaste su lunch o qué?
- no es eso, lo que pasa es que….


Ni el mismo sabia como explicar cómo se sentía en esos momentos
- bueno no tengo porqué
Decirte algo que ni es de tu incumbencia.
Y logrando liberarse del agarre de takaki
Emprendió camino hacia el salón de literatura
Pero takaki solía ser de los chicos curiosos y sin mas fue tras Ryutaro para continuar su interrogatorio
- ya dime que es lo que te pasa? .
- nada y deja de segirme .
- no lo hare hasta que me digas que te pasa
- noo y ya vete
- es tas enamorado verdad?
Al escuchar eso Ryutaro se detuvo al tiempo que la palabra enamorado se repetía como un eco
En su interior causando que su corazón latiera de una forma exagerada
- estas loco eso no es posible
- y de quien se trata?
- que te digo que no es asi
- la conozco?.

Takaki continuaba con sus preguntas ignorando
Las escusas que Ryutaro respondía
Harto de que su amigo estuviese molestándolo
Sin parar, comenzó a caminar más aprisa
Intentando a toda costa no contestar las interrogantes que le hacia
Ya que ni el sabía que era lo que le pasaba
- la chica que te gusta es aya no es así?
Las mejillas de Ryutaro enrojecieron a mas no poder

al oír el nombre De la chica
- estoy enamorado de ella?
Se pregunto mirando a lo lejos hacia la chica que aun se encontraba en el patio platicando con unas amigas
Sir darle una repuesta a takaki siguió su camino tratando de poner en orden sus pensamientos
Al igual que sus sentimientos.
ambos chicos salieron del colegio
- y bien entonces cuando iras a buscarla?
- creo que será el mes que entra, aprovechare
que estará de vacaciones para hablar con ella.


Tan entretenidos estaban en su plática que ni sintieron cuando llegaron a casa de inoo,
- bueno hemos llegado gustas paras?
- lo siento prometí estar temprano en casa,
además mis padres me dijeron que quieren de hablar conmigo .
y haciendo una corta reverencia se despidió del
mayor para continuar su camino de vuelta a casa
al entrar su mirada se quedo fija en la tarjeta que había sobre la mesa de noche
aya le había regalado
en su primer año de novios,
y recordando todos esos bellos momentos
Dejo salir un duce suspiro..
Deseando poder volver a verla, abrasarla y besarla
Pero tenía que esperar un largo mes para estar a su lado.
Sora miraba muy distraídamente hacia la nada
Mientras aya le leia un libro
- Hermana .. hermana .. hermana!
Grito muy fuerte para sacar a su hermana de sus pensamientos
- quieres prestar un poco de atención?
Propuso muy molesta mientras cerraba su libro
- mmm.. si como quieras.


- eh.. escúchame bien sora esta tarea es importante
Y tú con la mente en no sé dónde.
[ me gustas y no me importa si ahora me odias? ]
Aquella declaración era lo que tenía a sora toda pensativa pero
Aun no sabía cómo fue que ese chico se atrevió a decir semejante tontería.
Y tratando de olvidar lo ocurrido sacudió la cabeza muy fuerte
Pero tal parecía que eso no sería suficiente para borrar la declaración de ese engreído,


Asi que dejando que su hermana hiciera el coraje de su vida por la falta de atención
- a donde crees que vas? Tienes mucha tarea.
Pero estaba tan metida en sus pensamientos que sin dar una respuesta
Salió a buscar con que distraerse,
Aya solo miro como sora cruzaba la puerta y se iba
- pero que rayos le pasa? ¡!...
Días después durante la hora del receso,
aya comia una deliciosa revanada de pastel de chocolate
mientras sora solo la miraba
- La luna ?
- mmm.
Repondio aun con la boca llena
- sabes? lo que me dijo el cabeza hueca de takaki.


- no.. pero tampoco me interesan tus problemas maritales
- lo sabia sigues molesta por que saque 7 en el examen de literatura ne?
- no lo que pasa es que en serio deberías de esforzarte un poco mas no crees?
- pero ese dia no tenia cerebro para nada.
- solo ese dia?
- es que ahí algo que no me deja dormir.
- a si y de que se trata?
Sora estaba dispuesta a decirle que aquel chico se le había declarado
- es que el dia que me quede a realizar el aseo del salón….
- miren a quien me encontré a sora la del 7 , no te da pena sora-chan ser tan tonta
Pregunto takaki mientras acercaba una silla para sentase al lado de las chicas
- la única pena que siento es por tus padres y hermanos por tener a alguien como tu viviendo con ellos.


El chico solo le sonrió cínicamente y después entablo una plática con aya
- oye iras al juego de hoy en la tarde?
- si por qué? Bien sabes que siempre voy,
- no por nada. Solo quería saber, para sacarle la verdad a ese mocoso
- a cual mocoso?
Aya no sabía a quién se refería pero algo le decía que se trataba de Ryutaro
Un chico se detuvo frente a takaki y le entrego un folder que contenía apuntes

- bien aya y sora del 7 . las dejo , ha por cierto ya le contaste a tu hermanita lo que te dije en la mañana?
Le pregunto a la mayor dejando ver una risa tonta
- no aun en eso estaba.
- entonces que esperas para decirme, lo que takaki te conto
Sora no estaba segura pero el chico ya había abierto su boca así que no le quedo de otra que contarle
- pues veras ese loco de takaki dice que tu le gustas a …
- Ryutaro ven !!! !
Grito aya al ver al chico por el pasillo.